La capilla del corazón (4) El encuentro con la Samaritana

Uno de los encuentros más misteriosos y delicados de Jesús con una persona se narra en Jn 4.

Jesús, cansado del camino, se sentó junto a un pozo. Era cerca del mediodía. Llegó una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». (Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer). La samaritana le dijo: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». (Es que los judíos no se tratan con los samaritanos, porque los consideran herejes). Jesús contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva». La mujer le dijo: «Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es profundo; ¿de dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus ganados?». Jesús le respondió: «El que bebe esta agua tendrá otra vez sed, pero el que beba del agua que yo le dé no tendrá sed jamás; más aún, el agua que yo le daré será en él manantial que salta hasta la vida eterna». La mujer le dijo: «Señor, dame esa agua, para no tener sed ni venir aquí a sacarla». Jesús contestó: «Anda, llama a tu marido y vuelve aquí». La mujer contestó: «No tengo marido». Jesús le dijo: «Muy bien has dicho que no tienes marido. Porque has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes no es marido tuyo. En
esto has dicho la verdad». La mujer le dijo: «Señor, veo que tú eres profeta» […] La mujer le dijo: «Sé que vendrá el Mesías. Cuando él venga, nos lo aclarará todo».
Jesús le dijo: «Soy yo, el que habla contigo». En estos momentos llegaron sus discípulos y se sorprendieron de verlo hablar a solas con una mujer. La mujer dejó el cántaro allí, volvió al pueblo y empezó a decir a todos: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿Será el Mesías?».

Lo primero que sorprende del relato son las horas. Era mediodía. Jesús viene de viaje, está cansado y va al pozo a beber agua. Sin embargo, la Samaritana ¿qué hace a esas horas yendo a por agua? A por agua se va por la mañana. Sin embargo, ella tiene algo que ocultar y por eso va cuando piensa que no hay nadie. Pero Jesús se hace el encontradizo allí donde tenemos sed y es él el que nos pide de beber. Él, todo un Dios nos pide de beber a nosotros para que nos demos cuenta de que los sedientos somos nosotros. A la Samaritana le ofrece el “agua viva”, pero, ¿qué es esa agua viva? La misericordia. Jesús le reconoce a la mujer su pecado: ha vivido ya con tantos hombres, que le da vergüenza mostrarse delante de los demás. Jesús lo sabe y sin embargo no la juzga, sino que le revela que él es el Mesías. Sorprendente ¡Dios se revela a una pecadora! Automáticamente su vida queda reparada, restituida, reconciliada.

Mira el cuadro. La samaritana se dirige con un gesto evidente a Jesús diciendo: “Dame de esa agua para no tener más sed”. A sus pies ha dejado caer el cántaro, representado como una urna funeraria, porque contiene sus vergüenzas, sus pecados, aquello que la ha tenido muerta. Ahora ya no le importa dejarlo allí, no le importa que todo el mundo la mire, porque ha encontrado al Mesías, ya no tiene vergüenza sino alegría.
Observa como el pozo está lleno de arena. El agua que nos ofrecen los pozos de la vida cotidiana donde vamos a beber normalmente, no sacian, están secos, no tienen vida. Jesús es el agua viva, el único que puede calmar nuestra sed de sentido. Por eso el pozo que, del lado de la Samaritana está bien definido por una línea amarilla, del lado de Jesús se confunde con su túnica. Sostiene un cántaro nuevo que ofrece a la mujer y su manto azul se convierte en agua que fluye de su costado hacia ella. Jesús es el agua viva. Es el que nos trata con misericordia y sacia nuestra sed de ser amados a pesar de nuestros errores y defectos.

Lo que Jesús hace con la Samaritana quiere hacerlo contigo: quiere reconciliarte, repararte, restituirte en lo que tú eres más originalmente, eso es, un hijo de Dios. Tú eres más grande que tu pecado. Por eso, hay un montón de cántaros a los pies de Jesús. Para ti también tiene agua viva. Ven, acércate y bebe.

Para orar
Observa el cuadro con los ojos del corazón y de la verdad.
Mira a la Samaritana y recuerda las veces que has ido a pozos secos a buscar saciar tu sed y no lo has conseguido.
Mira la urna funeraria: ¿qué vergüenzas, errores y pecados hay en la tuya? Ofrécesela al Señor, déjala fuera de ti, abandonada a los pies del pozo.

Mira al Señor que te observa de frente ofreciéndote su agua, el agua viva de su palabra y de su misericordia. Acógela. Bebe. Saborea el gusto de la reconciliación.

Dios sabe lo que has hecho, sabe de qué pie cojeas y, sin embargo, sigue ofreciéndote su agua y su perdón sin esperar a que cambies. Deja que Él te reconcilie.

La Samaritana vuelve al pueblo de donde salió y donde la conocen, ahora sin vergüenza ninguna, y anuncia la salvación a los demás. ¿Dónde debes volver tú? ¿A quién puedes anunciar la buena nueva de la reconciliación?
 

 

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