La intercongregacionalidad en el trabajo de la pastoral juvenil vocacional y misionera

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Desde el comienzo del trabajo de la PJVM (pastoral juvenil vocacional misionera), en ambas comunidades tuvimos claro que no podíamos realizarlo solos como congregación aparte de las demás. Fue una opción fruto del trabajo compartido que ya se estaba realizando en los demás ámbitos pastorales. Tanto en Bahía como en Quito, la pastoral de las parroquias se organiza en conjunto con otras congregaciones e institutos. En Bahía junto con las hijas pobres de la Visitación de María, con las religiosas de la Providencia y junto con las Hijas de la Caridad. En Quito junto con las religiosas de la Asunción.

El trabajo vocacional no podía ser de otro modo y no hubo resistencias ni bloqueos para llevarlo a cabo de este modo. Es indudable que la Intercongregacionalidad es una riqueza para todos, pero ¿dónde están los motivos?

La sensibilidad intercongregacional está muy presente en Ecuador, sobre todo entre los institutos y congregaciones con pocos miembros. Al no ser muchos miembros es fácil comprender la necesidad de unir las fuerzas para ser más significativos. La CER (Conferencia Ecuatoriana de Religiosos) tiene la Intercongregacionalidad como una base fundamental en su existir.

Pero no puede ser sólo por ser pocos o por el movimiento social de “globalización” presente en nuestra época histórica. Los religiosos/as estamos unificados por una misma Misión, tenemos todos una única y misma fuente carismática que es el Espíritu. Es escandaloso y sorprendente el desconocimiento, la lejanía, el asilamiento en que, a veces, vivimos como si cada instituto fuera en sí mismo autosuficiente, sin sentir la necesidad de enriquecernos con el carisma de los demás e incluso de enriquecer a los otros con las peculiaridades del propio don carismático.

Además, el Concilio Vaticano II nos propone una eclesiología clara de comunión donde todos nos enriquecemos de todos. La Iglesia es la matriz en la que se engendra y de la que nace la VR, en ella todos estamos conectados pues ella es “fuente” (DV 24).

La Intercongregacionalidad no es una estrategia por los momentos que estamos viviendo sino una opción que nace del ser mismo como Iglesia con pluralidad de carismas en la unidad de un cuerpo (1Cor 12, 4-28).

Lo llevamos a cabo con el fin de ofrecer al joven un abanico de posibilidades para concretar su seguimiento de Jesús. Así, en la actualidad, trabajamos con varias congregaciones e institutos masculinos y femeninos. Lo hacemos en experiencias de misión y de vida comunitaria, en concreto con: religiosos terciarios capuchinos, religiosos de la orden de San Juan de Dios, religiosos hermanos del Cottolengo, etc..

La experiencia hasta ahora es que nadie pierde, sino que todos ganamos al compartir el propio carisma, aumenta nuestra identidad concreta y se enriquece con el aporte de los demás.

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