Mes de marzo con el P. Dehon (I)

UNA NUEVA FIGURA DE SACERDOTE: LEÓN DEHON Y LOS ENCUENTROS DE VAL-DES-BOIS
PIERRE TRIMOUILLE
La acción social constituye, junto a la misión, una de las mayores preocupaciones del padre Dehon. De hecho, una y otra son las dos caras de un mismo apostolado. Las dos tienen sus fuentes en el amor de Cristo para los hombres, amor que lo llevó al sacrificio supremo y que el origen de su misericordia, de todas las gracias y de todos los favores que concede. El culto del Sagrado Corazón explica plenamente este amor divino sin límites.
Yves Poncelet, en su comunicación, ha recordado que, desde el seminario, Dehon unía estrechamente la voluntad de acción y la mística. Él insistía sobre la necesidad de obrasen favor del pueblo, obras cuya fecundidad dependía de la mortificación y del sacrificio del sacerdote. Dado su deseo de ver multiplicarse los sacerdotes dedicados a la acción social, era lógico que se interesase en su formación. La actividad que desarrolla en ValdesBois, en particular en las reuniones de formación de los seminaristas y del joven clero, en el último decenio del siglo XIX, se encuentra en el centro de este esfuerzo.
Sin dudar en tomar posición, también en política, rechazó siempre actuar como hombre de parte, o sea haciendo exclusiones. Su actitud frente a los laicos ilustra bien este espíritu de apertura. No los tuvo nunca al margen de sus iniciativas para la renovación social, al contrario. Sin su colaboración, le parecía imposible resolver lo que, hacia la mitad del siglo pasado, era habitual llamar pauperismo, miseria material y moral al mismo tiempo. Y es en la Obra de los círculos católicos obreros, fundada y dirigida por lacios notables — Albert de Mun, La Tour du Pin — que él va a buscar la luz y la fuerza necesarias para realizar su apostolado social en la parroquia de predominancia obrera de la basílica de San Quintín donde es nombrado vicario el 16 de noviembre de
1871. Apostolado difícil: esta parroquia, de dimensiones excesivas, como la mayor parte de las que deben su existencia o su explosión demográfica a la revolución industrial, reagrupaba a 30.000 de los 34.000 católicos censados en San Quintín (35.000 habitantes). Era necesario, por lo tanto, imaginar obras que permitirían alcanzar una población, que no podía ser tocada mediante relaciones personales directas, y que exigiesen la dedicación de laicos. Seguir leyendo

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