MES DE MARZO CON EL P. DEHON, 8 de Marzo

ESPIRITUALIDAD DEHONIANA: AMOR SOLIDARIO PARA CON LOS HOMBRES

“He aquí el Corazón que tanto amó a los hombres, y que de la mayor parte de ellos no recibe más que indiferencia, ingratitud y ultrajes…”. Así comienza una oración del P. Dehon, recitada aún hoy por sus hijos, y con la cual quería expresar nuestra correspondencia de amor hacia el Corazón de Jesús, cuyo amor está ofendido, ultrajado y traicionado por el pecado de los hombres.

El pecado es una realidad siempre presente en la vida del hombre: son hechos y situaciones de soberbia y de orgullo; de prepotencia y de odio; de lujuria y de amor propio. Pero antes que una ofensa a los demás, el pecado constituye una ofensa a Dios. Por esto el P. Dehon quiere corresponder ante todo al amor traicionado de Dios y del Corazón de Jesús: con un amor de reconocimiento, filial, delicado; un amor tierno y afectuoso. Pero tal amor sería solo intimístico, si se limitase a un gesto de consuelo al Corazón de Jesús.

Se debe actuar para quitar las causas del pecado y de las injusticias. Esta obra requiere ante todo amor solidario hacia los pecadores. La solidaridad con los pecadores: es una actitud típica de la espiritualidad del P. Dehon; actitud que imita el del Señor, que se hizo en todo similar al hombre para liberarlo del pecado. Se trata de colaborar en la obra de la redención llevada a cabo por Cristo, y que se actualiza hoy en los cristianos y por los cristianos. “Cristo es la reparación perfecta. Debemos ser también nosotros colaboradores de la reparación con él, en él y por él. La pide la justicia a nuestra conciencia y la caridad a nuestro corazón”: decía el P. Dehon en un discurso.

Es más: Jesús nos redimió mediante la cruz: cumplió así la redención sobre el altar visible de la cruz, y más interiormente sobre el altar invisible de su corazón. Él aceptó vivir su existencia terrena bajo la insignia de la cruz: abajamiento en la encarnación, pobreza en el nacimiento, olvido en la vida escondida, cansancios y persecuciones en la vida pública, humillación y desprecio en su muerte. No debe maravillar que Jesús diese la cruz, como signo de su amor, a aquellos que él ama: a María, a san José, a los apóstoles, a los cristianos. Participamos en la obra redentora de Cristo aceptando la cruz de todos los días como participación en la cruz de Cristo para la redención y la salvación de los pecadores.

En fin el P. Dehon nos pide actuar fácticamente en eliminar las causas del pecado, trabajando para construir el Reino del Corazón de Jesús en las almas y en la sociedad. El amor solidario hacia los pecadores, además de ser una pasión del corazón, se convierte en el P. Dehon en un actuar concreto hecho de iniciativas apostólicas en favor de los hombres, en particular hacia los más pobres y marginados.

En la devoción al Corazón de Jesús, tal modo de sentir y de hacer se denomina “reparación”.
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *