Hoy se ha cumplido esta Escritura

La sinagoga de Nazaret
La sinagoga de Nazaret

En este domingo se normaliza el tiempo ordinario y empezamos a leer el Evangelio de San Lucas de forma continua desde los primeros compases de la vida pública de Jesús.

Además estamos en la semana de la oración por la unidad de los cristianos

La primera lectura (Nehemías 8, 2 – 10) narra una celebración litúrgica de todo un pueblo ante “La Palabra”.

1ª Corintios 12, 12-30, es todo un tratado de cristología proyectado hacia la eclesiología.

Lucas (1,1-4; 4, 14-21), nos introduce hoy en la historia que sobre Jesús va a escribir de forma atenta y esmerada.

Voy a seguir el ritmo de la Palabra proclamada y veremos hasta donde llegamos.

 

Esdras y Nehemías presentan fervorosamente ante la asamblea del pueblo el “Libro de la Ley” que habían encontrado. Libro y Ley que merecen todas las aclamaciones y se reverencian como si se estuviera ante la misma presencia de Yhaweh. Es una celebración que rememora las asambleas organizadas por Moisés y Josué para hacer y renovar la Alianza con Dios. En esta ocasión es a la vuelta del exilio y el pueblo adquiere cohesión en torno a la Palabra y la Ley, que es el sacramento de la presencia de Dios en medio del pueblo. A partir de entonces, el pueblo se encontrará con Dios en las asambleas de las distintas sinagogas de los distintos pueblos. Dios ya no habitará solo en el templo de Jerusalén sino que habitará o se hará presente por medio de la Palabra escrita en los libros “sagrados”. Escuchar la Palabra, será acoger al mismo Dios y será el mejor camino para hacer su voluntad de tal forma que ya no vuelvan al pueblo los males del exilio en Babilonia. La Palabra, su proclamación, su escucha, su enseñanza, serán uno de los ejes basilares sobre los que se construirá el judaísmo que llegará hasta los días de Jesús, y hasta nuestros días.

El encuentro con la Palabra de Dios, desencadena en medio del pueblo una purificación y una gran fiesta. Impresiona escuchar: “Este día está consagrado al Señor, vuestro Dios”. La alianza hecha un día con nuestros padres, hoy es renovada, recreada. Hoy es también el día que actúa el Señor. El encuentro con el Señor lleva a la fiesta y a la solidaridad repartiendo las viandas llevándolas al que no tiene. La dimensión “social” no falla nunca cuando se da un encuentro con el Señor. Este encuentro siempre dinamiza una corriente de solidaridad entre iguales, porque todos somos iguales ante Dios.

 

Es justamente Jesús el que en la narración del evangelio de hoy, abre el libro del profeta Isaías en una celebración sabatina en la sinagoga de Nazaret. De pasada, anotar que el ritmo celebrativo semanal era una práctica habitual en Jesús. Para un buen judío no podía ser de otra manera. Pero es que esa es la manera de hacerse el encontradizo con la presencia de Dios en medio de su pueblo. Dios nos convoca y nos reúne en asamblea, y es en esa asamblea donde Él se hace presente. Para nosotros los cristianos está claro que cuando dos o tres nos reunimos en su nombre, Él (Cristo) está en medio de nosotros.

Es en este ambiente litúrgico-celebrativo donde Lucas nos presenta en síntesis la figura de Jesús y el resumen de su Evangelio. Jesús lee lo escrito en el libro de Isaías. “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor.” Proclamado el texto, Jesús se sienta. Habla para actualizar la Palabra y dice: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír”.

Repasar este acontecimiento, oírlo ahora, a mi mismo me deja electrizado y atónito.

Me impresiona ese “HOY”. El “hoy” de Dios donde se cumple la Palabra. El “hoy de Dios” es eterno. No tiene ocaso y es un presente continuo. Ese “hoy de Dios” cuando toca la historia, la eterniza. La toca en Isaías con la presencia del Espíritu que unge y envía al profeta a la gran misión. La toca en Jesús sobre el que desciende el Espíritu para llevar adelante lo anunciado por Isaías, de forma más plena y vivificante. La tocará (ese Espíritu) en Pentecostés, donde nacerá la Iglesia. La seguirá tocando cada día en cada acontecimiento que se presenta en el caminar diario del discípulo de Jesús. Para Lucas, el gran protagonista de la historia de la Salvación es el Espíritu Santo y por eso marcará muy claramente su acción a lo largo de su Evangelio y del otro libro que sigue al Evangelio que son los “Hechos de los Apóstoles”.

 

Contemplemos el HOY de Jesús. Ungido por el Espíritu. Llega a Nazaret poco después de la experiencia de su bautismo en el Jordán. El Espíritu se ha posado sobre Jesús y le guía o lleva a proclamar ese “año de Gracia” y “esa buena noticia a los pobres”. Jesús se presenta como mensajero, como profeta de Dios, aunque Él nunca dará una definición de sí mismo. “Alguien más que profeta” será lo que se le escape en una ocasión.

Jesús trae “buenas noticias”. No es “pájaro de mal agüero”. No condena ni moraliza su predicación. Viene a decir que Dios “está a favor” o “es de” los pobres, afligidos, marginados… y para todos proclama el “año de gracia o de amnistía del Señor”. Un anuncio que rompe cadenas, que libera el corazón y nos hace respirar a pleno pulmón ante Dios y los hombres. Nadie es esclavo de nadie y Dios no es “baal” a quien hay que servir como esclavos, sino que es Alguien que tiene un corazón misericordioso, sensible a la situación de opresión del hombre. Este es otro de los temas preferidos por Lucas. Su evangelio será el evangelio de la misericordia de Dios.

 

Contemplemos este HOY en nuestras vidas. El ungido de Dios, el poseído por el Espíritu eres tú, soy yo. La noticia y la misión se cumplen en nuestro HOY.

Cabe preguntarse si somos conscientes de esta realidad y la vivimos como tal. Saberme llamado de Dios, elegido y ungido para la misión de evangelizar es toda una gracia, un honor, una bendición; algo que nos debe llenar de gozo y hacernos agradecidos. El año de gracia de Dios, su amnistía permanente llega a nosotros hoy. Podemos decir en verdad que “este es el día que ha hecho el Señor”, también hoy, aquí y ahora para mí y para nosotros reunidos en asamblea, en comunión, en iglesia; invitados a seguir los pasos de Jesús y enviados a ser buena noticia para los demás.

Es importante resaltar que estamos en el “año de la misericordia”: Dice el Papa en la Misericordiae Vultus (Jesucristo es el rostro de la Misericordia del Padre): “Un año de gracia”: es esto lo que el Señor anuncia y lo que deseamos vivir. Este Año Santo lleva consigo la riqueza de la misión de Jesús que resuena en las palabras del Profeta: Lllevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna, restituir la vista a quien no puede ver más porque se ha replegado sobre sí mismo, y volver a dar dignidad a cuantos han sido privados de ella. La predicación de Jesús se hace de nuevo visible en las respuestas de fe que el testimonio de los cristianos está llamado a ofrecer. Nos acompañen las palabras del Apóstol: “El que practica misericordia, que lo haga con alegría” (Rom 12, 8). (Nº 16)

Gonzalo Arnaiz Álvarez, scj.

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