I. UN FIN, UNA MISIÓN INSCRITOS EN UNA VIDA (5)

Él quisiera, en consecuencia, que estos amigos de Jesús -nuevos Juanes, nuevos Lázaros- consigan tener siempre más y mejor una intención pura en todas sus acciones, tener una vida enteramente consagrada al Señor, una vida de Oblato. De ahí la insistencia que pone en inculcar el espíritu de oblación. En Nazaret, en Betania todos se preocupaban únicamente de Jesús. “Una Congregación se dedica a una especialidad, otras a otra. Los oblatos deben dar a todos sus actos, al menos a los principales al empezarlos, la forma de acto de amor y reparación. Eso es lo que se debe ser o no ser” (a los novicios, viernes 18 de junio de 1880). Una buena parte de la formación de los novicios, según el P. Dehon, debe consistir en formarse prácticamente en el espíritu de oblación (Vinculum 1965, pp. 47 ss. La presentación del manuscrito del P. Dehon que lleva por título: “La voie d’Amour ou la Perfection chrétienne acquise par la dévotion a Notre Seigneur et a son Divin Coeur”). “La vida de amor, escribe el Padre, es una oblación seriamente hecha y renovada frecuentemente” (Vía de amor I,34). “La perfección de la vida de oblación consiste en el cuidado habitual de demostrar a Nuestro Señor su amor por medio de sus ofrendas y sus actos” (idem). “Un novicio que no haya conseguido esta costumbre de (ofrecerse)… no podría ser admitido a la profesión temporal” (Vía de amor I,40).
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *