Mensaje pascual del Superior provincial

¡Amén, aleluya 2010!

   “Dichosos los que crean sin haber visto”. Es la bienaventuranza del Resucitado que hago extensiva a todos los hermanos y amigos de la Familia dehoniana. Por tanto, recibid un abrazo pascual y de bienaventuranza. Así es. Creer es renunciar a ver con los ojos físicos, a tocar con las manos, a meter los dedos en las heridas del crucificado para identificar al resucitado. Creer es buscar y encontrar al Señor, nuestro Dios, en la asamblea de los que creen que Jesús es el Mesías. Creer es un don y quien recibe un don es porque se le confía una misión. En consecuencia, nosotros –presididos por los sucesores de los apóstoles- continuamos en esa tarea. De acuerdo con todo esto pedimos que “la fuerza del sacramento pascual persevere siempre en nosotros”. Hemos pasado una larga noche, de forma litúrgica, durante cuarenta días y, en la vida cotidiana, con tantos momentos de soledad y de fatiga. Naturalmente la cruz es un camino, pero no el término del recorrido. El objetivo del Plan de Dios es que los hombres seamos partícipes de la vida y de la felicidad; por eso el Nuevo Testamento no separa nunca el Calvario de la mañana de Pascua, ni la elevación de Cristo en la Cruz de la exaltación a la Gloria. Ahora estamos en el alba y esto cambia radicalmente las cosas. La luz vence a la oscuridad, el trabajo infructuoso se convierte en recolección de frutos abundantes, el cansancio y la soledad se transforman en alegría y paz. Es la primavera que perdura en el hoy de la Iglesia y que la anima.

   ¡En verdad, Cristo ha resucitado, aleluya! Comunicad este mensaje de esperanza a cuantos encontramos en nuestras casas, en los lugares de trabajo, en la actividad que desempeñamos. Acercaos, sobre todo, a los que están solos, a los que atraviesan un momento de sufrimiento y se hallan en condiciones precarias, a los enfermos y a los marginados. A todos y cada uno decidles: “¡en verdad, Cristo ha resucitado!” y que el Señor os ayude a tomar mayor conciencia de vuestro ministerio al servicio del Evangelio. O vere beata nox, ha cantado la Iglesia, esta noche, en el Pregón Pascual, haciendo memoria de las grandes obras realizadas por Dios en la Antigua Alianza. Es el anuncio profético del éxodo del género humano, de la esclavitud de la muerte a la vida nueva por medio de la Pascua de Cristo.

   ¡Qué bueno! Os deseo que la vida nueva, regalo en esta noche santa, se impregne en vuestras vidas y lleve consigo nuevos brotes de amor, gozo y paz, los renuevos de una vida para la eternidad.

¡Qué bueno! Annuntio vobis gaudium magnum: surrexit Dominus vere! Surrexit hodie. ¡Amén, aleluya!

P. Jesús Valdezate Soto, scj.

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