La experiencia pascual como acontecimiento transformador

Mesa de los panes y peces
Mesa de los panes y peces

¡TODO ES POSIBLE DE NUEVO!

 

Jesús resucitado se ofrece como una nueva posibilidad de vida para sus discípulos y para aquellos que creen en Él. El encuentro del resucitado lo viven como un acontecimiento que transforma toda su existencia. En verdad acontece como una nueva creación que hace “ver nuevas” todas las cosas. Se vive la vida desde una nueva perspectiva que lleva a vivirla desde “un nuevo comienzo” con nuevo ardor, renovada esperanza y una fe inquebrantable por lo que se podrá afrontar todo lo que venga desde la seguridad de la Fidelidad de Dios en todo momento. Cristo está siempre con nosotros ofreciendo su amistad y su dinamismo de vida que es el Espíritu.

 

En los domingos de Pascua se nos narran diversos encuentros de Jesús Resucitado con sus discípulos y lo que acontece en ellos durante el encuentro.

Recordamos Marcos 16, 6-7. “Pero él (un joven) les dice (a las Marías): Dejad ya vuestro miedo. Buscáis a Jesús, el Nazareno, el crucificado. HA RESUCITADO, no está aquí. Pero ID a decir a sus discípulos, y a Pedro, que él irá antes que vosotros a Galilea; allí lo veréis, según él mismo os dijo”. Contemplamos en este texto el imperativo (ID) pronunciado por el ángel. Les invita a ir a donde todo había comenzado: a Galilea. Podemos ver en el mandato una invitación a volver a empezar de nuevo. Allí le volverán a ver. Cuando le vean se rehará la comunidad con Jesús y volverán a empezar. Pero no se volverán a repetir las mismas cosas. Ahora es un empezar de nuevo para llevar adelante el anuncio de la Buena Noticia desde la convicción de que el resucitado ha vencido a la muerte y que con él se ha cumplido “todo”. El anuncio se abre hacia todos los pueblos y se va a empezar por la Galilea de los gentiles.

Juan 20,28: María Magdalena va entonces a anunciar a los discípulos: “He visto al Señor, y me ha dicho estas cosas”. El encuentro de la Magdalena con Jesús resucitado en el huerto donde habían enterrado a Jesús es antológico. María reconoce a Jesús cuando la llama por su nombre. Una llamada que cambia una vida. Ve a Jesús; mejor reconoce a Jesús desde una nueva realidad que cambia su luto en gozo y la hace ser la primera testigo de la resurrección. María de Magdala sí que ha resucitado también ella a una nueva vida. Toda ella iluminada desde el encuentro con el amigo resucitado. Es otra mujer.

Hoy es el evangelio de Lucas 24, 33 el que nos narra uno de estos encuentros: “Y en aquel mismo momento se levantaron y regresaron a Jerusalén, donde hallaron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: Es verdad. El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón. Entonces ellos refirieron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido en la fracción del pan”.

Si la muerte había fungido como fuerza centrífuga para la dispersión, la resurrección va a fungir como fuerza centrípeta para recomponer el grupo. Los dos de Emaús al reconocer a Jesús en la fracción del pan, saltan de gozo, abandonan todos sus miedos y de noche afrontan todos los riesgos del camino de regreso a Jerusalén para comunicar la gran noticia de su encuentro con el resucitado. Cuando llegan, encuentran reunidos a los Once y a alguno más. El grupo estaba restablecido por la fuerza del resucitado. Jesús crea la comunión y recrea la comunidad de sus seguidores que abandonaran todos sus miedos y empezarán a funcionar con un solo corazón y un alma sola teniendo todo en común.

En Hechos 3, 12-26: Pedro y Juan hacen andar en el nombre de Jesús al hombre cojo. Asistimos a una nueva proclamación del kerigma que termina diciendo: “para vosotros, en primer lugar, ha resucitado Dios a su siervo y lo ha enviado para bendeciros, a condición de que cada uno se aparte de sus maldades”. Jesús es la “Gran Bendición” de Dios que alcanza a todo el género humano.

Hechos 5, 17-42: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Constatamos el cambio de actitud y de vida en los apóstoles. En ellos se repite la historia del Maestro. Son perseguidos y encarcelados. Pero a ninguno se le ocurre escapar sino que continúan unidos y testimoniando con fuerza que “el Dios de nuestros padres, resucitó a Jesús”.

Es también muy significativo el caso de PABLO DE TARSO.

1 Corintios 15, 9-10: “Al último de todos, como a un aborto, se me apareció también a mí; pues yo soy el menor de los apóstoles, yo no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de dios soy lo que soy”.

La experiencia del resucitado en Pablo lo ha cambiado de raíz. De perseguidor a testigo de la resurrección y de la Gracia de Dios acontecida en Cristo Jesús. Él mismo es obra de esta Gracia de Dios que lo ha transformado y le ha dado una nueva vida. Todo ello por “pura gracia” y no por merecimientos (que Pablo los tenía sobrados según la Ley).

En Pablo se da una auténtica CONVERSION

Y es que no hay experiencia pascual sin conversión. Tener experiencia de resurrección es abrirse a una nueva posibilidad de vida donde no caben los derrotismos, los abandonos, los encerramientos en nuestras seguridades. Cerrarse en uno mismo es como querer parar la vida o querer parar la historia para apearnos de ella y vivir desinteresadamente y ver la vida pasar. Es querer no complicarse la vida y no dejarse afectar por lo que ocurre a nuestro lado. Es intentar vivir en una isla desierta. Ahí no hay espacio para la experiencia pascual.

Desde los textos proclamados podemos ver que siempre es posible un volver a empezar sin huir de nuestro entorno y sin aislarnos de la historia ni de nuestros coetáneos. El resucitado nos dice: ¡Animo, adelante! Vuelve a empezar. No tengas miedo.

La reconversión a Cristo si lo es de verdad es envolvente y arrastra a toda la persona. Es volverte a Cristo y reorientar toda tu persona hacia Cristo sin reservarme ninguna parcela. Es ir a Cristo con todo el corazón. Es dejarte invadir por su amor-amistad que te transforma de raíz y también te lleva a amar “sin medida” al que te Ama sin medida.

DIOS CREE EN TI CADA MAÑANA. Da lo mismo que tú no creas el Él.

EL SIGUE CREYENDO EN TI. Algún día conseguirá derribarte del caballo.

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