No solo de pan vive el hombre

Jerusalén
Jerusalén

DOMINGO   1º  – Cuaresma

Todos sabemos que la Cuaresma es un tiempo de preparación hacia la Pascua. La liturgia de este tiempo ha conservado un carácter catecumenal para llevarnos a todos a redescubrir nuestro bautismo y llegar a la noche pascual para renovarlo todos juntos.

Este proceso catecumenal lo marca de forma muy particular la Palabra de Dios proclamada en las celebraciones litúrgicas dominicales.
Las lecturas de este domingo primero son:

Dt 26, 4-10: “mi padre era un arameo errante” (ofrenda de primicias)
Rom 10, 8-13: Si confiesas con tu boca que Jesús es Señor….
Salmo 90: Mi Dios y mi fortaleza, me refugio en Ti. Quédate con nosotros.
Lc 4, 1-13: las tentaciones de Jesús en el desierto. No solo de pan vive el hombre.

El hilo conductor que aparece desde este primer domingo es el de la Fe.
En negativo, no dejarnos envolver por la seducción de la incredulidad:
La padecida por Israel ante los cultos canaeos de la fertilidad, olvidándose de Dios único dador de todos los bienes.
La padecida por Jesús, invitado a vivir su propio camino de filiación como “robo”, más que como don.
Y la padecida por todos nosotros de buscar salvación fuera de Jesús.

Desde este domingo se nos invita a entrar en el desierto para poner a prueba lo que tenemos en el corazón. Nos introduce en lo vivido por otros para que sea enseñanza en nuestro caminar. Vamos a contemplar lo vivido por Jesús para dar paso al análisis de lo vivido por nosotros en el cada día.

Jesús ha recibido su llamada particular en el Bautismo. La voz oída del cielo le ha dicho: “Tú eres mi Hijo, el predilecto”. Sale del bautismo lleno del Espíritu Santo, pero debe concretar cómo responder a la llamada; cómo realizar la tarea de “ser Hijo de Dios”. El Espíritu lo lleva al desierto para discernir el camino y optar por el camino de Dios o por el camino de su realización personal y hacer a su modo y manera.

Ahí están las tentaciones, la prueba y las opciones que Jesús va tomando.

Primera tentación: El tentador aprovecha el hambre que tiene Jesús para estimularle a hacer ver que es Hijo de Dios y por tanto puede convertir las piedras en pan. Así se demostrará a sí mismo su mesianismo y su poder.

Por otra parte está la Palabra de Dios que dice: no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Palabra que abre a Jesús una perspectiva de vivir en obediencia a Dios y vivir un mesianismo de hambre y con los hambrientos. La “potencia” de Jesús es desde Dios y nunca en su favor. Siempre a favor de los demás. Multiplicará el pan y se hará pan de vida.

Segunda tentación. “Si te postras ante mí, todo será tuyo”. Tentación del poder. Llegar a ser Rey de todo el mundo. Mesianismo político-militar. Aparentemente este era el camino llevado adelante por Moisés o por David, y las promesas mesiánicas hablaban de la restauración del reino de David.¿No podía, Jesús, estar llamado a ser el gran rey y caudillo de Israel? Para ello solo hacía falta someterse o postrarse ante el dios-poder.

La Palabra de Dios dice: “Solo te postrarás ante el Señor tu Dios y a El solo servirás”. Jesús elige la obediencia a la Palabra y no tener nada ni nadie ante quien postrarse sino solo Dios. El es el Padre y creador y a El solo escuchará y obedecerá porque solo en Dios está la vida. El Padre le indica o señala el camino de los desvestidos, de los desarmados, de los que no tienen poder ni lo añoran ni lo buscan. Será profeta desarmado y al final asesinado.

Será Mesías de luz no en el dominio, sino en el Espíritu. No “patrón” sino “misericordia incondicional”. No será imagen de un Dios “dominador” sino de un Dios, que se abaja y se deja aplastar. Un Dios que entrega la vida y muere. Ese es Dios y no otro. Un Dios solidario y no “jeque”.

Tercera Tentación. Jerusalén. Pináculo del templo. Jerusalén y Templo, son los lugares mesiánicos. Lugares hacia los que orientará su vida que será una subida hacia Jerusalén.

El tentador le sugiere que ponga a prueba las misma fidelidad de Dios para con él. Dios enviará “ángeles” para ayudarle y secundarle y hacerle fácil el camino.
Hay que notar, que el tentador usa ahora la palabra de Dios como fundamento de la tentación.
Jesús, también desde la palabra de Dios, asegura y ve que no se puede tentar al Señor para someterlo a tu favor. Dios nos es siempre favorable y está siempre en nuestro caminar, aunque el camino sea calvario y cruz y muerte. Ciertamente el “ángel” será enviado en el momento oportuno (huerto de Getsemaní) para confortar y animar, pero nunca para quitar o desvirtuar la dureza del camino.
El tentador se retira hasta otra ocasión.

La vida de Jesús está sometida permanentemente a la tentación o a la elección del camino indicado por el Padre. Cada día debe pedir que se haga su voluntad en la tierra y no la “suya”. La gran tentación vendrá justamente en Jerusalén en los últimos días. Getsemaní y cruz: La gran tentación será siempre “Está o no está el Señor en medio de nosotros”.

¿Qué nos pasa a nosotros? Nosotros en el Bautismo hemos sido consagrados o ungidos como “hijos de Dios”. Este ser hijos, está sometido a la tentación permanente de la incredulidad.
Tentación de:
-No reconocer que todo es DON: tierra, pan, filiación.
O bien no dejar a la Palabra de Dios que guíe nuestra forma particular de ser hijos de Dios: Pobres, sin poder y sin pretensiones ante Dios dejando a Dios ser Dios en nuestra vida.

Nuestra vida es camino hacia la Pascua, que pasa por la entrega y la muerte.

En este camino tenemos las mismas tentaciones de Jesús y del pueblo de Israel en el desierto. Este domingo y la Cuaresma nos enseñan cuales son las huellas que hemos de seguir.

Es el tiempo de gracia abierto para ponernos a prueba y ver cómo vamos haciendo el camino. Ver si somos fieles o no a la voluntad de Dios, a nuestra vocación de ser “hijos” y “hermanos”. Ciertamente descubriremos desviaciones que nos sacan fuera de la ruta principal. Es el momento de reorientar y de profundizar nuestras opciones cristianas. Es el momento de enrumbarnos de nuevo hacia la Pascua con paso decidido. No vamos solos Vamos juntos y además siempre el Dios-con-nosotros. Un Dios que tiene por nombre MISERICORDIA, que sabe acoger, levantar, ayudar, curar, fortalecer, perdonar y sobre todo que va delante y tira de la cuerda en la escalada.

Buen camino cuaresmal.

 

 

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