La mirada del Señor o la liturgia

En la liturgia de la Iglesia acontece lo contrario: es el Señor el que nos mira. La Iglesia es consciente de ello y por eso, incluso, lo pide reiteradamente: “Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre, y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna (Oración colecta del domingo XXIII del tiempo Ordinario). En la Plegaria Eucarística se insiste claramente que esa mirada es la del Padre: “Dirige tu mirada, Padre santo, sobre esta ofrenda; es Jesucristo que se ofrece con su Cuerpo y con su sangre y, por este sacrificio, nos abre el camino hacia ti (Plegaría Eucarística V/b). Fijemos nuestra atención en la mirada del Señor, en la liturgia. Es la mirada que necesitamos con urgencia. Es la que debemos reconocer, valorar y agradecer, porque la otra, nuestra mirada, la de nuestras devociones, la tenemos tan ardiente en nuestro corazón que no necesita fuelle que mantenga vivo su fuego. En estos días estaremos atentos a cuatro miradas que nos hace el Padre.

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