Mes de Marzo con el P. Dehon (VII)

EL ESTADO EN EL PENSAMIENTO DEL PADRE DEHON
JEAN-DOMINIQUE DURAND
La acción del estado en la vida social y económica de las naciones ocupa un puesto central en el pensamiento del padre Dehon. Son un testimonio sus obras sociales2: e1Manuel social chrétien de 1894, Les directions pontificales, politiques et sociales de 1897, el Catéchisme social de 1898, así como L‘usure au temps présent (1895) y numerosos artículos, conferencias y discursos varios. Es un conjunto vasto, aunque repetitivo.
Dehon preconiza la acción del estado de modo incansable, en sus escritos, en los congresos y en los encuentros animados por él: para el jurista, doctor en derecho como era, la protección de los trabajadores y de los débiles no puede ser legal. Sus reflexiones deben mucho a sus contactos y a sus amistades: Léon Harmel, el abbé Six y sus amigos de la democracia cristiana, la escuela de Lieja, el grupo de reflexión de la comisión de estudios sociales de la diócesis de Soissons, por él presidida, cuyos trabajos han dado origen al famoso Manuel social chrétien de 1894. Esta comisión, con sus reuniones mensuales, le dio la ocasión de profundizar su pensamiento sobre todos los problemas de la vida social: las consecuencias de la revolución francesa y de la revolución industrial, de la urbanización, del funcionamiento de la economía liberal.
Sobretodo su reflexión sobre el estado es deudora de la enseñanza pontificia. Todos los textos en los cuales desarrolla la idea de un estado intervencionista fueron redactados después de 1891, tras la Rerum novarum. «Para todo lo que se refiere a la acción del estado, es necesario releer lo que dice la encíclica», subraya él3. El ultramontanismo de Dehon explota en Les directions pontificales, donde se pone resuelta y sistemáticamente bajo la autoridad de León XIII, más exactamente de las encíclicas Immortale Dei (1885), Rerum novarum (1891), Ínter innumeras sollicitudines (1892): «¿Es un pecado por tanto mostrarse refractarios a las directivas del papa?», se pregunta. «Ciertamente. Desobedecer al maestro supremo de la moral y a la cabeza de la iglesia evidentemente
es un pecado». Seguir leyendo

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