La Palabra viva y deseada: Tercer domingo del tiempo ordinario, ciclo C

La liturgia de hoy nos acerca de un modo especial a la Palabra de Dios. Israel escucha en silencio meditativo la proclamación de la Ley, y luego hace fiesta porque Dios les ha hablado por medio de la Ley. Jesús, en la sinagoga de Nazaret, proclama un texto del profeta Isaías. Jerusalén, reconstruida después del exilio babilónico, acoge a una multitud, se proclama solemnemente la palabra de Dios: “Hoy es un día consagrado a nuestro Dios”. También en la sinagoga de Nazaret se proclama la Ley y todos los ojos se fijan en él. Jesús, después de devolver el libro de la Ley, afirma: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. El hoy de la palabra de Dios sobrepasa la historia y el tiempo. La Palabra no envejece, siempre es joven y renueva el corazón de aquellos que la escuchan. Demos gracias a Dios por su Palabra siempre viva y cantemos en el día de hoy con fuerza:

Cuánto amor, Señor, derraman tus palabras
y tu voz que me habla al corazón.
Desde ti podré nacer de nuevo y confiar,
que si caigo, siempre me levantarás. Amén.

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