MES DE MARZO CON EL P. DEHON, 9 de Marzo

ESPIRITUALIDAD DEHONIANA: VIDA DE OBLACIÓN

Sea en el salmo 40 o en la Carta a los Hebreos nos dicen que el primer sentimiento humano del Hijo de Dios, encarnándose, fue de obediencia: “Entrando en el mundo Cristo dice: Tú oh Dios no has querido ni sacrificio ni ofrenda; me has preparado un cuerpo. No has querido ni holocaustos ni sacrificios por el pecado. Entonces dije: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hb 10, 5-8).

“Aquí estoy”: el P. Dehon quedó impresionado por esta actitud del Corazón de Jesús y se comprometió hacer de esta actitud fundamental y constante de su vida espiritual. “Aquí estoy”: se convierte en el slogan de su existencia, transformando así la suya en una vida de oblación; una vida ofrecida a Dios en unión a la ofrenda que Jesús hizo de la suya.

Para realizar esto, el P. Dehon usó un método práctico muy simple y al alcance de todos nosotros. Cada mañana ofrecer la propia jornada al Señor con una oración: el Acto de Oblación. Durante el día: acoger la voluntad de Dios así como se nos manifiesta en las circunstancias y en los hechos del día, a través de la voluntad de los superiores o de los padres, a través de los deberes del propio estado de vida. No huir de los sacrificios que se nos piden, sino aceptarlos generosamente para vivir unidos al sacrificio de Cristo. En breve: ofrecer por la mañana la propia jornada, aceptar cada día las cruces que la Providencia nos suministra: así seremos perfectos discípulos del Corazón de Jesús, que pide a cada uno seguirlo por el camino de la cruz.

Esta vida de oblación es una característica de la espiritualidad dehoniana. No por nada el título originario de la Congregación fundada por el P. Dehon fue: “Oblatos del Corazón de Jesús” para indicar la oferta de sí mismos al querer de Dios. Es más, en los inicios del Instituto había un cuarto voto religioso: el de oblación o de víctima, como se solía llamar en el pasado siglo. Además de los tres votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, los primeros religiosos hacían el voto de oblación: de consagración y de inmolación al Corazón de Jesús, de amor y de expiación por los pecados. Con una bella imagen, el P. Dehon paragonaba los tres votos religiosos a los tres clavos que unían al religioso a la cruz del Salvador; pero el voto de oblación era como la lanza que traspasó el costado y el Corazón del Salvador: era un ofrecerse víctima por amor a Jesús y en favor de los pecadores.

Con esta vida de oblación reparadora completamos en nosotros lo que falta a la pasión de Cristo por la iglesia: como decía san Pablo. Somos invitados, tal como pedía a los cristianos de Roma, a ofrecer nuestros cuerpos, lo que es nuestra existencia, como hostia viva, santa y agradable a Dios: este es nuestro culto espiritual.

Manifestando su Corazón, Jesús pidió a sus devotos ofrecer la propia vida como oblación por la actuación de sus designios de amor al hombre pecador; y el P. Dehon correspondió, haciendo de su vida una oblación agradable a Dios.
 

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