II. CONVENCIDO DE SU CARISMA DE FUNDADOR (1)

Con mucha frecuencia lo ha afirmado diciendo: “Nuestra Obra es divina”. Por Obra él entiende el grupo o grupos de religiosos asiduos en permanecer junto a Jesús por medio de la atención de su espíritu, la vigilancia de su corazón (“sicut homines expectantes”), la delicadeza de su conciencia, en una palabra, la oblación de toda su vida. El P. Dehon logró convencer de la autenticidad de su carisma a varios de sus compañeros primeros ya que ellos lo han asumido como la luz de sus vidas: el P. Paris, Mons. Philippe, etc. “La voluntad muy cierta del Señor es que nosotros seamos sus amigos. Como los tuvo durante su vida mortal. Él quiere encontrar aquí Nazaret, Betania y el afecto del que se vio rodeado por sus apóstoles durante su vida apostólica. Amor y reparación: no la una sin la otra, sino la una con la otra, la una después de la otra: que sean éstos los sentimientos habituales” (a los novicios, viernes 11 de junio 1881). “Es desde la fiesta (de San Ignacio) de cuando data mi propósito de comenzar con seriedad la Obra después de un Retiro que hice tres años y en el que yo recibí con certeza gracias particulares en este sentido (a los novicios, miércoles 21 de julio 1880). “Aunque yo hable raramente de mí ya que no tengo gran cosa que decir de bueno, confieso que el acto de obediencia que me ha hecho venir a San Quintín, a pesar de mis repugnancias al ministerio secular, ha sido el punto de partida de gracias inmensas: allí he descubierto la Orden del Sagrado Corazón” (a los novicios 12 de enero de 1881).
 

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