Juan Bautista, el precursor

Juan Bautista

Ya huele a Navidad. Por todas partes nos invitan a pasar hoja y entrar en la Navidad, pero… seguimos en Adviento, en el tiempo de preparación de la Navidad.

Ciertamente que la Palabra proclamada en este domingo nos invita a la ALEGRÍA. La alegría que provoca la cercanía de la llegada de aquel que esperamos. Pero sigue la espera esperanzada. Esperanza radicada en lo que hoy se nos anuncia como próximo.

La lectura de Isaías (61, 1-11) podría ser el pregón de Adviento-Navidad. Isaías salta de gozo al verse ungido por el Señor y con el Espíritu de Dios sobre él. Se sabe ENVIADO a dar buenas noticias a los que sufren, vendar corazones afligidos y anunciar el año de gracia o la amnistía total por parte de Dios. Isaías no se apropia de nada, ni tan siquiera lo quiere. Pero cuando tiene esa experiencia de Dios en él; cuando siente su llamada responde con todo su corazón y proclama aquello que él ya ha vivido y experimentado. Vive para la misión y lo hace de forma agradecida. Él es solo “instrumento”, voz, testigo de lo que proclama. El Señor hace brotar la esperanza y la justicia en medio de los pueblos. Todos sabemos que estas palabras anunciadas y vividas por Isaías, Jesús las lleva a cumplimiento y plenitud. Isaías vive desde la esperanza la alegría del cumplimiento de las promesas. Es testigo en su vida y con su vida.

La figura señera de este domingo es Juan Bautista en su calidad de ser Testigo-Mártir de la verdad que anuncia. Sé que puede sonar a tautología porque mártir y testigo es lo mismo, pero como con el pasar del tiempo pueden asumir distintos contenidos quiero aprovecharlos.

Yo soy testigo de que en este momento que escribo, llueve sobre Málaga y hace un viento robusto. Pero este testimonio es un testimonio ocular o de presencia cuya verdad no toca los fundamentos de mi ser, no cambia la orientación de mi vida (salvo catástrofe). Yo no daré mi vida por mantener este testimonio. Es absolutamente circunstancial. No soy testigo-mártir.

Testigo mártir es el que su vida se ve afectada por el testimonio que da hasta el punto de que ese testimonio o verdad que proclama cambia el horizonte de su vida. Su realidad existencial se fundamenta en aquel o aquello sobre lo que testifica y está dispuesto a entregar su vida por esa verdad proclamada. Y la vida se entrega cada día, de a poquito. No hace falta en pensar en derramamiento de sangre.

Juan Bautista es testigo-mártir en este sentido. Le va la vida en ello. Vive para la causa de aquello que testifica: en este caso, Jesús de Nazaret.

Juan Bautista era un hombre de prestigio. Tenía muchos seguidores que le escuchaban y acogían su mensaje. Perfectamente podía dar a entender que en su persona podría esconderse el Mesías, Elías o el Profeta último. Sin embargo, Juan es hombre que deja al Espíritu guiar su vida y asume su rol de precursor, de anunciador de Alguien que viene detrás de él, al que no conoce pero del que se hace su pregonero, su anunciador y más adelante lo señalará como aquel al que hay que seguir.

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