“Fuerte como un león”

 El libro trata la historia del monasterio de San Leonardo desde sus orígenes hasta la actualidad, pasando por la fundación por los Premostratenses, su paso a la Orden de San Jerónimo, su desamortización, así como la recuperación por parte de la Orden de León Dehón, los actuales moradores de sus muros. El P. Juan José Arnáiz, autor del libro y miembro de la Congregación de los Padres Reparadores responde a nuestras preguntas.

Pregunta- ¿Cuál era su objetivo al comenzar a investigar y escribir la historia del Monasterio de San Leonardo?

Respuesta- Era una vieja ambición desde mis tiempos de estudiante de Teología, cuando fui destinado a Alba de Tormes para hacer la experiencia de comunidad y de trabajo apostólico. Un edificio espectacular, con historia escondida, con tanto trabajo por parte de mis hermanos de antes y de ahora para volver a dar vida a aquellos muros de antaño. A esta vieja pretensión se unió la oportunidad de volver a estar destinado en esta comunidad cuando se cumplían los 50 años de nuestra presencia como dehonianos en San Leonardo, para nosotros hoy San Jerónimo. Así pues, el objetivo: rendir homenaje a esos cincuenta años de mi congregación en este lugar y reunir todas las noticias dispersas, ya existentes, muchas ya recogidas, para dar a conocer toda la potencia histórica, situada tantas veces entre el filo de la leyenda como de la certeza de los hechos, de este lugar.   

P- ¿A qué se debe el título de su libro “Fuerte como un león”?

R- Es la etimología de Leonardo, su significado. Era curioso constatar que este monasterio tan antiguo, pese a todos los cambios de habitantes, al esplendor y a la ruina… sobrevive. Es fuerte como un león ante el paso del tiempo. Pero se da además una curiosa coincidencia: el león es el elemento que unifica a las tres órdenes presentes entre estos muros. Los premostratenses (primeros habitantes) respetaron la advocación con que ya se conocía este lugar antes de su llegada: Leonardo, el león es el símbolo heráldico de sus sucesores aquí, los monjes jerónimos; y León es el nombre de pila de nuestro fundador: León Dehon. Feliz coincidencia, continuidad y fortaleza.

P- ¿Qué dato o hecho le ha sorprendido más durante el transcurso de la realización del libro?

R- ¡Han sido tantos! Ciertamente, las muchas sorpresas han sido el oxígeno que nos ha alimentado mientras estábamos sumergidos en el océano de los datos, tan dispersos, con que nos íbamos encontrando. Pero las sorpresas han sido muchas precisamente por el enfoque del libro: buscar la historia de las vidas que aquí se cruzaron. Este libro no es tanto un libro de historia o de arte, sino más bien de aventuras personales y comunitarias. Esa era la linfa que queríamos hacer emerger. Y, así, encontrarte con los orígenes de la Casa de Alba, con el confesor de Isabel la católica fray Hernando de Talavera (hijo de este monasterio), con los mismos Reyes católicos, con el presunto escritor del Lazarillo de Tormes (también profeso en San Leonardo), con importantes teólogos de la altura de los dominicos Carranza y  Cano, con obispos santos a juicio del pueblo como Fray Francisco de San Andrés o con santos a juicio de la Iglesia como santa Teresa; o con militares y estadistas como el III Duque de Alba; pero sobre todo con la hipótesis de que Cristóbal Colón no solo pudo haber estado sino que surgiría de entre los muros de este monasterio. Es una historia tan intrincada como plausible según vas concentrando datos y datos y más datos, especialmente en la hipótesis gallega de su origen… Tantas y tantas sorpresas a las que sumar las posibilidades: Lope de Vega, Garcilaso…

P- ¿Cuál cree que fue la visita más importante para los moradores del Monasterio de San Leonardo?

R- ¡Ah!, ojalá pudiera responder a esta pregunta. Y ojalá porque eso significaría que el gran problema no existiría: la práctica total desaparición de los archivos de este monasterio jerónimo. La desamortización de Mendizábal trajo como una de sus consecuencias esta pérdida cultural sin parangón. Nada sabemos de la conciencia interna, de penas y alegrías, de aquellas comunidades monásticas de entonces. Si acaso conocemos las penurias y humillaciones sufridas en sus últimos momentos. Pero, ¿vendría Teresa a confesarse aquí? ¿Toda la parafernalia de la visita de los Reyes católicos alteraría para bien la vida de los monjes? ¿La habitual presencia de miembros de la Casa de Alba sería motivo de orgullo? O simplemente la visita de personas para orar o para pedir ayuda por parte de enfermos, ¿era lo que ellos consideraban importante? No lo sé. No lo puedo saber.

