Iglesia servidora en «salida»

Restos de la casa de Pedro en Cafarnaum
Restos de la casa de Pedro en Cafarnaum

La lectura de Job 7, 1-7 refleja el momento existencial más penoso del personaje. Prácticamente está tocando fondo donde la oscuridad es total. Todo se ha hundido y se hunde cada vez más. Ni siquiera funciona la presencia de Dios al que se le ve lejano, ausente y desinteresado. Hasta rechaza la mirada de Dios y su bendición porque lo que sufre es todo lo contrario. Job está casi muerto y deseando la muerte como salida y punto final de todo su tormento. Ya Job ni siquiera blasfema contra Dios. La blasfemia era una protesta. Ahora ya no hay referente para protestar.

Extraña esta lectura puesta como “palabra de Dios” cuando es totalmente opaca. Pero ciertamente refleja la situación de mucha gente que llega a beber el cáliz de la angustia, de la desesperación, del dolor y del sinsentido. Y muchas veces nos puede pasar por la cabeza situaciones análogas. ¿Qué le responde el Papa al niño que le pregunta por qué Dios consiente su situación vital de huérfano y abandonado? ¿Qué pensar cuando oímos que un camión de gas explota al lado de un hospital de neonatos? Nos quedamos sin palabras y se abre el interrogante del sentido de la vida. Ahí está Job. Ahí podemos estar nosotros.

El evangelio de hoy puede ser un inicio de respuesta. Ante la situación de muerte existencial de muchos puede ser que la buena noticia de Jesús nos pueda arrancar de la muerte y levantarnos para seguir esperando y trabajando por la paz y el sentido de la vida, de toda vida, de todas las vidas.

Marcos 1, 29-39, nos cuenta que Jesús, en el día sábado, después de estar en la celebración de la sinagoga, va con algunos de sus discípulos a la casa de Pedro. Le notifican que la suegra de Pedro está en cama con fiebre. Estaba grave y el cuadro asemeja a situación de “muerte”. Piensen en “Job”. Jesús actúa de inmediato. Se acerca, la toma de la mano y la “levanta”. Jesús, en sábado, no cumple la ley, se pone en actitud de servicio al lado del necesitado y lo rescata de la muerte. Estamos ante una catequesis de anticipo pascual. Jesús es fuerza que alza, levanta, trasmite vida y rompe el cerco de la muerte, de todas las muertes.

La suegra de Pedro se levanta y se pone a “servirles” (diaconía). La mujer “levantada” aprende del Maestro rápidamente. Tampoco ella cumple la ley y hace algo que no estaba permitido. Se dispone a servirles en la casa y en la mesa. La suegra aprende antes que Pedro que estar al lado de Jesús y creer en Él y seguirle pasa por el servicio y la entrega. La acción de Jesús que es servicio al enfermo y la acción de la enferma-curada que es servicio a los que están en casa, parecen crear una primera comunidad centrada en el encuentro, el amor de familia, el servicio y la entrega. Las comunidades de Jesús que vendrán después tendrán que fijarse en este arquetipo incipiente de iglesia doméstica.

Una vez que se pone el sol (sábado por la tarde) ya no obliga la ley del “descanso” y por lo tanto la gente le lleva a los enfermos ante la casa de Pedro. Allí estaba Jesús y esperan de Él curación, sanación. Jesús cura a muchos. Jesús es fuente de vida o es la nueva fuente de vida. Se supera la “ley del sábado” que con sus normas se vuelve infecunda y pesada. Aparece un liberador más allá de la ley. Pero Jesús sorprendentemente no deja hablar a los liberados ni a los espíritus expulsados que dicen conocerle. Pero no le conocen. Lo que digan puede traicionar todo el mensaje de Jesús y hacer opaco su testimonio de vida. Jesús no quiere que nadie le marque su camino. Solo Dios debe ser el marcador. Solo Dios puede condicionar a Jesús. Será el Padre el que vaya desvelando el sentido liberador de Jesús y su mesianismo. El mesianismo del “Siervo de Dios”. Un mesianismo no prepotente, sino humilde. Servicio.

