Hay que construir esperanza

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Soy Benjamín Ramos, sacerdote misionero de los Sacerdotes del Corazón de Jesús en Ecuador. Llevo 16 años trabajando aquí, en esta tierra, con estas gentes. Y soy feliz. Llegué a Ecuador hace dos semanas desde España. Cuando sucedió el terremoto disfrutaba de vacaciones con mi familia. Ahora he regresado a aquella ciudad tan bonita que dejé hace dos meses que es Bahía de Caráquez. El recibimiento fue muy bueno, lleno de cariño y alegría. Ya son muchos años dedicado a esta tierra y estas buenas gentes que nos quieren hasta en demasía.

La impresión a mi llegada ha sido muy impactante. Bahía está destruida literalmente (70% de la ciudad está destruida). Me impactó ver tantos edificios caídos y los que me tocó ver demoler. Parece un escenario de guerra, como si hubiera caído una bomba. Me ocurrió algo curioso. Caminando por la ciudad, llegó un momento en que me desubiqué. Conozco Bahía como la palma de la mano, sin embargo por unos momentos me encontré completamente confuso en las calles, donde había edificios, casas de gente conocida, negocios, comercios… sólo había solares vacíos. Eso fue muy impactante.

Pero lo más terrible de todo es ver la ciudad como un enorme campamento: gente viviendo en tiendas de campaña, en los parques, en las calles. La ciudad desierta, casi todos los negocios cerrados, los rostros de la gente tristes, como perdidos, caminando sin rumbo. Con cada persona que me paraba a conversar me contaban su historia de cómo vivieron el momento del terremoto, como consiguieron salir entre los escombros, cómo veían sus casas caerse. Historias estremecedoras y te rompen el alma.

Viajé a los lugares donde fue el epicentro del terremoto: Canoa, Jama, y especialmente Pedernales y la capital, Portoviejo. Destrucción por todas partes. De verdad que ha sido muy impresionante. Pero también he visto muchos signos de esperanza, de lucha, de ganas de renacer, empezando por los nuestros: los misioneros Dehonianos. Nuestras parroquias con todos sus voluntarios se están dejando la piel hasta el cansancio exhausto. También nosotros hemos sido afectados por el terremoto: casa parroquial destruida, aulas de catequesis seriamente afectadas, casa de las hermanas demolida, comedores de niños tocados… sin embargo, se han dejado la piel, olvidando su propio dolor para ayudar a su pueblo de día y de noche, a todas horas. Han sido muchísimos los voluntarios, que prácticamente al día siguiente, llegaron a Bahía y al resto de los lugares afectados a ayudar. Hombres y mujeres luchadores que se están organizando para que Bahía vuelva a ser la ciudad sin copia, la ciudad hermosa que es.

Bahía va a renacer con la ayuda de todos nosotros. Es el tiempo de la solidaridad amigos. No sólo hay que reconstruir casas y edificios, sino sobre todo hay que construir “esperanza”. La gente necesita hablar, desahogarse, necesita ser escuchada… esto es una de las cosas que más nos reclaman. Y ahí con vuestra ayuda estamos haciendo todo lo posible.

Desde Ecuador, un fuerte abrazo y no se olviden que necesitamos mucho de su solidaridad. ¡Gracias por todo lo aportado hasta ahora! ¡No nos olviden!

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