Memoria Dehoniana (V)

El 15 de febrero de 1942, las tropas japonesas conquistan y ocupan Palembang/Sumatra, isla del entonces imperio colonial holandés. Tras la invasión japonesa en un primer momento la obra misionera no es impedida. Esta situación cambia radicalmente a partir del 1 de abril de 1942, día en el que todos los europeos son internados, los hombres en la prisión de Palembang, las mujeres y los niños en algunas residencias europeas. Más tarde los internos deberán construir con sus propias manos dos campos de concentración, uno para las mujeres y otro para los hombres respectivamente.

En julio/agosto de 1943 los japoneses llevan a cabo violentos rastreos en busca de presuntos colaboradores de los aliados. Seguidamente, los europeos de los campos de concentración de Palembang, y entre estos numerosos religiosos, son deportados al campo de Muntok en la isla de Bangka: una zona árida con un clima difícil. Las porciones de alimento cotidiano van de 100 a un máximo de 300 gramos de arroz. Esta trato era habitual en los campos de concentración japoneses para debilitar y exterminar poco a poco a los prisioneros. La desnutrición hace que cesen las actividades en las escuelas, asilos, etc. A menudo, los internos están demasiado débiles como para asistir a los funerales de alguno de sus difuntos. Solo en el campo de Muntok por desnutrición mueren cerca de 250 hombres de 942; la cuota de mujeres es similar; la de niños probablemente superior. También once dehonianos holandeses no sobreviven en este lugar de terror. Son:

01. P. Heinrich Norbert van Oort,
02. P. Peter Matthias Cobbern,
03. P. Francis Hofstad,
04. P. Isidore Gabriel Mikkers,
05. P. Theodore Thomas Kappers,
06. P. Andrew Gebbing,
07. P. Peter Nicasius van Eyk,
08. P. Francis John v. Iersel,
09. P. Wilhelm Francisc Hoffmann,
10. Hno. Matthew Gerard Schulte,
11. Hno. Wilfrid Theodore van der Werf.

 

 

Víctimas de los crímenes de la guerra
Dehonianos holandeses en Indonesia

 La muerte de 11 cohermanos holandeses en el campo de concentración japonés de Muntok en la isla de Bangka/Indonesia en los años 1944/45 forma parte de una historia muy compleja: se cruzan los crímenes de guerra de los japoneses contra la población de los países ocupados, la caída de Holanda como poder colonial, el crecimiento del movimiento de independencia indonesio, el conjunto de la segunda guerra mundial en el Pacífico y, la vida y el calvario de cada cohermano. Todo ello sumado, una red de tantos elementos diferentes y dependientes el uno del otro que hace incluso hoy difícil considerar adecuadamente el testimonio de aquellos cohermanos.

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