MES DE MARZO CON EL P. DEHON, 31 de Marzo

TESTAMENTO DEL P. DEHON

Último día de marzo, cerramos estos recuerdos cotidianos, narrando la muerte del P. Dehon y el testamento que nos dejó.

Comenzando el año 1925, así escribe el uno de enero en los cuadernos de su Diario: “Es el
último cuaderno y quizás el último año. Fiat!.. Mi carrera se completa. Es el crepúsculo de mi existencia…” (NQ XLV, enero 1925).

Con estos presentimientos, el P. Dehon vive el último año de su existencia terrena. En julio de 1925 se propaga en Bruselas una epidemia de gastroenteritis que afecta a muchos cohermanos de la comunidad. El P. Dehon los visita a todos hasta que también él, el 4 de agosto, cae enfermo. Al inicio la enfermedad discurre bien, pero muy pronto se agrava. “Sufro de la mañana a la tarde y de la tarde a la mañana” dice a quien lo asiste; y de la noche dice: “He hecho las catorce estaciones del via crucis”. Quien lo asiste es testigo de que “la noche se hacía una comunión espiritual” en espera de recibir la Eucaristía por la mañana: “Jesús es todo, es el amigo. Traedme por tanto a mi Jesús” pedía. Había hecho poner junto al lecho una estampa que reproducía a S. Juan apoyando la cabeza sobre el pecho de Jesús. Señalando esta imagen, decía a sus visitantes: “Ahí está mi todo, mi vida, mi muerte, mi eternidad”. El 11 de agosto recibe la unción de los enfermos y, antes de recibir el viático, renueva sus votos religiosos de “pobreza, castidad y obediencia”, añadiendo el de “inmolación”. Llama por el nombre a todos los cohermanos que lo rodean; recuerda las personas queridas y a todos sus hijos lejanos: “Decidles que pienso en ellos en todo momento”. Agradece a los presentes la asistencia facilitada en la enfermedad, pide perdón a Dios y a los hombres por sus culpas; en fin imparte su bendición paterna a los presentes y a todos sus religiosos esparcidos por el mundo. El 12 de agosto hacia mediodía entra en agonía e indicando la imagen del Corazón de Jesús dice “Por él vivo, por él muero”: son sus últimas palabras; a las 12.10 reposa para la eternidad en el Corazón de Jesús.

 

Tras la muerte del P. Dehon fue encontrado entre sus cartas una carpetilla llamada: “Pacto de amor”; dentro un documento escrito de su puño y letra: “Jesús mío, ante ti y ante tu Padre celeste, en la presencia de María inmaculada, mi madre, de san José, mi protector, hago voto de consagrarme por puro amor a tu sagrado Corazón, de dedicar mi vida y mis fuerzas a la obra de los Oblatos de tu Corazón, aceptando desde ahora todas las pruebas y todos los sacrificios que gustarás pedirme…”. Es el pacto de amor estipulado por el P. Dehon con el Sagrado Corazón desde los primeros tiempos de su vida religiosa; un pacto secreto custodiado celosamente en su corazón. Años antes, en 1914 durante los tristes días de la guerra, había escrito para sus hijos su Testamento espiritual. He aquí la herencia que nos dejó: “Os dejó el tesoro más maravilloso: ¡el Corazón de Jesús! Es para todos, pero tiene especial ternura para con los sacerdotes que le están consagrados, y que se dedican enteramente a su culto, a su amor y a la reparación que Él pidió. Deben sin embargo ser fieles a esta bella vocación… Ofrezco y consagro mi vida y mi muerte al S. Corazón de Jesús, por su amor y según sus intenciones. Todo por amor tuyo, ¡oh Corazón de Jesús!”

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *