Inicio del Adviento en el Colegio y Seminario San Jerónimo

Los alumnos del Colegio y Seminario dehoniano San Jerónimo en Alba de Tormes pudieron reflexionar sobre el Adviento a través de este texto que les leyeron sus profesores.

El Adviento es un tiempo para ponerse en camino, para preparar nuestro corazón y nuestra vida y, así, dentro de cuatro semanas, poder celebrar el nacimiento de Jesús. Aquel que viene a nuestro encuentro.

 

Este año hemos querido que este tiempo de Adviento fuera un tiempo para aprender a escuchar. Sí escuchar. Porque en ocasiones tenemos tantos ruidos, tantas cosas en la cabeza, que nos olvidamos de lo esencial.

 

Nuestras ciudades y pueblos ya se están llenando de luces, de cantos de navidad, de tiendas decoradas y adornos en las casas… como si ya estuviéramos celebrando que Jesús ha nacido sin habernos parado a pensar en qué viene a cambiar en nuestra vida. Por eso, hoy, hemos querido renovar nuestro compromiso para abrir nuestros oídos a su Voz, a su Palabra.

 

Nuestra vida, lo hemos dicho, está llena de ruidos, de música, de historias que nos atoran y nonos dejan pensar ni pararnos. Nuestra sociedad, el mundo en el que vivimos, va tan deprisa que no nos deja reflexionar, ni respirar, ni tener un tiempo para nosotros… y tampoco un tiempo para Dios. Vamos acelerados, sordos de tantos ruidos que escuchamos, despistados por tantas y tantas voces que, al final, no terminamos de enterarnos de que Dios, sí, Dios, está a nuestro lado, hablándonos, susurrándonos, gritándonos que para Él somos importantes.

 

Hoy hemos cerrado nuestros labios y también los ojos… y nos hemos dejado llevar por el ruido de nuestro mundo… ese ruido, esas voces, esos gritos que en tantos momentos no nos dejan percibir la Voz de Dios, la Voz que mueve el mundo.

 

En nuestro mundo hay mucho ruido, muchas músicas, muchas voces. Algunas, tal vez, capten nuestra atención, nos llamen, nos susurren… pero pocas, muy pocas, son capaces de movernos del sitio, de remover nuestro corazón y de llevarnos a cambiar la sociedad en la que vivimos. Sólo una voz hace que demos al pulsador para girarnos, para descubrir nuevas posibilidades.

 

Y esa voz es la voz de Dios… que nos llama a mover el mundo.

 

Y hemos abierto los ojos y hemos escuchado la Voz que mueve el mundo. 

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