La vida sigue adelante en Bahía, pero queda mucho trabajo por hacer

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El consejero general, p. Stephen Huffstetter, ha estado visitando junto a un grupo de Dehonianos la zona de Bahía de Caráquez, una de las zonas más golpadas por el terremoto de Ecuador.

El p. Bruno Roque y el p. Ramón Soriano, uno de los tres refundadores de la Provincia de Ecuador, les guiaron hacia el lugar en el que los misioneros de SCJ aterrizaron en 1897. Ecuador fue la primera nación consagrada al Sagrado Corazón, por eso tiene un significado especial. En la actualidad sirven en tres parroquias y nueve capillas.

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Después del terremoto, la Iglesia ha sido una de las instituciones más confiables, los grupos de rescate han traído ayuda y comida directamente para la gente más necesitada. El aparcamiento de la Iglesia de Leonidas Plaza ha sido ocupado parcialmente por carpas y tiendas. En la Iglesia se observan grietas y hasta que no se reparen los daños estructurales no se podrá utilizar para la liturgia. Hasta ese momento, la Iglesia es un almacén y dentro hay sacos de cemento, pañales, libros para colorear, camas, colchones, mantas, agua embotellada…

En la ciudad se siguen observando los daños, algunos bloques de casas fueron totalmente destruidos. El golpe más duro se lo llevaron los rascacielos próximos al mar, que son inutilizables ahora, y hay casas en las colinas que se inclinaron mucho y han quedado también inservibles. Aunque parezca mentira, muchas de las casas elaboradas con maderas y cañas sobrevivieron al no ser rígidas, y aunque se balancearon, no han quedado destruidas. Muchos caminos también han sido dañados y una obra importante ha sido la reconstrucción de tramos largos de autopista, así como la pavimentación de las principales carreteras.

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Más de tres meses después del terremoto hay personas que siguen viviendo en refugios y gente que vivía en Bahía de Caráquez ha preferido trasladarse a otro lugar. La economía ya estaba en dificultades y el terremoto lo agravó aún más. La mayoría de la gente, con su salario (la media es de 325 $) no pudo pagar el seguro de su casa, y ahora lo ha perdido todo.

La capilla “Bella Vista” se derrumbó y fue completamente demolida. En una colina de la ciudad se levanta una gran cruz y es un signo de fe y esperanza. La situación es complicada, hay escuelas inutilizables y los estudiantes aún no saben dónde van a seguir cursando los estudios. Es frecuente ver algunas plazas ocupadas por carpas, también en las afueras de la ciudad. En la iglesia de San Jorge, el campanario se ha separado del edificio principal.

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Los Sacerdotes del Sagrado Corazón tratan de ayudar en todo lo posible. En el albergue que tienen se construyó temporalmente una estructura metálica para que sirva de refugio, permitiendo a la gente protegerse del viento. La vida está siendo dura en Bahía de Caráquez, pero la gente agradece la ayuda. El sonido de las excavadoras es común allá donde vayas.

Los Dehonianos han ayudado a construir 17 casas construidas sobre pilones de hormigón dentro del proyecto “Marianita”, conectados a agua y al alcantarillado, de la que ya se han podido beneficiar más de 25 familias.

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El consejero general, p. Stephen Huffstetter, celebró la misa en la parroquia San Jorge e insistió en que “la esperanza y mi oración es que este tiempo de angustia y el desastre puede ser un momento en el que presenciar y aumentar el amor y la solidaridad”.

Uno de los proyectos es el de los comedores para los pobres en la parroquia, donde se preparan comidas diarias para los niños de la zona. También está el proyecto “Talitha Kum”, dedicado al cuidado de los niños con discapacidades físicas y mentales.

José Luis Ángel, profesor de Finanzas en Esic Madrid, viajó a la ciudad de Quito para reunirse con aquellas personas que han recibido microcréditos sin intereses a través de la Fundación Orbayu. La mayoría de las 60 personas beneficiarias son mujeres que comienzan un pequeño negocio, y en Bahía de Caráquez, las ayudas fueron destinadas a 90 agricultores que necesitaban dinero para comprar elementos básicos como semillas o fertilizantes. Se considera que un poco de dinero en el lugar correcto y en el momento adecuado puede permitir recorrer un largo camino.

Actualmente, el centro Domus Cordi sirve como un centro de educación juvenil, y allí se han trasladado las Hermanas de la Visitación después de que su monasterio fuera derruido por el terremoto.

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Junto al p. Bruno, se subió un camión de abastecimiento para la comunidad de campo, llevando mesas y sillas para un programa de preescolar. Además se entregó una cama y un colchón para una persona mayor de 95 años que vive en una casa de madera. Sus dimensiones son de 9×9 metros y no tiene agua corriente.

La vida sigue en Bahía de Caráquez, pero aún falta mucha ayuda.

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