I. UN FIN, UNA MISIÓN INSCRITOS EN UNA VIDA (2)

Desde hacía mucho tiempo el Vicario de la Colegiata de San Quintín había encontrado a Cristo. Un encuentro que supera el fervor ordinario. Escribe en una Nota de 1916(Cf. Lecturas-Notas diversas 1916), donde no se esperaba una tal confidencia, que él también tenía la gracia mística de la experiencia de la presencia de Dios. Esta proximidad de Cristo, engendra en él un deseo, casi una angustia, un deseo de fidelidad, de atención. Funda primero en la diócesis de Soissons, con algunos sacerdotes diocesanos, una asociación sacerdotal capaz de sostener su vida interior. No está satisfecho personalmente y ya sueña en la vida religiosa propiamente dicha. Luego un buen día, a la luz de los acontecimientos (sin dejar sus múltiples obras), de acuerdo con su obispo, y en obediencia a su gracia personal, funda a los Oblatos del Corazón de Jesús. Las Siervas del Corazón de Jesús -su espiritualidad- juegan aquí un papel de catalizador de sus aspiraciones íntimas.
 

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