La muerte, ¿problema técnico?

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Las lecturas de este domingo, son las 3 muy lindas, pero como que cada una va a su aire. La primera (Sabiduría 6, 12-18) es un canto a la Sabiduría radiante e inmarcesible. Sustituir el substantivo “Sabiduría” por el de “La Palabra” o “Jesús” y verán que hermoso encuentro con el Señor.

El evangelio (Mt 25, 1-13) nos invita a “Velar, porque no sabemos ni el día ni la hora”. Una mirada al final de los tiempos, a la segunda venida del Señor y al Juicio final. Estamos en el final del año litúrgico y se nos invita a mirar hacia el horizonte del final de la historia y la actitud que hemos de tener ante ese evento.

La segunda lectura (1 Tesalonicenses 4, 13-17) nos habla del encuentro con el Señor Jesús que viene para llevarnos con Él. La lectura habla de la muerte, pero no como preocupación de la comunidad. Lo que preocupa a la comunidad es el retraso de la “segunda venida del Señor”, de su venida en Gloria. Esperaban ansiosamente este encuentro con el Señor, y la muerte de algunos de ellos les parecía que truncaba esta esperanza y este encuentro con el Señor. Por eso Pablo les dice que no se preocupen porque todos llegaremos a ese encuentro con el Señor, que viene a buscarnos para llevarnos con Él a la casa del Padre. (Repite la imagen del novio que viene para llevarse en el cortejo a la novia hacia su casa). Los que han muerto RESUCITARAN. Esta es la convicción de Pablo. La muerte no es un obstáculo. Es un paso, un trámite; pero no es lo definitivo ni mucho menos.

Fíjense en la delicadeza de la comunidad Tesalónica con los muertos. Ellos se habían bautizado y esperaban gozosamente la venida del Señor que estaba ahí, a la puerta de la esquina. Pero la venida del Señor se retrasaba y algunos de entre los bautizados ya habían muerto. No dudaban de la venida del Seño, pero les parecía injusto que los que iban muriendo no tomaran parte del festejo victorioso de Cristo. La salvación prometida era solo para algunos y no para todos, porque la muerte los separaba definitivamente de la vida. Pablo rompe barreras de espacio y tiempo y afirma que esos muertos resucitarán para poder reunirse con Cristo. La muerte no puede romper la justicia de Dios.

Hasta aquí el resumen de nuestra fe. Pero, ¿y si la muerte fuera un problema técnico de nuestra especie que, con eso de que la ciencia avanza que es una barbaridad, sería superable gracias a la ciencia médica o técnica? Últimamente he leído algo sobre transhumanismo y los complejos problemas que de orden ético, filosófico, moral, teológico se abren ante un futuro que en la mente de algunos llegará en breve y para otros se dan una serie de problemas de no fácil solución. Suponiendo, que es mucho suponer, que la muerte fuera vencida por la técnica. ¿Tendría valor la oferta de Salvación de Jesús?

Saben que voy a responder que SI, porque la oferta de Jesús va por otros derroteros, aunque cuente con la muerte que es el último enemigo a vencer.

Yo creo en la Vida Eterna, porque creo en la fidelidad de Dios Creador. Dios crea y crea para la vida. Dios no “descrea”. Podría haber creado o no, pero una vez que se embarca en la obra creadora, Él, su Palabra, es garantía de perdurabilidad. DIOS NO DESCREA. Por eso creo en la

Pascua de la creación. Toda la creación, con hombres de 100 o de mil años, está llamada a hacer pascua o paso de este eón o tiempo al Eón o Tiempo de Dios.

Creo en la resurrección de los muertos y la Vida eterna, porque Dios es Dios de vivos. Abraham, Isaac y Jacob están vivos para Dios. Y con ellos todos los que han sido bendecidos en ellos. Por lo tanto, la muerte no rompe esa vinculación con el Dios de la Vida. Esa Vida es más fuerte que la muerte y la comunión con esa Vida es anterior a la muerte biológica.

Creo en la resurrección de los muertos y en la Vida Eterna, porque Cristo en la cruz le dijo al buen ladrón: “HOY estarás conmigo en el paraíso”. Frase dicha en la antesala de la muerte cruenta de los dos protagonistas. Por la muerte se entra en el HOY de Dios. Un espacio – tiempo distinto que permanentemente toca nuestro espacio tiempo histórico que en el momento de la muerte se abre para llegar a ser eterno.

Creo en la resurrección de los muertos y en la Vida eterna, porque Jesús murió confiando en su Padre en el momento de su aniquilación.

Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna, porque Jesús RESUCITÓ AL TERCER DIA DE ENTRE LOS MUERTOS. Y con Él, resucitaremos todos.

La oferta de la ciencia que vencerá a la muerte, no me inquieta. Pero no me vale como oferta de salvación, porque, primero no llega a todos. Son muchos los millones de hombres que ya han sido y que para ellos esta oferta no les sirve de nada. Es injusta, no es equitativa. Además va a ser selectiva. Solo para los ricos o muy ricos. El resto de la humanidad no contará para esos “beneficios”. Además puede que a la larga resulte aburrida e insoportable.

La oferta de Jesús es para todos y de calidad infinitamente superior.

La oferta de Jesús es liberación de la muerte en el hoy de mi historia. Hoy liberado del miedo a morir, liberado de mi egoísmo y soberbia; liberado de mi egocentrismo. Egoísmo, soberbia, envidia, soledad, desconsuelo… son otras muertes peores que la muerte física. De esas muertes también me libera el Señor. Hoy, yo puedo libremente entregar mi vida y morir cada día al servicio del hermano, del otro, del pobre. Hoy es el día de mi muerte y mi resurrección. Hoy puedo ir aprendiendo a morir viviendo obediencialmente a mi Padre Dios. Hoy puedo gustar la Vida eterna. Hoy puedo trabajar para “adelantar” la pascua de la creación y la llegada del Reino de Dios. Hoy puedo esperar y preparar la venida del Señor.

Por eso sigue siendo válido: “Velad, porque no sabéis el día ni la hora”

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