Inaugurado el Año de la Vida consagrada

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“¡Despertad el mundo, iluminadlo con vuestro testimonio profético y contracorriente!” Con este doble imperativo de sabor a adviento se abrió el 30 de noviembre, en la basílica vaticana, en el corazón simbólico de la Iglesia católica, el Año de la Vida Consagrada. Con el papa ausente (se disculpó por su ausencia en Turquía), urgido por otra tarea que exigió modificar la agenda (todo un signo e icono de la vida religiosa en tantas ocasiones, pero, ¿causa también de que el eco de esta inauguración haya sido prácticamente nulo en los medios digitales -al menos en religiondigital y religionenlibertad no hay rastro en este momento en que escribo- de España?), se celebró la eucaristía inaugural presidida por el Cardenal de Briz y un gran número de consagrados y consagradas. Al inicio de la Eucaristía se leyó el mensaje papal que inicia con las palabras que hemos reproducido al inicio. El papa ha desarrollado su doble imperativo a través de tres palabras programáticas que responden a ¿cómo despertar?, ¿cómo iluminar?:

  • “¡Siendo alegres!”: la raíz de esta alegría/felicidad constitutiva y esencial es el seguimiento de Cristo y la conversión de la propia vida en evangelio práctico, visible, tocable y… sacralizador, en el sentido de hacer emerger a Dios en este mundo secularizado. Esta practicidad es la que, el papa está convencido, hará emerger en otros cristianos y cristianas el deseo de compartir este estilo y proyecto de vida. Esta practicidad (“¿cómo traer a Dios a este mundo?”) seguirá siendo el ámbito generico-farmacia-enlinea.com de la pluralidad de modos y acentos; siempre en espera de unas relaciones mutuas, renovadas, respetuosas y… evaluables. La alegría es para el papa otro nombre de la consagración.
  • “¡Siendo valientes!”: en una doble dirección: la primera interior-personal, es preciso volver a poner en Cristo la confianza plena (a imitación de nuestros fundadores) en un nuevo acto de fe, sereno, pero necesario. La segunda exterior-corporativa: mostrar “la potencia innovadora del Evangelio”. La capacidad de hacer nuevas todas las cosas pasa por sentir esa re-novación en la propia vida (es lo que exige plena confianza) y pasa por tener claro el por qué, que es a la vez el para qué: el evangelio (predicado, enseñado, misericordioso, sanitario, cuidador, alabador, adorador, reparador, social…) da respuestas. La valentía es para el papa otro nombre de la misión.
  • “¡Siendo mujeres y hombre de comunión!”: el papa llama a los consagrados a ser “incansables constructores de fraternidad”. La forma de la vida común cansa, está siempre amenazada por la tentación de “abandonar la asamblea” para recorrer caminos menos cansinos, pero esa es una decisión que destruye la naturaleza de esta forma de vida en la Iglesia: la hace triste y cobarde. Las otras formas eclesiales de vida en común (matrimonio-familia) parecen mostrar agotamiento, pero por eso el papa recuerda que la vida común es un espacio dado para poder practicar “la ley evangélica del amor mutuo” y dar ejemplo y fuerza. Es ley, es orden: un orden nuevo que cura, salva y libera; una ley de vida, de cotidianidad, de Dios. Pero también de rostros muy concretos y muy conocidos. Por eso, quizás ser hombres y ser mujeres, es decir, afrontar nuestra verdad a la luz de la acogida o no de esta ley, de este mandamiento del amor, es otro nombre de la comunión.

Ser hombres valientemente alegres, alegremente valientes. Todo un desafío de renovación. Todo un desafío de fe. Todo un desafío de esperanza. Todo un desafío de amor. Todo un desafío de Dios. Que la Iglesia con su oración y su reacción nos ayude a ser lo que estamos llamados a ser. ¡Feliz año de la vida consagrada!