José M. Pereira nos cuenta su experiencia al entrar en el Noviciado

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José M. Pereira tiene 20 años y es de Ponta Delgada, una ciudad de la isla San Miguel, en Azores (Portugal). Él es uno de los tres jóvenes que este mes de septiembre celebró la Entrada al Noviciado Dehoniano. Hoy lo conocemos un poco mejor.

Como cualquier otro chico estudió los 12 años de Enseñanza Obligatoria en Azores. Después empezó a estudiar Teología en Oporto, en la Universidad Católica Portuguesa. Solo estudió los dos primeros años de los cinco que son, los cuales correspondían a Filosofía.  Actualmente se encuentra en España, realizando el Noviciado Dehoniano donde estará un año.JOSE (5)

Ya desde niño estuvo en contacto con los Dehonianos, pues su parroquia estaba bajo responsabilidad dehoniana. Por casualidad, su primer catequista fue un seminarista dehoniano, que ahora mismo es diácono, y así pudo frecuentar varios encuentros “vocacionales”, que le ayudaron a descubrir un poco más sobre su vocación.

Como asegura, “para mí no existe una meta donde llegar, sino un camino que se hace siempre en la vida. Este camino no termina cuando se avanza en el recorrido, pues como escribió Antonio Machado: caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Eso es lo que espera José M. del inicio en el Noviciado, un tiempo que le ayude a descubrir y a clarificar más su vocación, teniendo en cuenta que “nunca será descubierta al 100%, pero sí más clara y más explícita”.

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El acto de Entrada al Noviciado fue una etapa nueva en su vida, la cual vivió con un poco de nervios, ansiedad y alegría en lo profundo de su corazón, que fue controlando poco a poco. La presencia de amigos, hermanos y conocidos le dio la fuerza suficiente en ese momento para empezar, “una gran alegría me invadió al poder contar con ellos, su oración y su presencia.”

Al preguntarle sobre su visión sobre la juventud de hoy en día, desde su punto de vista (como joven que es), nos dice que, en su mayoría no está desconectada de la religión. “Los jóvenes son fruto de su época; sin tiempo para mucho y pasan los días “enchufados” a la tecnología”. Él afirma que no ve desinterés del tema religioso, solo que es difícil y hasta suena mal hablar de ser cristianos y hablar de temas religiosos.

“Lo peor que se puede hacer con la juventud es alejarla de la Iglesia, por comportarse de una cierta manera ante los compañeros y amigos. Cuando ellos, los jóvenes, al volver a la Iglesia necesitarán de Dios y querrán participar en ella como forma de reconciliación.” Además de esto, “una de las cosas que más afligen a la juventud en cuestiones religiosas es hablar de la cuestión del celibato y de la castidad”, asegura, pues es un tema muchas veces difícil de explicar, puesto que se aleja de la necesidad humana de vivir en pareja y de tener hijos.

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