Memoria Dehoniana (VIII)

En diciembre de 2000 llegó a los Dehonianos la siguiente invitación: “El alcalde de Tamandaré (Pernambuco, Brasil), Paulo Guimarães dos Santos, se honra invitarle a la concelebración que tendrá lugar el 15 de diciembre de este año a las 18.00 en la Colonia de los Pescadores con ocasión del 25° aniversario de la muerte del P. Paulo Punt. Tras la Misa tendrá lugar la dedicación al P. Paulo Punt de la plaza y la inauguración del monumento”.

¿Quién era este cohermano, cuya memoria permanece tan viva entre los habitantes de Tamandaré?

Nacido en 1913 en Holanda, dejó su patria en 1936 para robustecer la presencia SCJ en el Nordeste de Brasil. Tras su ordenación en 1941 y el ministerio en diferentes parroquias, en 1968 el P. Paulo inició un trabajo nuevo en el distrito de Tamandaré. Y aquí comenzó a ejercer también el trabajo de pescador de una forma profesional. Sensible a la difícil situación en la que vivían los pescadores y los pobres, el P. Paulo les ayudó a organizarse y fundó una cooperativa profesional. Y llegó a ser el presidente. Siendo una ciudad portuaria, en Tamandaré estaba muy difundida la práctica del contrabando de bebidas y electrodomésticos. El P. Paulo lo supo y viendo que los pescadores podían verse envueltos, aún sin culpa, y ser perjudicados, diversas veces el P. Paulo denunció el hecho y, por esto, comenzaron a crecer enemistades y persecuciones contra él.

En el intento de alejarlo de la ciudad fue acusado de ser comunista, acusación que en aquel tiempo, con la dictadura militar en el país, era muy grave. Pero los mismos órganos de la seguridad nacional reconocieron que se trataba de denuncias infundadas.

Diferentes veces el P. Provincial de entonces, Pedro Neefs, temiendo por su vida, intentó persuadir al P. Paulo de que dejase Tamandaré; pero, aun sabiendo el riesgo mortal que corría, estaba convencido de que aquel era su puesto.
Comprometido sobretodo por la vida, el P. Paulo no percibió la trama que sórdidamente se estaba tejiendo contra él.

El 15 de diciembre de 1975 era un día de fiesta. Se celebraba la conclusión del curso del instituto local. Al final del día, a la conclusión de tantas solemnes ceremonias, el asesino se dirigió decidido hacia el P. Paulo y le descerrajó tres tiros precisos y mortales, que supusieron el fin de su vida terrena.

En la historia de esta vida toda dedicada a los pobres, a los simples, y a los pequeños es importante constatar cómo aquellas balas asesinas no lograron desterrar al P. Paulo de la memoria y del corazón afectuoso de la gente de Tamandaré.

 

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