MES DE MARZO CON EL P. DEHON, 24 de Marzo

BAUTISMO DEL P. DEHON

“Fui bautizado el 24 de marzo en la pobre iglesia de La Capelle por el digno y venerable Sr. Hécart, que fue mi párroco durante doce años y que me preparó a mi primera comunión.

El 24 de marzo era la fiesta de un niño mártir, S. Simeón. Pero eran sobretodo las primeras vísperas de la fiesta de la Anunciación. Más tarde fui feliz de poder unir el recuerdo de mi bautismo al del Ecce venio de nuestro Señor. Obtuve una gran confianza en esta unión. El Ecce venio del Corazón de Jesús protegió y bendijo mi ingreso en la vida cristiana. Nuestro Señor no se enfadará ciertamente si veo en esta circunstancia una atención particular de su providencia en vistas a mi actual vocación de sacerdote-hostia del Corazón de Jesús.

Siempre he tenido culto al recuerdo de mi bautismo. En el Colegio me gustaba renovar las promesas bautismales. En Roma… amaba renovar en mí las gracias de mi bautismo. En las vacaciones hacía una pía peregrinación a la fuente sagrada de mi bautismo y supuso gran congoja cuando la vieja fuente fue incorporada a un altar después desaparecido.

Me fueron dados los nombres de León Gustavo. Siempre amé a mis santos patronos y aún hoy, tras treinta años, los invoco cada día.

 

Elegí como patrón a San León Magno, que creo sea el más grande entre los santos de este nombre, y S. Agustín, porque el nombre de Gustavo no es de un santo o deriva del de Agustín. ¡Qué feliz soy de tener tan nobles y tan grandes patronos, dos entre los más grandes doctores de la Iglesia! Espero que ellos me acojan más tarde como un amigo, también he dado testimonio muchas veces de su amistad y confianza. Creo haber recibido de ellos muchas gracias. He leído su vida con alegría y con profunda edificación… De San León amo sobretodo su gran doctrina teológica, el bello estilo, su dulzura y dignidad; de S. Agustín amo sobretodo su penitencia y sus lágrimas, de las que querría apropiarme, su gran corazón y su amor ardiente a Nuestro Señor…

Mi madre amaba el nombre de León. Me lo había dado en recuerdo de un hermano mío, muerto a la edad de cuatro años, meses antes de mi nacimiento. Este angelito estaba muy enfermo; era encantador por su precocidad, inteligencia y bondad. Mi madre me conducía muchas veces a su pequeña tumba de mármol en el viejo cementerio. No he visto nunca a mi madre hablar de él sin llorar. Siempre recordé también a este hermanito como un patrono mío y lo invoqué en muchas ocasiones.

Mi madre amaba el nombre de León debido al santo papa León XII, el pontífice de su infancia. Ella conservó toda la vida un rosario bendecido por él y que se le había dado en el Colegio” (NHV I, 1-3)

Este es el recuerdo que el P. Dehon nos dejó de su bautismo y de la devoción que tenía a sus santos protectores.
 

 

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