Operación Resurrección

Homilía-Cuaresma

Nuestro equipo de Pastoral Vocacional scj nos invita a tomar la Cuaresma como una especie de “operación” que nos moviliza hacia la Pascua de Resurrección. El lema – Operación “Resurrección”- tiene la virtud de orientar certeramente el tiempo cuaresmal hacia aquello que es verdaderamente lo importante para nuestra vida de fe: la celebración de la Pascua.

La Cuaresma empieza ya, y hemos de poner en ella todo nuestro esfuerzo para llegar al final del camino renovados en Cristo. Cada domingo la liturgia nos marca un ritmo en esta “operación” para que podamos interpretar perfectamente la sinfonía pascual a pleno pulmón.

Este primer domingo las lecturas señalizan varios aspectos de la Pascua.

La primera lectura (Génesis 9, 8-15) hace memoria del primer pacto que Dios sella con el hombre. En el caos del diluvio, Noé y su familia son salvados en el arca. Pasado el diluvio comienza con ellos una nueva creación donde el arco iris señala que Dios es amigo de la vida y no quiere la destrucción de nadie. Dios apuesta por el cosmos, el orden, la vida y el ser humano. Dios nos es favorable y no es indiferente a nuestra historia; está dentro de ella y la guía hacia la plenitud, hacia la salvación.

Esta alianza con Noé, es figura de la Alianza definitiva sellada en Cristo. Ya desde el inicio de la Cuaresma se nos indica el horizonte hacia el que caminamos: Nuestra pascua es Cristo inmolado.

Este caminar hacia nuestra pascua se hace oración en el salmo responsorial: “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad; enséname, porque tú eres mi Dios y Salvador. Recuerda Señor que tu ternura y tu misericordia son eternas”. Esta es la música de fondo que debe animar todo nuestro camino. Caminamos de la mano del Señor que nos lleva por sendas de misericordia y lealtad. Estas sendas y caminos se marcarán claramente en los mandamientos de Dios que son las piedras miliarias que hemos de recorrer y revisar en nuestra vida.

La lectura de Pedro 3, 18-22 hace referencia al Bautismo, nuestro bautismo. Pedro ve una imagen del bautismo en la barca de Noé y en el diluvio. Por el bautismo pasamos de la muerte a la vida, a una nueva vida en el Espíritu. Empieza a sonar la música bautismal, que dura toda la Cuaresma, porque en ella nos encaminamos a la renovación de las promesas bautismales. La “Operación Resurrección” pasa por tomar conciencia de esta nuestra realidad de bautizados y por lo tanto de resucitados en el Espíritu. Ya estamos resucitados; ya somos hombres nuevos; ya tenemos las primicias de la Vida de Cristo resucitado. Por eso hemos de vivir desde esta novedad de vida. Somos contrarios a toda muerte; rebeldes ante las muertes que asolan el mundo. La muerte ha sido vencida. Hemos de saber vivir desde la donación de nuestra vida para que los demás tengan vida. Hemos de desenmascarar el poder de la muerte allí donde se dé. Ciertamente en nuestro interior (egoísmos, envidias, codicias…) y también en las estructuras de pecado que originan tantas muertes en nuestro mundo.

El Evangelio de Marcos 1, 12-15 nos recuerda el modelo de todas las cuaresmas, o sea, la cuaresma realizada por Jesús antes de iniciar su vida pública o su “subida a Jerusalén”. Es el Espíritu el que empuja a Jesús al desierto. La iniciativa parece tenerla el Espíritu al que Jesús no se opone. Este mismo Espíritu es el que nos empuja también a nosotros al y en el desierto de nuestras vidas. Es un buen valedor en medio de un mundo hostil. Jesús, como el pueblo de Israel, pasa por el desierto y allí es tentado por el diablo. La vida, el camino hacia la pascua, la Cuaresma, no es un camino de rosas. Es necesario fajarse para este camino y saber que hay posibilidad de perderse en el camino. Que podemos estar dando vueltas o rodeando el objetivo sin encontrarlo. Hay obstáculos y dificultades y hemos de hacernos expertos caminantes. Jesús es el iniciador de este camino y el que vence y destruye esas dificultades manteniéndose obediente al Espíritu, obediente al Padre. La gran tentación es dudar de si Dios está o no en medio de este fragor y lucha, de si está en medio de nosotros. Y Dios está con nosotros siempre. Es necesario abrirse a Dios y cerrarse al intentar hacer el camino por nuestra cuenta y riesgo. Sin Dios no vamos a ninguna parte. Con Dios llegaremos a la Resurrección y a la Vida.

En el desierto, Jesús encuentra también serenidad y no todo se le hace oscuro. Las alimañas parecen respetarle; asoma una pequeña imagen del Edén donde los animales no eran hostiles al hombre y viceversa. En esta vida hay oasis de esperanza y de amor; hay lugares para el encuentro y la experiencia de la vida resucitada. La comunidad iglesia, las celebraciones litúrgicas-sacramentales son oasis de la vida resucitada; también lo son la familia, los amigos, los vecinos, los otros siempre y cuando lo vivamos en esperanza y desde el Espíritu del resucitado.

El Evangelio termina proponiéndonos el programa de vida de Jesús y que ahora se hace fuerte para este tiempo cuaresmal:

CONVERTÍOS Y CREED LA BUENA NOTICIA

Esa es la tarea a la que estamos convocados. Entrar en un proceso o tiempo de conversión para acoger la Buena Noticia de que Cristo ha resucitado de entre los muertos.

No olvidemos que este tiempo nos urge fuertemente a la ORACIÓN o encuentro con el Amigo para tratar de amistad con Él. El AYUNO para descubrir que no solo de pan vive el hombre sino que necesita la Palabra de Dios. La LIMOSNA o el COMPARTIR Y ABRIR nuestro corazón al necesitado, a tantos necesitados con los que nos encontramos en el camino, para que a ellos les llegue la luz de nuestra esperanza que es Cristo.

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