La lección del samaritano

1ª LECTURA: Deuteronomio 30, 10-14 “El mandamiento está muy cerca de ti; cúmplelo”
SALMO RESPONSORIAL: Humildes, buscad al Señor y revivirá vuestro corazón
2ª LECTURA: Colosenses 1, 15-20 “Todo fue creado por él y para él”
EVANGELIO: Lucas 10, 25-37 “¿Quién es mi prójimo?”

En las calles de nuestras ciudades encontramos personas sin nombre que tienden su mano a los que pasan por su lado. Damos unas monedas y continuamos nuestro camino. Hemos cumplido con el precepto de la caridad y tenemos la conciencia tranquila. La caridad no consiste en dar poco o mucho. Según la parábola evangélica, se trata de “ver”, “acercarse” y “actuar”. “Ver” para darse cuenta de la presencia del prójimo; “acercarse” para darse cuenta de su situación y “actuar” poniendo el remedio que esté a nuestro alcance. ¡Hay muchos ciegos en nuestra sociedad! Ven al necesitado y pasan de largo. El samaritano se paró, se acercó y actuó. Dedicó su tiempo al malherido por los bandidos. Vivimos con prisas y con los semáforos verdes; el tiempo se cotiza como oro. La caridad consiste en “acercarse”; muchos pasan de largo. El samaritano vendó las heridas al malherido, lo llevó a la posada y lo cuidó. Estos verbos son de acción y de cercanía. La verdadera caridad no consiste solamente en “dar” sino en “darse”. La caridad hacia el prójimo no pide, en cambio, correspondencia; es generosa y desinteresada. ¿Quiénes fueron los bandidos? ¿Por qué lo hirieron? El samaritano no se dedico a buscar a los bandidos, se preocupó del malherido. En nuestras ciudades y pueblos hay muchos prójimos malheridos por el hambre y la injusticia, por la guerra y el odio, por la droga y la violencia. ¡Cuantas personas destrozadas en su interior, marginadas y frustradas! El samaritano hizo lo que pudo. El prójimo lo tenemos a nuestro lado y está malherido. Si todos hiciéramos lo que hizo el samaritano, nuestra sociedad cambiaría radicalmente.
 

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