P. Benjamín: “Lo que me cuentan desde Bahía de Caráquez parece más una película de miedo que realidad”

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El p. Benjamín Ramos, misionero dehoniano de la Comunidad SCJ en Bahía de Caráquez (Ecuador), se encuentra estos días consternado por el terremoto ocurrido el pasado fin de semana en el país latinoamericano.  El destino hizo que se encontrase de vacaciones en España y se enterase de la triste noticia el domingo por la mañana a través de las redes sociales.

“Desde España me siento con el corazón en Ecuador. Es muy difícil recibir una noticia de este tipo del lugar donde trabajas y vives, sin estar presente”, nos indica el p. Benjamín. Además nos transmite las dificultades para poder establecer contacto con la gente de allí “porque las comunicaciones en Bahía están prácticamente destruidas, logré ponerme en contacto vía telefónica con el p. Bruno, religioso SCJ en Bahía de Caráquez, y lo que me cuenta me parece más  una película de miedo que la realidad”.

El misionero dehoniano cuenta con tristeza lo que le han contado desde Ecuador: “Bahía está  prácticamente afectada en un 80% de sus edificios, no hay casa o edificio que no esté dañado. No tienen luz ni agua y, de momento, no ha llegado ninguna ayuda. Toda Bahía está en la calle. La gente tiene miedo a entrar en sus casas y duermen en la calle. Hay edificios que se han desplomado completamente, personas que conozco que han fallecido, muchos están heridos, y el hospital está colapsado. En definitiva, es una situación tremenda”.

En cuanto a la comunidad dehoniana, “gracias a Dios se encuentra bien. Como en el resto de edificios, la casa de la comunidad presenta algunos daños, grietas, pero por lo que me dicen, todos están bien. Lo material al final se puede reconstruir con el tiempo. En estos momentos la comunidad en pleno está volcada en ayudar a los damnificados, consolar a los que han perdido familiares, gestionar ayudas… estar con la gente, con nuestro pueblo tan querido”, nos indica el p. Benjamín Ramos.

La imágenes de la catástrofe se han difundido con rapidez a través de las redes sociales y medios de comunicación, al verlas, el misionero ha sentido un tremendo dolor: “Ver casas tumbadas, edificios destruidos, calles llenas de escombros, casas de catequistas o colaboradores de la parroquia derruidas por completo. Me estremeció una imagen del rescate de un niño que, después de 24 horas debajo de los escombros, fue rescatado con vida. Al final la esperanza siempre es más fuerte que el dolor y la desesperación”.

En las zonas afectadas ahora es primordial seguir buscando víctimas, limpiar escombros, ayudar en las necesidades básicas como el agua, la alimentación la ropa, atender a los enfermos y gestionar las ayudas para que la solidaridad sea organizada y efectiva.  “Al estar lejos de allí es muy difícil poder decir muchas cosas, solo estar unidos en la oración. La entrega y el servicio a los demás es ya en sí mismo una recompensa”, concluye el misionero dehoniano.

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