Jesucristo, Rey del Universo

Homilia 4

No puedo evitarlo. Las lecturas de hoy me llevan a pensar en lo ocurrido en el Vaticano, el domingo pasado, con motivo de la primera Jornada Mundial de los Pobres. Dos imágenes: Una eucaristía celebrada con la participación de 5.000 marginados-pobres; una comida celebrada con 1.500 marginados-pobres. (El resto comió en otros lugares habilitados para tal efecto). Estoy seguro que no se pidió partida de bautismo para participar en ninguno de los dos eventos. Habría hombres y mujeres de todos los credos o no credos en ambas celebraciones. Todo ello un símbolo o una parábola en acción. El Papa pretendía poner de relieve que la Iglesia es de los pobres y está para evangelizar a los pobres. Pobres y pobrezas que emergen en los marginados, pero que tienen un sustrato inmenso en los corazones de los hombres. La civilización del descarte y del despilfarro debe ser sustituida por la civilización del amor desde la sobriedad, el compartir y la justicia.

El Papa me parece encarnar al buen pastor de la primera lectura, que sale a la búsqueda de los rastros que van dejando las personas que se pierden ante un montón de ofertas de felicidad que llevan a callejones sin salida; llevan a la nada o a la muerte existencial. El buen pastor busca, encuentra, carga sobre los hombros, cura, sana, alimenta y ofrece futuro en verdes praderas. Ciertamente que es Jesús el Buen Pastor y por eso su reinado es como es. No el del poder y la gloria sino el del servicio, el don, la entrega de la vida para que los demás tengan vida en abundancia. Encarnar a ese Buen Pastor toca al Papa en primer lugar y después a los obispos, sacerdotes, diáconos y a todo el pueblo santo de Dios.

El evangelio es una parábola magistral de Jesús que sigue la onda de Ezequiel dándole un tinte de universalidad novedoso e impresionante. Se afirma la segunda venida del Señor en Gloria con la que se pondrá fin a esta historia nuestra. Es el momento de la Pascua de toda la creación. Se habla de un juicio universal. Quién convoca es Cristo resucitado de entre los muertos. (Ver la 2ª lectura de Corintios 15, 20-28). El Juez es el que entregó su vida por nosotros. El que ha ido delante y ha vivido coherentemente con todos los valores del Reino. Es alguien que es por antonomasia MISERICORDIOSO. Está a favor nuestro desde siempre y por siempre. No obstante es el momento de la verdad y de la responsabilidad. Siempre hemos dicho que la vocación espera una respuesta cónsone con la llamada. Se nos llama desde el Amor al Amor y se espera de nosotros una respuesta de gratuidad en el amor.

Los convocados son todos los hombres y mujeres que en este mundo han sido. No hay distinción de raza, religión o época. No parece que haya pruebas distintas según los distintos credos sino que a todos se les mide por el rasero del amor o del des-amor puesto aprueba con el hermano necesitado, con el pobre. El “Sermón del Monte” le sirvió a Mateo para marcar las pautas que llevan al Reino de Dios. El Juicio Final verifica la realización y el recorrido de estas pautas.

Los “benditos del Padre” se sorprenden ante la ejecución de la sentencia favorable. No sabían que aquellas cosas repercutían tanto en “el Señor”. Jesús se identifica totalmente con los que pasan hambre y sed y persecución y cárcel y…

Los “malditos” (no por el Padre) se sorprenden ante la ejecución de la sentencia desfavorable. No sabían que aquellas cosas repercutían tanto en “el Señor”. Y es que lo que hagáis o no hagáis con uno de estos, los humildes, lo hacéis o no hacéis con su Señor.

NO AMARNOS DE PALABRA SINO CON OBRAS. Es el lema de la jornada del día del pobre. Las jornadas del día del pobre y de Cristo Rey se besan.

Jesucristo no rechaza el título de “Rey” ante Pilato, añadiendo que su Reino no es de este mundo. Es del mundo de Dios, o donde los valores que se manejan son los de Dios. Jesús va a ser coronado de espinas, para mofarse de él, y va a subir a un trono que es una cruz a la que le clavarán para matarle. Él reina desde la cruz. Y desde la cruz lanza su primer juicio sobre el buen ladrón: Hoy estarás conmigo en el Paraíso. No hay condena para nadie. Hay petición de perdón para todos, también para “el mal ladrón”.

Ese Rey dejó su última voluntad en el mandamiento nuevo: “Amaros unos a otros como yo os he amado”. El mandamiento del amor fraterno. Es un mandato universal que pueden cumplir y vivir todos los hombres y mujeres del mundo. De forma muy particular nosotros los cristianos estamos llamados a ser sacramento de la verdad de ese amor. Hemos sido bautizados con Cristo para seguirle a Él tras sus huellas. Él va delante por el camino de la vida. Su bordón es la cruz con el estandarte de la Resurrección. Su victoria es sobre la muerte, sobre todas las muertes. Es el último enemigo ya vencido. Poco a poco nos vamos integrando y sometiendo al Dios que lo será todo para todos en el Día final.

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