La familia en el siglo XXI

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Para algunos sociólogos, educadores sociales o pedagogos, la familia nunca ha estado en crisis. El universo familiar ha sido cambiante durante el desarrollo del siglo XX y los inicios del siglo XXI. Sin embargo, las funciones que la familia desempeña permanecen. Lo que es indudable es que el modelo patriarcal vinculado a la tradición latina del pater familias va desapareciendo, gestando, a su vez, un renovado modelo de corte igualitario donde la pareja desempeña múltiples roles bajo unas mismas condiciones para ambos cónyuges.

 

La vida familiar del siglo XXI está marcada, entre otras características, por la desaparición de la llamada familia extensa, compuesta por más de cuatro miembros, frente a la irrupción de la denominada familia nuclear, formada en ocasiones por familiares monoparentales o parejas con no más de dos hijos. La capacidad reproductiva se ha visto disminuida visiblemente no solo en las últimas décadas del siglo XX; salvo algunos repuntes ocasionales en los albores del siglo XXI, ha vuelto a descender en España a una media de 1,32 hijos por mujer en los últimos años, por debajo de la media europea, situada en 1,6, lo que nos permite valorar la disminución del número de miembros en el entorno familiar. La fragmentación de la familia mediante la extinción del vínculo matrimonial en los llamados divorcios, junto al debilitamiento de la institución matrimonial, ha sido otro de los condicionantes que nos ha expuesto ante un nuevo modelo familiar que obliga a la ciudadanía a la aceptación de unos nuevos desempeños o roles en el entorno familiar.

 

Sin embargo, ante un panorama que puede resultar estridente si reducimos todo su contenido a la frialdad estadística, encontramos en la familia el valor insustituible de la experiencia emocional. Tenemos valiosos ejemplos en numerosos jóvenes que se han visto obligados a retornar a casa como consecuencia del desempleo fomentado por la crisis económica. Nuevamente el servicio insustituible de los padres, o la atención de los abuelos, ha resultado importante para la reconstitución de los frustrados sueños de emancipación de una generación de jóvenes. La función de la familia se presenta así como generadora de esperanza, el lugar donde se han visto reflejados introspectivamente los vínculos del amor filial y el espacio adecuado para una reflexión pausada para retomar la orientación vital en tiempos de incertidumbre.

 

La familia es contemplada desde esta visión como un lugar de crecimiento, con capacidad de reparación y sanación emocional en la vorágine del día a día. Las crisis, conflictos, cambios pueden resultar más livianos y fortalecedores con la proximidad de los que consideramos los nuestros. Como bien decíamos al inicio, la familia no está en crisis, puesto que, como afirman algunos sociólogos y educadores, es la institución social con mayor permeabilidad para adaptarse a las nuevas realidades sociales. La huella familiar, si es positiva, permanece en la memoria sin término. Como afirman muchos padres a sus hijos cuando salen a enfrentarse la realidad de sus vidas, “no olvides nunca que este siempre será tú hogar”.

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