La familia, escuela de humanidad

Foto de Periodista Digital
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El pasado mes de octubre se celebró en la ciudad de Roma el sínodo extraordinario de la familia, un sínodo que se realizará en dos años, ya que la próxima asamblea ordinaria está prevista para octubre de 2015. La preocupación por el contexto socio-cultural de la familia y su cambiante configuración en los últimos años es motivo de reflexión y desafío para la Iglesia.

Entre los temas tratados en el citado sínodo está el significativo descenso de los matrimonios, así como el aumento de las llamadas parejas de hecho, la proliferación de la llamada familia monoparental, la presencia de un número creciente de personas, especialmente en Europa, que han optado por vivir solas o en condición de solteros/as, la fragilidad de los vínculos afectivos, la violencia de género, la situación de la familia a consecuencia de la inmigración, los conflictos armados, el creciente aumento de las familias que rozan el umbral de la pobreza… En definitiva, las numerosas secuelas humanas que lastran y, al mismo tiempo, debilitan el entorno familiar como un lugar clave o emblemático para la realización humana.

La significatividad del mundo familiar es un valor insustituible para comprender el proceso de socialización humano, ya que es una manera de interiorizar o acceder al desarrollo dentro de nuestro entorno social y, al mismo tiempo, complemento para nuestra realidad personal. La llamada socialización primaria tiene en la familia y en la escuela sus dos resortes básicos para la adquisición de normas, conductas, costumbres o destrezas que permitan a todas las personas incorporarse como seres activos a su realidad social. La familia, por lo tanto, ocupa un lugar prioritario como agente socializador. Los individuos de una sociedad comparten lo que son por aquello que han recibido o vivido junto a aquellos que son sus más allegados por parentesco o cercanía.

Entre los “ecos” que han resonado en la asamblea sinodal se ha priorizado el valor de la misericordia frente a la rigidez normativa, apostando por una metodología dialogante que ayude a identificar los frenos que pueden paralizar una pieza tan representativa e institucional como la familia. Los Dehonianos tienen como lema inspirante de su próximo capítulo general (que tendrá lugar en Roma entre el 17 de mayo y el 6 de junio) “Misericordiosos en comunidad con los pobres”. Como podemos comprobar, la misericordia se convierte en un proceso de atención y auxilio ante las dificultades de nuestros semejantes, que merecen todo nuestro cuidado y esmero para reconstituir, lo más plenamente posible, nuestras sociedades, a las que los religiosos Dehonianos deseamos contribuir como familia o comunidad. La familia, como agente socializador y transmisor educativo, pide también para sí el auxilio de la misericordia para nuestra realidad del siglo XXI.

La constitución pastoral Gaudium et Spes señala, en su número 52, que “la familia es una escuela del más rico humanismo […] en la que se reúnen diversas generaciones y se ayudan mutuamente a adquirir una sabiduría más plena y a conjugar los derechos de las personas con las otras exigencias de la vida social, constituye el fundamento de la sociedad”. Bella síntesis final para expresar el hondo calado que la familia tiene tras de sí y a la que pedimos que siga ejerciendo como escuela de humanidad.

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