Orar siempre y confiadamente

Oración

Jesús narra la parábola de la viuda y el juez inicuo con un claro objetivo: explicarnos que tenemos que orar siempre y no desanimarnos.  Orar siempre y confiadamente. Y nosotros seguimos dudando del valor de la oración y sobre su sentido. Tenemos la sensación de que es un monólogo o un hablar frente a una pared. Y ciertamente, la oración no ocupa nuestro primer lugar, ni mucho menos, en los quehaceres de la vida ni en nuestro organigrama de valores. Dedicamos muy poco tiempo a la oración.

¿Sirve para algo rezar? Si la oración la uso como el paracaídas –solo en los momentos de urgencia vital- aun así sirve para algo, pero no es su mejor uso porque se reduce la oración a un medio para conseguir un bien interesado. Además constatamos que muchas veces no se cumple lo que pedimos. Ante situaciones límites acudimos a Dios y experimentamos el silencio de Dios. El huracán pasa por Haití y causa mil muertos; los bombarderos sobrevuelan ciudades y causan miles de muertos; el hambre y las sequías desplazan miles de personas. ¿Dónde está Dios? No es fácil despejar estas dudas o responder esta pregunta. Suelo recurrir a la oración de Jesús para entender esto. Jesús es el mejor “orante” y si dice que Dios no tardará en “hacer justicia”, quiere decir que eso es lo que Él cree. Y Jesús conoció en su tiempo injusticias sangrantes y también el silencio de Dios. Pero sobre todo fue al final de su vida cuando tiene que tragar este silencio y hasta el abandono de Dios. Y en su oración va la petición de que “pase de él ese cáliz”. Y no pasa. Jesús muere en la cruz. Pero Jesús no muere desesperado. Muere fiándose del Padre y pone su espíritu en sus manos. Máxima confianza contra toda esperanza. Sabemos que Dios no abandona al Hijo a la muerte. Lo rescata de la muerte.

Esto quiere decir que orar es algo más que pedir cosas. Orar es tratar de amistad con Dios y entonces la oración es eficaz en sí misma. La oración se convierte en diálogo, en encuentro personal con Alguien. Y eso lleva al trasvase de vida entre Dios y nosotros. El Espíritu de Dios nos invade, nos ensancha y empezamos a tener nuevas miras y nuevas perspectivas. Empezamos a ver las cosas, las personas, la historia, los acontecimientos de mi vida desde la perspectiva de Dios y con la seguridad de que Él está ahí siempre y no nos abandona nunca. Esta presencia de Dios se busca cada vez con más asiduidad. Esta presencia se hace vital y no hace falta verbalizarla continuamente; pero todos nuestros actos estarán permeados desde este Amor-Vida que inunda nuestra vida.

El cristiano es el creyente-orante-confiado.

La carta a Timoteo nos habla de aquello que se nos ha confiado a la hora de trasmitirnos la fe. Declara la importancia que tiene la Palabra de Dios revelada y transmitida en la Biblia. Esa Palabra que no es otra diferente a la de Jesucristo venido en carne. Ella encierra la Sabiduría, que por la fe en Cristo Jesús, conduce a la Salvación. Pablo invita a Timoteo a proclamar la palabra, a tiempo y a destiempo, reprender, exhortar con toda paciencia y deseo de instruir. Necesitamos tener presentes estas palabras en todo tiempo pero de forma particular ahora en que iniciamos los cursos pastorales. En muchas parroquias se celebra el “envío” de catequistas y formadores de los distintos niveles de catequesis parroquiales. La referencia de nuestra enseñanza debe ser Jesucristo cuya vida y experiencia de fe se recoge en los 4 evangelios de forma particular y en el Nuevo Testamento de forma general. También el Antiguo Testamento, pero siempre como pedagogo hacia Jesucristo.

No solo los catequistas, todos tenemos la misión de evangelizar. Todos somos misioneros y enviados a anunciar la Buena Noticia. Primero con nuestra vida y testimonio. Después con nuestra palabra. Con ocasión y sin ella. Quiere decir en todo tiempo, pero sobre todo quiere decir que no tengamos miedo y que no ocultemos la fuente que nos da a nosotros la vida y seamos valientes para referenciar todas las cosas hacia Jesucristo. Él es nuestra esperanza y Él es nuestro futuro, nuestro mejor futuro.

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