P. Martino Capelli: «misionero truncado, mártir consumado»

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El próximo 26 de noviembre celebramos la Jornada de Memoria Dehoniana. Este año vamos a destacar la figura del P. Martino Capelli, scj.

El Padre Martino Capelli nació en Nembro (Italia) el 20 septiembre 1912, hijo de Martino (1862-1925) y de María Teresa Bonomi (1873-1931), casados en segundas nupcias en 1902; ellos tuvieron seis hijos, el último de los cuales será el futuro Siervo de Dios, que fue bautizado con el nombre de Nicola Giuseppe. Frecuentó la escuela elemental obligatoria en Nembro (1918-1922). Su confirmación coincide con la coronación de Nuestra Señora de los Dolores, en el santuario de Zuccarello, el 8 agosto 1920.

A la edad de doce años ingresó en la Escuela Apostólica del Sagrado Corazón de Albino, donde los dehonianos habían establecido un seminario menor desde 1907. Aquí Martino realizó sus estudios en secundaria.

De Albino pasó a Albisola Superiore, al noviciado dehoniano, que estaba junto al santuario mariano de la Paz, haciendo su primera profesión el 23 de septiembre de 1930 y tomando el nombre religioso de su difunto padre, Martino María. Su formación religiosa la continuó en el Escolasticado Misionero de Bolonia cursando Bachillerato y Filosofía.

Después del primer curso, Martino fue destinado a Albino donde vive experiencias esenciales para su vida, como la conferencia del sacerdote Luigi Ziliani, que huyó durante las persecuciones religiosas de México.  Por este motivo, P. Martino Capelli pidió “a la Virgen de los mártires mexicanos, que un día yo también yo sea un mártir de Cristo Rey y de ti, Inmaculada Virgen… Estoy seguro… de que me lo concederás” (12.12.1931). Pocos días después, murió su madre y él eligió a Nuestra Señora de los Dolores como su nueva madre: “Ahora, oh María, sé también mi madre material”.

Al regresar a Bolonia, continuó los estudios filosóficos e hizo sus votos perpetuos el 23 de septiembre de 1933, consagrándose al Sagrado Corazón de Jesús. Después de un año destinado en Trento como “Prefecto” (1934-35), comenzó el curso de teología en el seminario regional Benedicto XV pasando tres años en el Escolasticado SCJ de Bolonia, donde recibió las órdenes menores y en 1938 el presbiterado. Celebró su primera misa solemne en Nembro en el santuario de la Virgen de Zuccarello.

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Su deseo, mencionado durante el período de formación, era convertirse en mártir y misionero. Al final del cuarto año de teología, pidió a sus superiores ser enviado a China. Pero, debido al inicio de la II Guerra Mundial, fue destinado a Roma, donde inició sus estudios en el Instituto Bíblico. El tercer año de su estancia en Roma, se matriculó en la Universidad de Propaganda Fide, obteniendo la nota de cum laude en la licencia de Teología. Martino Capelli quería proseguir sus estudios y terminar la tesis, pero sus superiores decidieron, dada la falta de profesores en el Escolaticado SCJ, que fuese destinado, temporalmente, a Castiglione dei Pepoli. Mientras tanto, la II Guerra Mundial se acercaba cada vez más a Italia, y en el verano de 1944 los alemanes (las tropas de las SS) solicitaron el Escolasticado con la intención de convertirlo en un hospital. Es así, que de manera forzada debieron trasladarse al pueblo de Burzanella.

Capelli, después de tres semanas de predicación, llegó a la nueva comunidad. El 18 de julio, los nazis rodearon el pueblo, quemaron casas y capturaron a cinco personas. Él presenció la ejecución de los dos partisanos en la plaza de la iglesia.

Unos días después, el P. Martino se marchó a Pioppe di Salvaro para ayudar a Mons. Fidenzo Mellini, quien lo había invitado a pasar las vacaciones y, allí, encontró a un buen amigo y hermano, D. Elia Comini, sacerdote salesiano. Juntos vivirán más tarde su triduo martirial. El tiempo lo dedicaba a predicar en la parroquia de Pioppe di Salvaro o en los pueblos vecinos, donde trasmitía la Buena Noticia.

El viernes 29 de septiembre de 1944, corrieron rumores de que las tropas de las SS estaban rastreando la zona. La casa parroquial y la iglesia de Pioppe di Salvaro se llenaron de gente aterrorizada. El primer pensamiento de los dos sacerdotes fue salvar a los hombres, expuestos a las represalias. Cuando se celebró la misa, llegó un hombre sin aliento, que advirtió que habían asesinado a familias enteras en La Creda. P. Capelli y D. Comini, resistiendo a la disuasión de las mujeres, decidieron acudir para prestar ayuda y consuelo religioso a esas personas. Pero los dos fueron arrestados por las tropas SS y fueron obligados a llevar la carga pesada de la munición todo el día. Al atardecer los llevaron al establo de la Canapiera (fábrica de cáñamo) frente a la iglesia de Pioppe.

El sábado 30 de septiembre, alrededor del mediodía, las SS y un oficial republicano, acompañados por un traidor de los partisanos, les interrogaron para sacar información sobre los prisioneros y para trasladar a trabajar en Alemania a los hombres más hábiles. P. Capelli fue acusado falsamente, junto con D. Comini, de ser partidario de los partisanos ya que lo habían visto en S. Martino, con el párroco Don Marchioni, y esto fue suficiente para creer que era partisano.

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Los dos religiosos, recluidos en una pequeña estancia, entendieron que su destino ya no pertenecía a ellos. Alguien pudo verlos desde la ventana: Don Comini señaló el cielo mientras que el P. Martino oraba, pero nadie sabrá cómo vivieron aquella noche de Getsemaní y de sufrimiento.

Después de dos días de cruel encarcelamiento, el domingo 1 de octubre, la maestra de Pioppe di Salvaro, Dina Pescio, pudo comunicarse con los dos sacerdotes. Don Elia trató de consolarla, de que tranquilizara a su madre y al final la bendijo. El P. Martino no abrió la boca, pero hizo una señal de bendición y continuó orando.

En esa tarde, los presos fueron conducidos a la presa, que regulaba el agua para la obtención de electricidad de la fábrica de cáñamo. En ese momento estaba vacía y llena de barro y fango. Las ametralladoras fueron colocadas a pocos metros de distancia. Y las 44 víctimas fueron asesinadas, cayendo los cuerpos en la presa. El P. Capelli se levantó, dijo unas palabras e hizo la señal de la cruz. Impartiendo esta última bendición, cayó con los brazos en la cruz. Tenía 32 años.

Nadie pudo acercarse para prestar ayuda o para enterrar a los muertos. Éstos permanecieron allí durante días, hasta que llenaron de agua la presa y, entonces, todos los cuerpos desembocaron en el rio Reno y desaparecieron.

Mucho tiempo atrás, el 8 de diciembre de 1932, P. Martino, que entonces tenía veinte años, había escrito esta petición a Nuestra Señora: “Un día, oh Madre, nos volveremos a encontrar en el lecho de muerte de mi martirio. ¡Sí, siempre seré tuyo, todo tuyo!”.

El lecho de muerte del P. Martino era el barro y el fango de la presa de Pioppe di Salvaro. La Virgen de los Dolores lo esperó en ese triste lugar, para llevarlo con ella, finalmente a la luz y la paz del Señor resucitado.

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