María Ródenas cuenta su experiencia como voluntaria en Ecuador (II)

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Continuamos informando sobre la experiencia de María Ródenas como voluntaria en Ecuador.

– ¿Durante el tiempo que estuviste allí, pensaste en algún momento en volverte a España?

Los comienzos en otra realidad y en otra cultura no son fáciles. Los primeros meses son de adaptación y hay momentos en los que te planteas regresar y piensas “¿Qué hago yo aquí?”; en mi caso fue así, ya que realicé el voluntariado sola. Los momentos de dudas o de flaqueza son normales, pero con el tiempo, la cercanía de la gente, las muestras de cariño y la acogida de todas las personas con las que te vas cruzando hace que progresivamente esa sensación vaya desapareciendo y te centres en lo que de verdad importa, y es el hecho de exprimir cada momento vivido y dar lo mejor de ti. Se deja una pequeña semilla en cada persona y eso te hace

-¿Qué consideras que te daba fuerza para continuar allí?

En los momentos de debilidad y cansancio te anima a seguir hacia delante el trabajo diario, el saber que cada día vas a encontrarte con personas que necesitan de ti. Es importante también, tener pequeños espacios personales de oración y reflexión; saber que Dios te acompaña y lo encuentras en cada gesto y en cada mirada. En mi caso, tuve estos momentos que también me servían para tomar fuerzas y continuar con más ilusión a trabajar con las personas de mi alrededor.

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-¿Cuándo te planteaste que querías ir como voluntaria?

Desde siempre había querido realizar una experiencia de cooperación fuera de España, ya que en mi tierra ya había hecho actividades de voluntariado y tenía bastante contacto con los colectivos más excluidos.  Aunque cuando tenía menos edad, no me veía con la suficiente madurez para realizarla. Dios siempre tiene un momento específico para cada persona, y el mío fue cuando vi la convocatoria para realizar el voluntariado en Ecuador, sentía que iría a pesar de que era una selección de muchos candidatos.

-¿Hay un antes y un después en tu vida después de aquella experiencia? ¿Qué cambios hubo en tu vida?

Sin dudarlo, sí. A todos los niveles hubo cambios importantes que tras la experiencia es importante interiorizar y dejar que se conviertan en nuevas formas de vida.

A nivel laboral y profesional he crecido mucho, interviniendo en situaciones que no tengo en España de manera habitual. Desde el primer momento, realizar charlas a muchas personas te da seguridad y confianza en ti misma. Atender a familias multiproblemáticas y que con el tiempo se acerquen a agradecerte la ayuda, no tiene precio. Son pequeños detalles que siempre se recuerdan cuando piensas en la experiencia que has realizado.

Respecto a lo espiritual, siempre diré que hubo un antes y un después ya que gracias a la misión volví a reencontrarme con Jesús, para mí, este es el cambio más importante que experimenté en mi vida. Es muy difícil expresar con palabras lo que sentí en la primera misión que realicé en una localidad llamada Mulalillo… en esas miradas y sonrisas encuentras a Dios, en la inocencia de los niños que te transmiten su alegría, y sobre todo en que, con poco, se puede ser feliz. Estamos muy cegados en esta sociedad consumista y egoísta y no vemos lo sencillo que es vivir con lo justo.

El resumen de mi vivencia se resume en que: “me fui como psicóloga voluntaria y regresé como misionera”.

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– ¿Qué formación recibiste por parte de los Dehonianos para emprender esta misión?

Antes de realizar la experiencia de voluntariado no conocía a la comunidad, por lo que la formación no la pude realizar con ellos. La formación fue continua, ya en Ecuador, aprendí muchos de ellos en el compartir diario.

-En abril nos sobrecogió la noticia de un fatal terremoto en ecuador, ¿cómo viviste aquel momento?

Con mucha incertidumbre… enseguida intenté ponerme en contacto con todos los conocidos, y fue casi imposible. El terremoto en las primeras horas e incluso días, arrasó con muchas zonas de la costa, dejando sin luz ni manera de comunicarse a mucha gente. Me afectó mucho por lo que significa Ecuador para mí, ha sido un año de mi vida allí y el sentimiento perdurará siempre.

Los padres dehonianos se pusieron en contacto en cuanto pudieron para mandar un mensaje de tranquilidad de que estaban bien, además de un mensaje de ayuda.

Han pasado meses, pero la situación continúa siendo difícil; en septiembre tuve la oportunidad de volver a Ecuador, durante 15 días, con la Delegación de misiones de Albacete. El impacto fue grande (y eso que habían pasado 6 meses), hay que reconstruir muchas zonas devastadas; pero lo más importante es la tarea de acompañar y/o ayudar a las personas que lo han perdido todo… Ecuador nos necesita y dentro de nuestras posibilidades debemos hacer todo lo posible.

– ¿Te gustaría volver de voluntaria? ¿Repetirías en Ecuador?

Es algo que sí me lo planteo, es una opción de vida. Aunque creo que el voluntario y/o misionero, tras permanecer en un sitio deber tener movilidad y viajar a otras zonas donde haya necesidad. Ahora mismo me encuentro en una época de decisión sobre volver a irme de voluntariado.

Ecuador siempre será mi segunda casa y espero poder volver otra vez.

– ¿Cómo animarías a la gente para que acuda como voluntario con los Dehonianos?

Aparte de ser una experiencia que te puede hacer crecer como persona, madurar y sentirte muy útil, si algo en tu interior te llama…hazle caso. Estas llamado para ir y para ayudar. Como dice nuestro lema de este año ATRÉVETE…a salir de tu tierra, a dejarlo todo durante un tiempo y a darte por completo a la gente que te espera y que te necesita.

Otro aspecto importante de ir a Ecuador es la necesidad que ahora mismo hay a causa del terremoto, por lo que es un destino idóneo para realizar el voluntariado.

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