García Rogado: “La tolerancia, el respeto y el valor de la Iglesia se debe demostrar en la sencillez del día a día”

Antonio García Rogado

Hace unos meses dábamos la noticia de que el Cl. Antonio García Rogado fue ordenado diácono en el Colegio y Seminario San Jerónimo, de Alba de Tormes. Hemos hablado con él para conocer cómo vivió ese momento, así como su opinión sobre la evolución de las vocaciones y la necesidad de comunicar la Vida Religiosa.

-El 8 de diciembre fue ordenado diácono por el P. José Ornelas Carvalho, Obispo de Setúbal, ¿qué significó para usted ese día?

-Significó una experiencia de acogida y de generosidad por parte de todas las personas que me acompañaron en la celebración y con las pude compartir mi tiempo ese día. Estar rodeado de hermanos de la Congregación, de familia, amigos y alumnos del colegio con los que intento cada día aprender a ser buen profesor significa que tengo mucho que agradecer a Dios en la vida, por tantas personas que ha puesto a mi lado. También agradezco la disponibilidad del P. José Ornelas que desde Setúbal vino para la celebración siendo servicial y cercano.

-¿En qué ha cambiado su vida desde entonces?

-No sé si ha cambiado, a lo mejor aquellos que me ven pueden notar algún cambio. Para mí la vida se construye día a día, no tengo momentos ni fechas en las que haya cambiado de manera radical. Ser persona es la primera misión que tengo en esta vida y a ésta se han ido añadiendo pertenecer a la Congregación, dedicar tiempo a estudiar, trabajar y ahora el diaconado como el servicio al que soy llamado y enviado en la Iglesia, mostrando una actitud de entrega y apertura a las necesidades del día a día. Ahora, ni tengo una vida nueva, ni la ordenación me ha llevado a comportarme de una forma distinta, olvidando el camino hasta ahora recorrido.

-Es religioso de la Congregación SCJ desde el año 2007, en todo este tiempo qué momentos recuerda con especial cariño.

-Los momentos especiales, como antes he recordado, no son los que marcan mi vida, sino el día a día donde construyo y me muestro como soy. Si señalo algún momento especial, seguro que dejo algún otro día de los que llamamos “normales” y son los verdaderamente sorprendentes, de los que aprendemos tantas cosas, pero pasan desapercibidas. Así que me quedo con aquello que ha sido especial y aún no me he dado cuenta de ello. Me parece más sincero recordar el día a día, porque es más cercano, real y continuo que los días donde no dejamos que la vida siga su curso y maquillamos, transformamos e incluso dejamos de ser nosotros mismos. Todo esto, porque la vida más que momentos son personas, relaciones y una sucesión de experiencias para aprender a ser y a sentir la felicidad. No basta con ser feliz un momento especial, es necesario aprender a ser feliz en plenitud.

-El 2 de febrero celebramos la Jornada Mundial de la Vida Consagrada con el lema “Testigos de la esperanza y la alegría”. ¿Dónde se materializa esa alegría y esa esperanza en el día a día?

-La alegría y la esperanza del día a día se materializan en las cosas más pequeñas. Se puede explicar desde la respuesta anterior, donde siento que todos los días son especiales o deberían ser especiales, porque aunque parezca que la Vida Consagrada está fuera de la realidad o lejana a los problemas cotidianos, está inmersa en medio del mundo, como la levadura en la masa, y la tarea de los consagrados es la de dar luz y vida en el contexto en el que vive cada comunidad . Poner esperanza en las dificultades de las personas que acuden a nuestros centros de enseñanza, parroquias y lugares donde los consagrados vivimos ofreciendo una ayuda, es la mejor explicación de la esperanza y la alegría.

-Han disminuido las vocaciones religiosas en Europa y crecen en Asia y Latinoamérica, ¿Cómo puede la Iglesia cambiar esta tendencia?

Si lo supiera no estaríamos así. Pienso que tenemos que escuchar más a las personas, no tenemos que tener miedo a que nos digan aquello que debe cambiar en nuestra vida y en la Iglesia para que pueda ser una aspiración y vocación digna para los jóvenes. Tengo que agradecer la oportunidad de haber conocido a estudiantes universitarios, chicos y chicas jóvenes con los que he compartido clases, que valoran la labor de la Iglesia en la sociedad y con los que me he sentido un alumno más, nunca como una persona fuera de la realidad, porque he respetado su forma de ser y actuar, sin prejuzgar o juzgar su forma de ser. De manera que la tolerancia, el respeto y el valor de la Iglesia se debe demostrar en la sencillez del día a día, no vale juzgar al mundo como si todo lo que ocurre es una desgracia, es necesario conocer la realidad de la vida, confiar en las personas y dar testimonio del amor, de la misericordia que Dios nos da.