Por eso recurre a la oración. Estar solo con el “Padre”. Será en la madrugada cuando se pone a la escucha de la Voluntad de Dios. Ahí estará la fuente y el origen de su quehacer diario y donde aprenderá el camino que debe seguir. Pedro y los suyos van a buscarle; se sorprenden de que esté orando y le reprochan que no vaya a atender a la gente que le espera y quiere que se quede allí en Cafarnaúm. Les viene muy bien ese servicio de curandero de Jesús. Y a los discípulos también. Se harán famosos con la fama de Jesús. Y Jesús les responde que no ha venido para eso; que el Padre no le ha enviado a ser curandero sino a anunciar la buena noticia a todos los pueblos. Y les dice: “Vámonos a otra parte”. Y se va. Los que quieren le siguen, pero saben que en su seguimiento no van a medrar según los criterios del mundo. Será un sufrimiento que termina como el cuadro pintado por Job, pero vivido desde una tesitura totalmente diferente de aceptación de la Voluntad del Padre.

Con estos tres pasos tenemos montada una perfecta catequesis por parte del evangelista Marcos que nos quiere indicar:

La importancia de la DIACONIA en las comunidades de Jesús. La iglesia es servidora. No puede ser auto-referencial. No es el centro ni se anuncia a sí misma. La iglesia toda está al servicio de la evangelización, al servicio de todos los pueblos del mundo.

La importancia de la PERSONA a cuyo servicio está la ley, incluida la de Dios. El hombre es más que el sábado. El sábado se ha hecho para el hombre. Todas las cosas, incluida la economía, están o deben estar al servicio del hombre como valor absoluto.

La importancia de la ORACIÓN. Oración que es encuentro vital, que es diálogo de amigos, que supone confianza mutua y donde hay trasvase en el Espíritu Santo.

La importancia de la “SALIDA”. Iglesia en salida. Jesús parece invitar a no echar anclas. Es mejor estar siempre en actitud de ir y buscar que no quedarse y guardar. Ir al encuentro de todos los pueblos y de todas las gentes para llevarles la buena noticia del Evangelio. El papa Francisco nos dice que “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.” (EG 1) Esta alegría, este gozo no se puede guardar. Es lo que le pasa a San Pablo (1 Cor 16-23) que se atreve a decir: “Ay de mi si no evangelizare”.

El hombre de hoy (incluidos nosotros), tantas veces se encuentra como Job. Desesperanzado. No hay salida, No hay esperanza. Dios no está en el horizonte y este se vuelve oscuro, negro, aniquilador. Solo Jesús tiene palabras de vida eterna. Solo si Jesús lo toca y lo levanta o alza podrá encontrar la salida a esta situación existencial cercana al sinsentido del nihilismo.

Los cristianos, los seguidores de Jesús convocados a vivir en comunidad, podemos ser referentes para abrir la “lata” de este mundo cerrado. Jesús nos alza y levanta cada día y desde él podemos hacer una vida de comunidad fraterna donde el servicio sea la primera norma. Una norma que nace del Amor que Dios nos tiene; del Amor que se manifiesta en Jesús y que también Él nos tiene. Ellos han sido los primeros “servidores” y los siguen siendo. En nuestra comunidad el servicio fraterno debe ser prioritario. Si vivimos plenamente desde esta realidad del amor seremos testigos de esperanza y quién nos mire y vea podrá decir que existe otro horizonte en la vida y puede que algunos viendo se conviertan y se abran a la acción del Espíritu en sus vidas.

LA IMPORTANCIA DE LA PASCUA como horizonte de vida y esperanza. El evangelio seguirá desgranando el contenido de esta esperanza pascual.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *