P. Francisco Asenjo Chocarro: “Estos 50 años de vida religiosa han merecido la pena, dando pleno sentido a mi vida”.

celebraciones jubilares

Este año el P. Francisco Asenjo Chocarro celebra su 50 aniversario de Vida Religiosa y 25 años como sacerdote. Por ello, hemos hablado con él para conocer su historia y su paso por las diferentes Comunidades Dehonianas, su experiencia y su testimonio como fiel seguidor de Cristo.

Nació el 1 de diciembre de 1947 en Berbinzana (Navarra), un pueblecito agrícola de la Ribera del Arga a unos 20 km. al sur de Puente la Reina, en el seno de una familia profundamente cristiana, donde no faltaba el rosario diario en familia por la noche. Debido a situaciones familiares, desde muy pequeño le tocó ayudar a su padre en las labores del campo.

Fue a los doce años, en la escuela del pueblo, cuando tuvo su primer encuentro con los Dehonianos. “Como era habitual en aquellos tiempos, unos curas de Puente llegaron un día a la escuela para animar a chicos a ir al seminario. Yo era muy tímido y no quería salir del pueblo; pero fue el maestro quien tomó la iniciativa y pidió que me apuntaran para participar en unas convivencias. Él y mis padres me convencieron para que fuera. Parece que no me disgustó la experiencia, puesto que, una vez admitido, en septiembre de 1960 ingresaba en el Seminario de Puente la Reina, ya de propia voluntad, incorporándome a 1º de Bachillerato de entonces”, nos cuenta.

Mantiene muy buen recuerdos de esos seis años como seminarista. Fueron tiempos de educación austera y exigente, pero a la vez de cercanía, comprensión, ayuda y buenos consejos por parte de los religiosos formadores. Desde el punto de vista vocacional, lo que al inicio parecía como algo nebuloso e inconcreto, poco a poco fue creciendo y madurando, de forma que cuando tomaba el hábito, junto con otros 17 compañeros, el 21 de junio de 1966 (con 18 años), tenía una idea relativamente clara de su futuro.

Pocos días después marchaban al noviciado de Alba de Tormes (Salamanca), siendo ese un año muy importante de convivencia, formación religiosa y dehoniana, conocimiento de la Congregación… “Tuvimos la suerte de tener a nuestro lado a un maestro de novicios joven, el P. Joaquín Ímaz, quien se estrenaba lleno de ilusiones e imbuido de los nuevos aires que se respiraban derivados del reciente Concilio Vaticano II, a la vez que sabía ser también un padre y un amigo”, asegura.

Fue el 29 de septiembre de 1967 cuando el P. Francisco hizo su primera profesión religiosa con otros once compañeros.

Después de un año como religiosos en Alba de Tormes, marcharon al escolasticado de Salamanca para estudiar filosofía en el Instituto “Gaudium et Spes”. “Terminada la filosofía salimos un año de experiencia a colegios y seminarios. A mí me destinaron con otros tres compañeros a Venta de Baños. Fue una experiencia muy positiva e inolvidable. Allí descubrí mi verdadera vocación como educador y como profesor”, afirma. Al año siguiente se incorporó de nuevo al escolasticado para cursar teología, el primer curso todavía en el Instituto “Gaudium et Spes” y los tres siguientes en la Universidad Pontificia de Salamanca. Al comienzo de este último curso, el 22 de septiembre de 1974, hizo la profesión perpetua.

En la comunidad de San Jerónimo residió cuatro años, los tres últimos integrado plenamente en la labor del seminario. En septiembre de 1978 le destinaron al Colegio y Seminario Sagrado Corazón de Venta de Baños, donde estuvo 11 años, el primero con la responsabilidad de prefecto de disciplina, el segundo de ecónomo y a partir del tercero como jefe de estudios o director técnico. “En ambas casas, Alba y Venta, trabajé muy a gusto y me sentí muy realizado como persona, como religioso y como Dehoniano”, afirma.

Los últimos años de Venta de Baños comenzó a manifestarse un problema de oído cuya causa no se descubrió hasta unos años después, cuando el mal ya había hecho mucho daño. Se trataba de un neurinoma del acústico del que fue operado en Madrid. Se recuperó con algunas secuelas, entre otras la pérdida total de un oído y,  posteriormente, parte del otro, además de un zumbido y molestias continuos, secuelas ante las que hizo lo posible para seguir manteniendo una vida normal.

Después de 11 años en Venta de Baños, los superiores le destinaron al colegio Fray Luis de León de Madrid como director técnico y profesor. “Confieso que fui con un cierto miedo, pues me imponían un poco tanto la magnitud del colegio, mucho mayor que aquellos a los que estaba acostumbrado, como de la ciudad en sí. Pero me adapté pronto a ambas situaciones y a una labor en parte distinta de la que había desempeñado hasta entonces, pero consciente de que con ello seguía sirviendo a la Congregación y a la Iglesia”, nos cuenta. Durante aquellos 14 años en el Fray Luis, fue Superior de la comunidad y secretario provincial de estudios.

Así como la realidad de religioso dehoniano la tuvo muy clara casi desde el principio, el paso al sacerdocio no lo fue tanto y el proceso se alargó hasta el año 1992. Aunque residía en el Fray Luis de León, el 19 de marzo, festividad de San José, recibía el presbiterado en Puente la Reina de manos de Mons. Cirarda, arzobispo de Pamplona.

“Sinceramente no lo esperaba cuando el año 2003 el P. Provincial me anunció que había sido nombrado Superior de la comunidad de Novelda. El mayor cambio que esto supuso para mí, además de dejar la actividad directiva colegial, fue entrar en contacto con una nueva realidad que hasta entonces me había sido casi desconocida (excepto los primeros años en Alba), la relación con los bienhechores. Estoy convencido de que esta es una auténtica pastoral y una oportunidad de hacer mucho bien a personas que confían en nosotros y nos apoyan en la labor vocacional”, afirma recordando los seis años que estuvo en Novelda.

Continuó también con la pastoral de bienhechores hasta que en el año 2009, terminado el sexenio como superior, el P. Provincial le destinó a Puente la Reina, asumiendo también hasta los 65 años la dirección del Colegio y Seminario. “Le gradecí este destino, puesto que me permitía estar cerca de mis padres, ya muy mayores”, asegura.

Es en esta comunidad donde sigue, a punto de cumplir los 70 años, ocupa su tiempo trabajos que le piden desde la Provincia y otros de la comunidad, como por ejemplo, el ser enlace con la Delegación de Pastoral de Bienhechores, celebrar las eucaristías dominicales en parroquias de la zona de las que la comunidad es responsable, acompañar a los enfermos de la comunidad que habitualmente necesitan trasladarse a Pamplona, etc.

Al preguntarle por los instantes más significativos de su vida, recuerda con cariño los momentos en los que ha dado un paso adelante en el seguimiento al Señor: la toma de hábito, primera profesión, profesión perpetua, ordenación, etc. Así como la  ayuda recibida en momentos difíciles, palabras de ánimo o de cariño, el ejemplo de muchos hermanos con los que ha convivido, los buenos ratos vividos en comunidad, y otros más tristes, como el fallecimiento de algunos compañeros muy cercanos y queridos. Son muchas las personas a las que recuerda con especial cariño y lleva en su corazón y a todas ellas estará eternamente agradecido.

De estos 50 años de vida religiosa, el P. Francisco destaca que “ha merecido la pena, dando pleno sentido a mi vida”.

Ante el cambio que se está produciendo en la sociedad donde las vocaciones religiosas están disminuyendo, el P. Francisco no quiere ser pesimista. “Las vocaciones no surgen de la nada o por generación espontánea, sino desde una vivencia de fe que empieza en las familias. Y eso ha cambiado radicalmente. Sólo veo un posible camino, que los religiosos seamos ejemplo con nuestra vida y con nuestro compromiso y un atractivo para aquellos que sienten alguna inquietud en este sentido. Desde aquí, y desde la confianza en el Señor, que sabe escribir con renglones torcidos, quisiera, insisto, no ser pesimista”, afirma.

Para finalizar, el P. Francisco nos dedica unas palabras de agradecimiento de lo que han supuesto todos estos años de vida religiosa.

Agradecimiento P. Fco

 

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