Fueron a un sitio tranquilo y apartado

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La primera lectura (Jer. 23, 1-6) prepara y encuadra el mensaje central del evangelio. Jeremías, durante su larga vida, ha visto pasar de todo. Ha gozado de Reyes buenos y ha padecido Reyes malos y muy malos. La situación final es de desastre y de lejanía de las esperanzas o promesas mesiánicas. Y por eso empieza esta lectura con ese ¡Ay! de lamento y de muerte. Es un grito de desesperanza y de duelo. Las cosas no van como deberían ir y no se parecen en nada a los proyectos de Dios. Y este no parecerse en nada se debe a la acción del hombre, sobre todo a la de aquellos que deberían ser los primeros en responder al mandato de Dios puesto que han sido constituidos en autoridad con la misión de garantizar los derechos de Dios y de su pueblo; es decir garantizar la justicia y el derecho sobre todo con los débiles, los pobres y las viudas. La condena a los “pastores” de Israel es de “antología” y como para pararse a pensar si algo de estos lamentos y condenas no llegan hasta nuestros días. Está claro que sí llegan y trataremos de no olvidarnos de ello después de cotejar lo dicho o anunciado por Jesús.
Jeremías no se queda en los lamentos, sino que siempre abre la puerta para la esperanza y apunta hacia un futuro luminoso donde habrá un “pastor” nuevo. Un pastor nuevo que será el propio YHWH que reunirá al resto, lo pondrá en la dehesa para que crezcan y se multipliquen. Fijaros en estas palabras que parecen recordar los mandatos de Dios en el jardín del Edén a nuestros primeros padres: creced y multiplicaos, dominad la tierra…. Estamos claramente ante una profecía futura desde una realidad pasada en la creación del mundo. El profeta anuncia una nueva creación porque Dios es fiel y siempre crea y recrea. SI fue capaz de sacarnos de la nada, cuanto más podrá sacarnos del embrollo presente por muy malo que esté. Esa es su fe y su esperanza y la anuncia a bombo y platillo. Por eso, además nos dará un pastor nuevo, un nuevo David que será no un guerrero sino un rey prudente que hará justicia y derecho en la tierra. Se llamará “El Señor nuestra Justicia”. Ahí queda eso. Ahí queda el anuncio que hará cierto o realidad Jesús de Nazaret.
El Evangelio de Marcos 6, 30-34 nos conduce a la presentación de este Jesús, vástago legítimo de David. Es interesante ver la importancia de la comunidad en el aprendizaje de la misión de evangelizar y anunciar. Los apóstoles se reúnen todos con Jesús para comentar lo acontecido en la misión. Un Jesús que también intuye o palpa además de la alegría del trabajo bien hecho, el cansancio y tensión originado por la misión y les ofrece un tiempo merecido de descanso para comer, charlar y rezar. Van a buscar un sitio tranquilo y apartado. Pero… parece que los planes del Padre no coinciden con los previstos por Jesús y cuando llegan al lugar se encuentran con una multitud de gente ante la cual Jesús se conmueve porque andaban como ovejas sin pastor. Ahí la clave del cumplimiento de la promesa profética. Jesús ve a la gente como hambrienta de Dios, se conmueve ante su situación y empieza a ejercer de “pastor bueno”; empieza a preocuparse por su alimento y su formación. Jesús no huye de la situación ni trata de evadirla con buenas palabras o un “vuelva usted mañana” sino que se enfrenta a la situación, la abraza como venida de la voluntad del Padre y, suspendiendo todo su plan previsto, se sienta y empieza a enseñarles con calma.
¡Que bueno encontrarnos una vez más con un Jesús entrañable, o con entrañas de misericordia (es mejor traducción que esa “le dio lástima”) que se conmueve y entra en sintonía con las personas que encuentra; se com-padece de ellas o padece con ellas su misma situación y desde ahí arranca para buscar salida esperanzada a la situación. La catequesis de hoy prepara o introduce en el episodio posterior de la multiplicación de los panes que será el colofón de esta catequesis. Hoy no toca. Pero si que podemos ampliar algo de la figura de este Jesús –buen Pastor- con la carta de Pablo a los Efesios 2, 13-18.
