P. Jesús Baena: “Muchas zonas de Kerala (India) se han recuperado de las graves inundaciones gracias a las ayudas recibidas de otros países”

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El pasado mes de agosto, el estado de Kerala en La India sufrió unas graves y devastadoras inundaciones donde hubo más de mil fallecidos y más de un millón de personas perdieron sus casas o bien quedaron en un estado de ruina. Las inundaciones solo tuvieron lugar en Kerala, estado al suroeste de La India y que pasa por ser uno de los estados más desarrollados del país, con una población de unos treinta y cinco millones de habitantes en una extensión como la provincia de Extremadura.

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Kerala está acostumbrada a las lluvias, ya que, exceptuando los meses de diciembre y enero, su presencia es regular y necesaria, y en los meses del monzón, junio, julio y agosto, su presencia es abrumadora. Este año nos llovió durante dos meses continuos sin faltar un solo día, lo que produjo tal cantidad de agua que ni los embalses ni los ríos fueron suficientes para controlarla. Y todo se desbordó a mediados de agosto.

El estado de Kerala se va recuperando poco a poco. Los expertos decían que tardará años en volver a la normalidad, pero después de cuatro meses muchas zonas se han recuperado gracias a las ayudas recibidas desde otros países, desde otros estados de La India y del mismo estado de Kerala. Además, hay miles de Keralitas trabajando en otros países que han ayudado a sus familiares. Aun así, la situación cambia mucho cuando uno va hacia zonas del interior y descubre a cientos de familias viviendo aún en un estado lamentable, sin haber recibido todavía ayuda o que la ayuda ha servido para muy poco.

Dehonianos en la India

Los Dehonianos comenzamos nuestro camino en La India en el estado de Kerala hace veinticuatro años. Actualmente nuestra presencia aquí es de un seminario menor, otra casa donde conviven los postulantes y los religiosos que estudian filosofía, y un par de parroquias. Yo vivo en Aluva que es la casa de los postulantes y filósofos, y que está enclavada en una de las zonas más castigadas por las inundaciones. El río Periyar que en su curso baña nuestra casa subió más de diez metros en una noche y cientos de personas tuvieron que abandonar sus casas de repente.

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Nuestra casa está en alto, por lo que el agua no llegó hasta el edificio, aunque arrasó la huerta y el campo de deportes. En cuestión de horas se improvisaron campamentos para ayudar a miles de personas. La situación era de emergencia y dentro de nuestras posibilidades teníamos la responsabilidad de hacer algo, por lo que habilitamos todo el piso de abajo de la casa para dar refugio a los vecinos de la zona.

Otras casas de religiosos, con espacios mucho más grandes y facilidades, albergaron a cientos de personas. Nosotros dimos comida y casa a unas cien personas durante una semana, y desde el segundo día empezamos a recibir ayuda externa en cuanto a comida y medicamentos se refiere.

Consecuencias de las inundaciones

Hubo situaciones tensas entre familias que se acusaban unos a otros de robarse o recibir más ayudas que otros, pero en general mantuvimos un ambiente muy bueno y de armonía en una situación tan compleja.

Durante esa semana hubo varios episodios tristes, aunque solo contaré uno: un hombre, debido a la situación, cayó en un estado de nervios tal que le dio un ataque al corazón. Llamamos de inmediato al panchaye (persona responsable de la zona), y mandaron un cochecito. Por suerte, hoy lo puede contar, aunque los gastos del hospital le hayan endeudado de por vida.

Al cabo de una semana, el nivel del agua había bajado mucho y poco a poco las familias fueron regresando a sus hogares. Era el momento de dar otro paso adelante y pensamos como podríamos seguir ayudando. Como he dicho antes, hay otras congregaciones religiosas muy cerca de nuestra casa, congregaciones con muchos años en la zona y decenas de seminaristas y religiosos. Ellos, al igual que nosotros, habían decidido ayudar en tareas de limpieza, por lo que optamos por ir a zonas más interiores y alejadas de nuestra casa. No nos resultó difícil encontrar un montón de casas y familias necesitadas de ayuda, por lo que durante una semana los postulantes, los filósofos y la comunidad, en un número cercano a las treinta personas fuimos limpiando casa tras casa sin atender al color, la casta o la religión. Solo ayuda como seres humanos y con nuestros valores cristianos de solidaridad universal. Fue una experiencia preciosa y profunda, y estoy seguro de que nuestros seminaristas nunca lo olvidarán.

Recuperación de Kerala

Después han ido pasando los meses y de alguna forma la gente intenta volver a sus vidas, sus rutinas, a levantarse y seguir caminando, pero sin olvidar lo pasado y, sobre todo, sin olvidar la cantidad de familias que aún siguen esperando ayuda para poner sus casas en las más mínimas condiciones para poder vivir.

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Y así llegamos a estas últimas semanas en las que gestos cargados de bondad y solidaridad cristiana nos han iluminado: desde nuestro Seminario Menor de Puente La Reina, Navarra, realizaron una mesa solidaria recaudando dinero en beneficio de los damnificados, y yo he tenido la suerte de estar a cargo de su distribución. Ha sido una gran responsabilidad, a la vez que me he sentido privilegiado de poder echar una mano gracias al esfuerzo de tantas personas anónimas que generosas contribuyen a hacer un mundo mejor y más justo.

La tarea no era fácil, sobre todo la decisión de cómo y a quién dar la ayuda, de ser ecuánimes y justos. Si el dinero se distribuía entre muchos, la ayuda sería menor, y si eran pocos los ayudados podría parecer algo injusto. Al final decidimos dar ayuda a once familias atendiendo a dos factores: familiares de religiosos scj que estuvieran en situación precaria, y a familias desconocidas, pero en situación alarmante. Para ello conté con la ayuda de dos religiosos scj conocedores de muchas familias necesitadas. Uno de ellos ha trabajado muchos años como trabajador social y su conocimiento y experiencia me ha sido de una gran ayuda para sentir que estábamos haciendo lo correcto y siendo justos. El dinero se distribuyó según las necesidades que vimos, por lo que las cantidades varían entre doscientos y quinientos euros al que más. Ahí nos volvimos a sentir libres para distribuirlo según nuestro juicio y por ello doy las gracias.

En esta última semana he recibido un mail desde nuestra provincia de Sudáfrica pidiéndonos información para una posible ayuda, y ahora recibo con alegría y responsabilidad la vuestra. El simple hecho de informar y volver sobre ello me ayuda a no perder la brújula de nuestro carisma dehoniano en su vertiente sobre la misericordia y la justicia social.

Sea lo que sea, os doy las gracias por vuestro interés y dedicación. Queda por hacer, pero lo hecho ha merecido la pena. Gracias “Haz latir el Corazón del Mundo”.

Con afecto,

Jesús Baena scj

Religioso dehoniano español que vive en La India desde hace diez años y que reside desde hace ocho meses en el estado de Kerala.

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