I. UN FIN, UNA MISIÓN INSCRITOS EN UNA VIDA (1)

“No debemos nunca perder de vista nuestro fin y nuestra misión en la Iglesia”, escribe el P. Dehon en su Testamento espiritual. El P. Dehon ha vivido una cierta experiencia espiritual que le pareció, por inspiración divina, deber institucionalizar en una nueva familia religiosa. No parece que parta de una cierta reflexión, de un cierto concepto teológico. El P. Fundador, por necesidad de enseñar, de predicación, reflexionará, por ejemplo, sobre el culto al Sagrado Corazón. Pero esta reflexión teológica no ha precedido la fundación de su Instituto.
 

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