-¿Cree que la comunicación es importante para dar a conocer en qué consiste la Vida Consagrada?

Sí, por supuesto que la comunicación es importante y también el modo de comunicarnos. Siempre recordando que lo nuevo no es para borrar todo lo viejo y todo lo que funciona. Porque innovar es mejorar, no olvidar el pasado.

Si ahora tenemos la oportunidad de comunicarnos a través de medios nuevos como el WhatsApp o el correo electrónico, no quiere decir que tenemos que dejar de reunirnos, de hablar cara a cara con las personas y hasta de dedicar tiempo a salir por la calle para que la Iglesia siga siendo visible. Porque parece que si ponemos todo nuestro interés en estar presentes en la gran red de comunicación, que es internet, nos olvidamos de estar con las personas.

Es fundamental dar a conocer la Vida Religiosa porque se ama aquello que se conoce. Un producto, por muy bueno que sea si es desconocido, nunca puede ser demandado. He escuchado muchas veces que la Vida Consagrada tiene mucho de bueno, pero es poco conocido, que debería darse a conocer más. Esto es costoso, estar en los medios de comunicación implica mucho dinero, se pueden hacer acciones puntuales, en entornos muy próximos, pero ¿cómo “vender” un estilo de vida y para toda la vida? Ser religioso o religiosa no es hacer una inversión de unos años, no es gastarme los ahorros, es decir sí, entregarse para siempre y una vida no se puede vender, ni comprar, como mucho se puede ofrecer y en algunos casos entregar.

-¿Conoce la sociedad de hoy en qué consiste pertenecer a una congregación?

Las personas que tienen un contacto cercano a una congregación porque trabajan en algún lugar de los miles donde las congregaciones están, conocen esta realidad. También las personas que por una circunstancia o por otra han estado vinculados a las congregaciones, en concreto, en nuestra historia hay muchas personas que se han formado en centros educativos que pertenecen a las congregaciones  y conocen su vida, el nombre de su fundador y el carisma. Hay  otra parte de la sociedad que desconoce este estilo de vida, pero que si se le explica, lo valora mucho. Puedo decir que pertenecer a una congregación, entre otras cosas, es ganar el ciento por uno, es decir, si inviertes un euro ganas cien euros; es la inversión más rentable que existe y más de uno si nos conociese un poco más, cambiaría de opinión.

-La Congregación SCJ España no sólo está formada por religiosos, cuenta con un grupo de laicos, jóvenes… ¿qué papel tiene cada grupo en la gran Familia Dehoniana?

Más que grupo, me gusta hablar de relaciones humanas entre personas con los religiosos dehonianos. Este vínculo se debe al servicio que mutuamente hay entre los religiosos y el entorno en el que están, donde viven todas las personas que entran en relación con el carisma del P. Dehon. Los religiosos llevan a cabo una tarea y un servicio con el fin de compartir, atender, cuidar y ayudar en la medida de lo posible a todas las personas que forman la Familia Dehoniana, y a todas las personas que, en las circunstancias de nuestra realidad en España, acuden a las casas de la Congregación por el servicio pastoral que se realiza.

Los dehonianos estamos presentes en diferentes ámbitos, donde actuamos de la forma más adecuada en cada circunstancia. En los diferentes trabajos necesitamos personas que colaboran a cambio de un sueldo, personas que colaboran voluntariamente, personas que colaboran de forma puntual y personas que rezan, ayudan y entregan aquello que consideran necesario para la labor de los religiosos dehonianos en España y fuera de nuestras fronteras. El papel de los religiosos y de todas las personas es complejo, a veces difícil de delimitar, porque está basado en relaciones entre personas y nunca se deben olvidar ni la dignidad, ni la confianza y el respeto mutuo entre todos.

-¿Qué caracteriza a la espiritualidad dehoniana? 

“Ser profetas del amor y servidores de la reconciliación”, esta es una parte importante de la nuestra vida espiritual, que tiene que ver con el carisma del P. Dehon. Un religioso dehoniano acoge, está disponible, dedica tiempo y esfuerzo a la tarea que tiene encomendada y es capaz de entregar su vida. Una vida que se comparte en comunidad y con las personas de las que anteriormente he hablado. Esta vida comunitaria se alimenta de la oración y de la meditación personal, que es guiada por el Evangelio para que la misión sea fructífera.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *