“Hacer el Camino de Santiago te llena de valores que perdurarán en ti para siempre”

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El verano ha estado repleto de actividades para los Jóvenes Dehonianos. Una de las primeras experiencias que vivieron fue el Camino de Santiago, del 3 al 13 de julio. Un encuentro donde sentir que la libertad, la amistad y la vida interior son más fuertes que el dolor y la fatiga.

Miriam Martínez Sánchez, una Joven Dehoniana de Madrid, fue una de las participantes, y ha querido contarnos cómo fue su experiencia.

“Para mí el Camino ha sido una experiencia FLIPANTE en todos los sentidos. Yo entro en Bachillerato en el Fray Luis este curso que viene y me decidí con dos amigas del colegio San José a unirme a esta actividad veraniega que tantos años se lleva ya haciendo”.

Según llegamos al punto de partida de nuestro Camino, en el momento en que bajé del autocar pensé: ¿podré aguantar todo el peso de la mochila?, ¿haré nuevos amigos?, ¿me aburriré?, ¿tendré ampollas?, ¿serán simpáticos?, ¿me lo pasaré bien?… Ahora sólo puedo decir que no sé por qué tuve tantas dudas porque lo aguanté todo (física, psicológica y espiritualmente). No me aburrí, la gente que he conocido es genial, la naturaleza maravillosa…

Todo perfecto, excepto las ampollas. Sí. Yo tenía, además, ese miedo a tener ampollas, y las tuve y muchas en ambos pies, pero es mucho peor el sufrimiento de la propia dureza del Camino.

A lo largo del Camino he tenido momentos de tristeza, de dolor, de desesperanza… Recuerdo cuando llamé a mi madre pidiéndole que me viniera a buscar porque pensaba que no iba a llegar a Santiago. Pero, al final, lo conseguí y predominaron los momentos de diversión, de solidaridad, de compartir, de reír, de reflexión positiva, de compañerismo, de felicidad… Creí que me iba a arrepentir de haber hecho el Camino, pero ahora sólo puedo decir todo lo contrario y animo a que todos los que puedan vivan esta gran experiencia y ojalá yo la pueda vivir de nuevo.

Por eso digo que ha sido una experiencia flipante, porque vives muchísimos sentimientos como el de estar en plena naturaleza en medio de la nada y pensar que no vas a llegar. Pero ahí están siempre tus amigos, apoyándote y ayudándote, porque descubres que el Camino es una metáfora de tu vida: muchas bajadas pero también muchas subidas, porque conoces a personas que también tenían dolor y cansancio y que con una gran sonrisa te decían ‘Buen Camino’; porque aprendes a que se puede vivir con mucho menos de lo que crees y posees; porque es más importante cómo se encuentre un compañero a cómo estés tú mismo; en definitiva, porque te llenas de  valores increíbles que ya tendrás toda tu vida.

Reitero lo dicho: invito a que todos hagan, por lo menos una vez en la vida, el Camino. Porque todos esos sentimientos de felicidad que sientes al llegar a la meta ansiada y el orgullo cuando te dan la Compostela son increíbles. Y sí, al final, lo único ‘malo’ que tiene esta gran experiencia es el momento de la despedida.

Estoy muy agradecida a todos con los que he compartido esta gran experiencia: a los amigos del CAMINO, por haberme ayudado tanto y por haberme dado unos momentos alucinantes; a mis amigos y a mi familia que no estaban en el camino pero que desde donde estuvieran me han apoyado muchísimo; y a nuestros monitores por preocuparse por nosotros, por cuidarnos con mimo, por hacernos las curas diarias y hacer que todo fuera más sencillo; y a Pepe, por no comprender, como buen gallego qué es, eso  del ‘plato único’ y alimentarnos maravillosamente. GRACIAS.

He aprendido que no existe ningún camino hacia el éxito. Lo que existen son personas exitosas que tienen el valor de hacer su propio Camino”.

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