P- ¿Qué ha aportado el Monasterio a la villa Alba de Tormes?

R- Este monasterio representa la primera presencia conocida de vida monástica en Alba. Esto para empezar. Pero luego forma parte de la identidad histórica de una villa vinculada a la casa nobiliaria más importante de España, a la que da nombre. San Leonardo era la capilla sepulcral de los Alba, donde reposaron de sus cuitas y desvelos, como se diría clásicamente. Este monasterio da entraña espiritual e histórica a Alba. Ésta sería mi respuesta. A la que añado a renglón seguido: da presente y futuro. Presente, porque el viejo San Leonardo hoy es San Jerónimo: un colegio, un seminario menor, un complejo histórico-cultural con su iglesia prioral y el resto del edificio monástico, con su Museo didáctico de Prehistoria, con su actual Cristo Crucificado, digno de una visita de oración, con los muchos encuentros que acoge, música, deporte, parroquias, y un largo etcétera.  

P- ¿Qué aspectos fundamentales han cambiado de la vida monástica desde entonces hasta nuestros días?

R- Fundamentalmente que hoy ya no hay monjes que se dedican a la vida contemplativa y a la oración. Hoy estamos nosotros, los dehonianos, religiosos dedicados a la tarea, que la Iglesia nos ha confiado a través de nuestra Congregación, de ofrecer un centro de educación, de llevar a cabo el Anuncio de la fe en Cristo en nuestro centro, y de proponer la llamada al seguimiento como religiosos dehonianos a los jóvenes que viven en nuestro seminario menor. Pasar del silencio y el rumor de los cantos litúrgicos al bullicio de adolescentes en plenitud de vida es quizás el cambio más significativo que los avatares de la historia han propiciado a estas piedras ya venerables. 

P- ¿En qué estado se encontraron el monasterio después de la desamortización los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús y qué tuvieron que hacer para mantenerlo?

R- Con el paso previo a la total destrucción. Entre el montón de escombros solo quedaban en pie tres paredes de la iglesia (cuya techumbre estaba derrumbada) y los arcos de uno de los claustros existentes. El resto o ya se había caído o amenazaba ruina. Hubo que asegurar los restos, desescombrar y volver a construir. Aquí es donde emergen las figuras de los Padres Ignacio María Belda y Juan Rodríguez, ya fallecidos, o del Hermano Emiliano Hernández, que vive en nuestra comunidad de Salamanca, por citar algunos de los primeros en hacer lo único posible para devolver la vida a este lugar: trabajar, trabajar y trabajar. Y hacerlo con ilusión, con tino, superando las estrecheces y dificultades, con el apoyo económico y la fe de tantos bienhechores de ayer y de hoy. Exactamente igual que los muchos novicios reparadores que tantas horas de trabajos invirtieron aquí, así como todas las comunidades que, con los miles de chicos que aquí se han educado, han seguido trabajando de igual modo. 

P- ¿Cuál es la finalidad hoy en día del Monasterio de San Leonardo? ¿Qué labor pastoral tiene?

R- Ya adelantaba antes la respuesta, ¿verdad? Pero sí: colegio católico y seminario menor. Un centro pequeño, polifácetico, pluri-regional, con una riqueza humana muy propia. Con un estilo de hacer, de estar y de trabajar que lo hace peculiar. Una casa grande donde se vive, se crece, se aprende y se decide. 

P- ¿Cómo ve al Monasterio dentro de 50 años?

R- ¡Apenas logro interpretar nuestro presente tan cambiante como para profetizar a 50 años vista! No lo sé… Tan solo conozco mi deseo: que esté vivo. Al menos como lo está hoy. Quizás tenga que cambiar de función, quizás tenga que adaptarse con la fortaleza de un león para servir convenientemente a necesidades nuevas de los hombres y mujeres nuevos de dentro de 50 años.  Pero así lo sueño: vivo… y sirviendo. Ojalá que lo pueda ver… ¡con 89 años aún podría! (risas) Gracias. 

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