Noelia Rodríguez nos cuenta su experiencia como voluntaria en Quito (parte II)

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Seguimos conociendo la experiencia de Noelia Rodríguez, una joven que en verano de 2015 decidió partir a Quito para desarrollar su voluntariado. Durante un mes vivió experiencias muy enriquecedoras que le ayudaron a crecer como persona.

-¿Pensaste en algún momento que querías abandonar tu estancia?

-No, en abandonar no. Sí que tuve momentos de debilidad por supuesto, de echar de menos España, de notarme afortunada por todo lo que allí tenía, de pensar en mi familia, en mi situación, en mi gente, pero volver a la realidad que estaba viviendo y respirar profundamente y volver a estrechar los brazos. No todo es fácil en la misión, y lo sabemos todos los que hemos ido a otro país. Somos personas, y tenemos sentimientos y muchas veces las fuerzas flaquean, normal, y una lágrima o una necesidad de abrazo siempre se necesita.

-¿Qué te daba fuerza para continuar allí?

-Primeramente mi fe. Mi fe en Dios, mi fe en lo que me ha llevado hasta allí, en un camino interior, en una necesidad de entregarme más allá de mi entorno y zona de confort y también mi fe en las personas. Mi fe en lo que me estaban demostrando, en que ellos también merecen un futuro y un día a día mejor y que si yo podía hacer algo, lo iba a hacer. Yo no me sentía salvadora de nadie ni de nada, solo me sentía una persona que va a entregar lo poco que sabe y a ponerlo en servicio de los demás y pensar en que podría hacer algo bueno lo podía todo.

Voluntariado en Quito

-¿Cuándo te planteaste que querías ir como voluntaria? ¿Qué formación recibiste por parte de los Dehonianos para emprender esta misión?

-Esto empezó hace 9 años, cuando comencé el llamado “Grupo misión” que los PP. Reparadores-Dehonianos desarrollaban en la provincia española. Este grupo me formó durante dos años para llevar a cabo una misión internacional pero no era el momento, los caminos de Dios son inescrutables. Esa inquietud misionera se fue aumentando y fue creciendo y madurando poco a poco con la constancia, la experiencia y gracias a que la fueron regando en mí las experiencias pastorales y juveniles que iba viviendo y compartiendo junto con la pastoral juvenil y vocacional de los Dehonianos en España.

Finalmente, a finales del año pasado, sentí algo único y muy fuerte dentro, eso inexplicable que te impulsa a cruzar el charco y seguir compartiendo tu vida con los que más lo necesitan. Después de un año preparando esa misión que parecía una “boda”, ya que se iban haciendo demasiados preparativos pero parecía que nunca llegaba el día de partir ese día tan esperado, el 20 de Julio aterricé en el aeropuerto de Quito, Ecuador.

Voluntariado Quito

-¿Qué te aportó aquella experiencia en Quito?

-Haber vivido la misión te cambia. Te cambia por dentro y por fuera. El choque ante la realidad es bastante fuerte porque tú has cambiado pero aquí todo sigue igual, pero no. Ahí la Fe nos vuelve a demostrar que mueve montañas y que esas montañas se moverán si nosotros transmitimos todo aquello que tenemos dentro. Si ese cambio lo ponemos al servicio de los demás, si ese cambio lo utilizamos en seguir realizando la misión de llevar luz en nuestro día, en nuestro trabajo, en nuestra familia, casa, amigos, en nuestro hoy.

Al volver a Madrid, Dios volvió a mostrarme sus caminos y desde entonces trabajo en un colegio de familias en riesgo de exclusión social, muy pobres, desestructuradas, extranjeras, muchas de ellas con culturas e idiomas distintos pero con unas ganas desbordantes de que alguien encienda esas pequeñas llamas de esos niños y las aviven y cuiden día tras día, porque se lo merecen igual que los demás.

Un año después, me siento feliz, muy feliz. Sin saber por qué, cómo y sin esperarlo, me sentí palabra para tanta gente que necesitaba escucharla, me sentí ternura y cariño entre personas realmente heridas y auténtica vela, ya ecuatoriana, para avivar y multiplicar la luz de tanta gente con miedo o pereza de alumbrar.

Voluntariado Quito

Y es que, si me permitís, Quito tiene algo, algo distinto, y no los 3000 metros de altura, o las cuestas o el “cilantro”, Quito tiene magia, en cada persona, tiene vida, en abundancia, tiene amor, en cada corazón, tiene ganas de compartir, en cada mano tendida y tiene mucho que hacer y mucho que dar, más de lo que uno puede llevar. La misión te hace nuevo, hace que renazcas y hace que ya no puedas pisar la calle de la misma manera ni con las mismas palabras.

-¿Has pensado repetir la experiencia?

-Sí. Mi intención es volver de misión. Así lo siento y así lo realizaré, si Dios quiere. Una vez un gran amigo y acompañante espiritual me dijo que la vocación se tiene siempre, otra cosa es que la elijamos llevar como parte de nuestra vida y cuidarla o dejarla en una pequeña caja hasta que la volvamos a sacar del desván. Siento la vocación misionera y mi fe misionera en un punto muy fuerte y como parte de mí día a día y sé que volveré, más bien pronto que tarde.

-¿Cómo animarías a la gente para que acuda como voluntario con los Dehonianos?

-De las primeras frases que escuché dentro de los Dehonianos fue: “Dehonianos: hechos para dar”. Todos los que formamos parte de esta familia sabemos que nuestro carisma incluye la entrega como un punto fundamental de nuestra vida.  Hay que dejarse llevar y dejar que Dios, a través de las personas, haga maravillas en nosotros. Más allá de nuestro entorno, de lo ya conocido, de lo que nos mantiene en nuestro sitio. Es una experiencia inigualable y que merece la pena vivir en la vida.  Uno a veces piensa que no está preparado para cruzar el charco, para darse fuera, para dejar superficialidades, para abandonar lo ya conocido o nuestra zona de confort, pero realmente cuando uno da el paso y llega allí, a su zona de misión, verá que se va a llevar mucho más de lo que él mismo ha ido a dar, todo cambia y el mejor momento es ahora.

 

Desde nuestra Congregación estamos muy agradecidos al trabajo que desarrollan los voluntarios en diferentes lugares del mundo. Gracias a su generosidad logramos ayudar a gente necesitada de países menos desarrollados. Gracias por vuestra entrega y por transmitir lo que os aporta esa experiencia.

Recuerda que puedes conocer las misiones que desarrollamos en países como Ecuador, Angola, Mozambique, Camerún o India a través de la plataforma digital www.hazlatirelcorazondelmundo.com.

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