La Providencia de Dios

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Antes que nada, quisiera enviar un saludo a todos los que van siguiendo el blog y se van interesando por las múltiples experiencias que vamos compartiendo con ustedes. Gracias a todos los que leen estas reflexiones y las comparten; es emotivo y muy agradable saber que por medio de estas pequeñas experiencias los hacemos participes de nuestro caminar como novicios.

En esta ocasión les pediré que abramos nuestra Biblia y busquemos la cita que he colocado como subtitulo y que hace referencia al título. ¿Por qué les pido eso? Porque he sido testigo de que Dios actúa; a veces entre tantas cosas que no lo vemos. Además, Él se acerca con predilección a todos aquellos que más lo necesitan y les buscan de todo corazón.

Hace algunos días estuvimos en un lugar bendecido llamado: el Cottolengo del Padre Alegre, en las Hurdes (Extremadura). Allí viven unas religiosas con un carisma bastante hermoso. Su carisma consiste en vivir de la Providencia de Dios, pero no sólo para sostenerse ellas, sino para sostener a un grupo de personas, que no se pueden valer por sí mismas y que necesitan la ayuda de otros para poder hacer muchas de las cosas básicas que nosotros hacemos diariamente: comer, asearse, moverse etc. Estas hermanas junto con un grupo de trabajadores y algunas personas voluntarias, que como nosotros van a conocer y a servir a Cristo en cada uno de esos hermanos, llevan adelante, con la Gracia de Dios, esa hermosa obra.

Hay experiencias que realmente te hacen decir que la Bondad de Dios es infinita y te hacen cuestionar todo lo que eres y tienes como persona. En esta ocasión fui testigo y puedo decir que Dios actúa, Dios obra, Dios hace milagros en medio de nosotros, pero a veces no somos capaces de verlos.

Durante la semana que estuve en el Cottolengo fui testigo del milagro de ver a un grupo de personas trabajando, sirviendo, ayudando, dándose a sí mismos y todo eso confiando en que la Providencia de Dios va a sostener todo lo que hagan.

Todo esto que les digo está sostenido por una actitud fundamental en la vida de todo cristiano: la oración; ese estar en continuo contacto con Dios; ese dejar que Él entre en nuestras vidas y ese dejar que sea Él, el que camine con nosotros; dentro de nuestra historia.

Le doy gracias a Dios por esta experiencia que es bastante difícil concretar con palabras, pero que caló profundamente en mi corazón. Les pido que oren por las hermanas servidoras de Jesús del Cottolengo del Padre Alegre.

Me despido con una frase de este sacerdote: “Para mí todo el mundo se reduce a amar a Dios y a los pobrecitos por amor de Dios; pero con amor de obras, no de

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