MES DE MARZO CON EL P. DEHON, 7 de Marzo

ESPIRITUALIDAD DEHONIANA: ESPIRITUALIDAD DE AMOR

Viviendo en íntima unión con el Corazón de Jesús, el P. Dehon descubre el inmenso amor que el Señor tiene por Dios, su y nuestro Padre, y hacia los hombres pecadores. En el corazón de Jesús palpita el amor de Dios hecho palpable y visible para el hombre. A través del Corazón de Jesús, el P. Dehon lee la creación como obra del amor de Dios más que de omnipotencia divina. Dios de hecho creó al hombre a su imagen y semejanza; ahora el ser de Dios es caridad y amor: por eso la Santísima Trinidad nos comunica su amor, su corazón. Lo mismo ocurre con la obra de la redención: Dios amó tanto al mundo que nos dio a su Hijo unigénito, nos dice S. Juan. Ante esta entrega del amor de Dios, que da al hombre a su único Hijo, el mismo Señor Jesús queda estupefacto: comenta el P. Dehon. En la encarnación el Verbo de Dios, hecho carne, asumió un corazón humano. Así en el Corazón de Jesús está el corazón mismo de Dios: Dios puede amar al hombre pecador no solo con amor divino, sino también con amor humano.

Tanto amor de Dios requiere correspondencia de amor por parte del hombre. Está el amor espontáneo de la criatura hacia su Creador: un movimiento religioso, un temor reverencial, un reconocimiento de dependencia de Dios… Pero existe un amor como “respuesta” querida, suscitada y pedida por el Corazón de Cristo a los cristianos. Este es el motivo principal por el que el Señor manifestó su corazón a los hombres, pidiéndoles devoción y culto: suscitar una respuesta de amor al amor que Dios demostró primero hacia nosotros.

“Hemos creído en el amor: creamos en el amor de Dios por nosotros, contemplemos el símbolo perenne que es el Corazón divino de Jesús” (Couronnes d’Amour, II, 148). Es un corresponder al amor de Dios mismo con un amor afectuoso, reconocedor, puro y desinteresado. Un amor que se olvida de sí mismo, vacío de todo egoísmo, que se alegra del bien del amado; pero también un amor ardiente, generoso, que se entristece por el dolor del amado, suscita el celo por la reparación del mal hasta el sacrificio de sí mismo. “Amando mi corazón, me amas a mí; tú por lo tanto ama a Dios, porque yo soy Dios”: el P. Dehon hace hablar a Jesús en estos términos.

Esta correspondencia de amor, típica de la devoción al Sagrado Corazón, se refiere principalmente al amor del cristiano hacia Dios, en sintonía con el amor de Jesús hacia su Padre, y hacia Jesús mismo. Es participación también en el amor de Dios y del Corazón de Jesús hacia los pecadores; y es la correspondencia de amor típica en la devoción al Corazón de Jesús: amor de los cristianos hacia los demás, asociado al amor redentor del Corazón de Jesús por los pecadores. Es el amor que nos hace solidarizarnos con los pecadores.

El camino del amor es el camino de la santidad, nos enseña en fin el P. Dehon. En la vida cristiana se puede ser humilde, casto, obediente, se pueden poseer muchas otras virtudes en sumo grado; pero solo el amor nos conduce a la perfección y a la santidad, porque solo el amor nos une a Dios, que es todo Caridad.
 

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