Si en Jeremías vimos que YHWH iba a reunir en persona al resto de Israel en un nuevo pueblo. Aquí, en Efesios, vemos como Jesús “reúne”. Ha hecho de dos pueblos un solo pueblo. Ha derribado la frontera o el muro que había entre judíos y gentiles y en Cristo los ha reunido en un mismo pueblo donde reina la Paz. Jesús es la Paz. En Jesús se nos da el cúmulo de bendiciones de Dios. Esta página de Pablo es de las más universalistas del Apóstol. Difícil deducir de ella cualquier tipo de “fobia” o “anti” contra judíos o gentiles o cualquier otro género o especie. Gentiles y judíos, griegos o bárbaros, por la cruz de Cristo han sido unidos en un solo pueblo. Unos y otros podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.
Y sin embargo en la iglesia tenemos tantas historias de excomuniones y condenas, tantas divisiones incluso entre creyentes en el mismo Dios y Padre. Y seguimos arguyendo razones y motivos para mantener separaciones y rangos. Me parece que la Palabra nos invita a un renovado esfuerzo de ecumenismo y de comunión; un esfuerzo para ver o descubrir entre nosotros mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Dentro de nuestra misma comunidad eclesial, católica, romana, tantas veces discutimos entre nosotros si tales hermanos son “galgos o podencos” y mientras perdemos la fuerza de la comunión, del testimonio y así perdemos el tren de la evangelización de nuestro mundo. En vez de ver “cómo nos amamos”, lo que ven es ¡tantas veces! cómo nos mordemos unos a otros.
No quería olvidar el “punto crítico” a los pastores del Israel de hoy. Está claro que en la onda crítica entran aquellos que en la Iglesia tienen misión de vigilar, cuidar, señalar, guiar la comunidad. Ellos son principalmente los que han sido instituidos en el ministerio del “Orden Sacerdotal”. Cabe perfectamente en nuestra iglesia la corrección fraterna aunque sea severa. (Se puede ver a Pablo corrigiendo a Pedro). Pero también es bueno mirar y ver la “viga” que podemos llevar nosotros a cuestas en esta tarea evangelizadora que también es misión y responsabilidad de cada uno de nosotros. En vez de tirar piedras sería bueno también mirar y ver nuestras incongruencias.
La Palabra de Dios de hoy suena a Profecía de la buena. Es un acontecimiento salvífico real en la persona de Jesús. Es ciertamente denuncia pero sobre todo es anuncio y realización histórica o real en Cristo que es la Paz y el Buen Pastor.
Recién ha terminado el viaje del Papa Francisco a Ecuador-Bolivia-Paraguay. Creo que podemos decir que él encarna bastante bien lo que es ser “buen pastor”. Se le percibe siempre como testigo de una buena noticia. Se le ve capaz de llegar hasta la extenuación para poder estar cerca de aquellos que reclaman su presencia. Se le ve que pone su primacía en los pobres. Se le ve que siempre lleva la alegría del evangelio. Ha hablado mucho. Ha tenido palabras alentadoras con todos. Hay un discurso a los “nuevos pastores en la iglesia” que es de antología. Lo mismo que el dirigido a las mujeres y a la sociedad política. Marca el paso de la iglesia (de los creyentes) en este tiempo con claridad y sobre todo yendo él por delante.
El Papa Francisco se ha fijado en Jesús y de él ha aprendido la metodología pastoral. Sepamos también nosotros fijarnos en ese modelo que es Jesús. Él es el maestro y pastor. Su talento y su talante manifestado en la narración de hoy, debería ser el nuestro. Estar abiertos permanentemente a los caminos que marca el Señor de la mies, es la mejor lección. 

 

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