P. Izurzu: “Pido a España que sean generosos con la ayuda a Ecuador porque nos siguen necesitando”

El p. Izurzu con el hermano José María y un postulante en "La Mitad del Mundo".
El p. Izurzu con el hermano José María y un postulante en "La Mitad del Mundo".

El p. José Joaquín Uzurzu ha visitado este verano Ecuador, en concreto Quito y Bahía de Caráquez. Durante casi un mes ha sido testigo de la situación que viven estas ciudades, así como la labor que realiza nuestra Congregación con los más necesitados de lugar.

Una de las imágenes más impactantes para él fue la de Bahía de Caráquez, una de las ciudades más afectadas por el terremoto, de la que también le conmovió la solidaridad de su gente. Allí pudo ver cómo la ayuda que llega desde España está sirviendo para auxiliar a muchas familias.

Lo que para el p. Izurzu comenzó como un viaje para ayudar y dar al pueblo ecuatoriano, se convirtió en una experiencia donde él ha recibido mucho más del pueblo cristiano ecuatoriano.

-Ha estado visitando las comunidades de Quito y Bahía de Caraquez, ¿cómo valora todo el trabajo que se está llevando allí?

-Mi estancia en Ecuador se inició el día 11 de julio y terminó el 5 de agosto, y la finalidad era la de apoyar en las tareas pastorales a los hermanos allí destinados, y especialmente a la comunidad de la Parroquia de Santa María de la Argelia, situada al sur de Quito, a una altura sobre el nivel del mar de 3000 metros.

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Vista de Quito

En la capital del país tenemos también otra comunidad donde reside el Superior de Distrito, el P. José Luis Domínguez que, además, es la casa de formación de los nuevos candidatos.

Mi residencia fue fijada en la Parroquia de la Argelia donde se encontraban el superior de la comunidad, P. Artemio López, el párroco, P. Benjamín Ramos, y el administrador, el hermano José María Urbina.

Aunque mi labor se iba a realizar en esta populosa parroquia de Santa María, mis hermanos creyeron conveniente que visitara la tercera comunidad en Bahía de Caráquez, pequeña ciudad situada en la provincia de Manabí, en la costa del Pacífico, que en el mes de abril sufrió un violento terremoto que causó más de 700 víctimas en toda la provincia y graves desperfectos materiales. Un gran número de edificios afectados por el seísmo  habían desaparecido y otros muchos estaban siendo demolidos. Nuestros religiosos en Bahía de Caráquez están encargados por la diócesis de la labor pastoral de toda la ciudad y de numerosos poblados cercanos apoyados por una comunidad de religiosas y numerosos laicos de sus parroquias.  La parroquia y las comunidades religiosas también sufrieron las consecuencias del seísmo. 15 personas fallecieron, muchos perdieron sus casas, varias capillas y locales parroquiales quedaron derruidos.

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Vista de Bahía de Caráquez

Toda la comunidad parroquial trabajó desde el primer momento en apoyo de los damnificados colaborando en entrega de suministros de primera necesidad y en la reubicación de las personas. Son las parroquias, en colaboración con el Obispado de Portoviejo e instituciones civiles y religiosas las que están promoviendo la edificación de viviendas nuevas propiciando que se construyan en lugares seguros, donde la propiedad sea de los propios vecinos y fomentando la creación de barrios donde se trabaje de forma comunitaria. Tanto el obispado como la Congregación de los Dehonianos, y otras instituciones religiosas y civiles, están colaborando en ello. Necesitan ayuda, y nosotros, desde España, también podemos y debemos ofrecérsela.

Nuestros religiosos en Ecuador, con la ayuda de tantos y tantos bienhechores de España están haciendo muchas cosas que deben seguir funcionando y acrecentándose en beneficio del pueblo ecuatoriano. El Proyecto de Apadrinamientos Dehonianos, que ayudan a cientos de niños que reciben unas ayudas vitales para su formación y para el cuidado de la salud. En la mayoría de los casos, son niños de familias monoparentales que sin estas ayudas verían muy condicionado su desarrollo futuro.

Otro proyecto muy importante es el de los comedores. En Bahía de Caraquez los comedores infantiles de Fanca y de la Merced alimentan diariamente a niños de familias necesitadas. Otro proyecto actúa en el mundo de la creación de empleos autónomos con “microcréditos” aportados por la organización dehoniana “Orbayu” que aporta los medios materiales necesarios para que muchas familias puedan ganarse honradamente la vida. Es mucho lo que podemos hacer.

-¿Cómo ha visto Bahía después del terremoto?

Bahía en este momento aparece como una ciudad fantasma. La mitad de los edificios se encuentran derruidos y otros muchos necesitan reformas. Al ser una ciudad que vive en gran medida del turismo, la economía familiar de muchas familias se ha visto afectada. Muchos puestos de trabajo se han perdido y se necesitará una fuerte intervención estatal, de organismos y de particulares para que esta situación se revierta.

-Se está canalizando la ayuda desde España, ¿qué mensaje le enviaría a la gente para que siga ayudando al comprobar en primera persona que aún hace falta mucha ayuda?

-Que sigan colaborando. Todos podemos aportar pequeños-grandes gestos de solidaridad que ayuden a personas necesitadas. En la medida en la que damos, así recibimos. Seamos generosos.

-¿Le ha impresionado alguna imagen o momento vivido? 

-En Bahía de Caráquez me impresionó la gran solidaridad que se produce entre la buena gente de aquellas parroquias: los religiosos y religiosas, catequistas y cristianos comprometidos están dando un testimonio muy hermoso y auténtico de atención a los más necesitados.

Pero de una forma muy especial, me impresionaron los más jóvenes. Los jóvenes de los movimientos parroquiales están movilizados y trabajando sin descanso para ayudar a todos los necesitados, proveyéndoles de cobijo, alimento, agua, productos higiénicos y dando alegría y ánimos a tantos que lo habían perdido todo.

-También estuvo en Quito, ¿en qué consistió su visita?

-Mi estancia en Quito consistió en ayudar a la comunidad religiosa en todas las tareas que llevan adelante. La comunidad parroquial atendida por los dehonianos es muy numerosa. Se calcula que la parroquia tiene unos 40.000 habitantes situados en la ladera oriental del sur del valle que ocupa la ciudad de Quito. La parroquia tiene un templo central, Santa María de la Argelia, y nueve “capillas” que se extienden por todo el territorio. Junto a la iglesia se hallan los locales parroquiales, la casa de la comunidad y el Centro de Ancianos al que acuden diariamente unos treinta ancianos que son atendidos desde las 8 hasta las 13 horas.

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Grupo de catequistas preparando el campamento de verano.

Los grupos parroquiales aportan una gran riqueza a la vida de la comunidad, superan la veintena. Unos giran en torno a los distintos templos y tienen actividades de formación religiosa, cultural, recreativa y caritativa, como los talleres de oración, la Renovación Carismática, la Legión de María, el ropero “María madre buena” o el Comedor social. Otros tienen una finalidad más social, como la Comunidades de Microcréditos “Orbayu” o las Comunidades de Apadrinamiento de niños.

Una tarea muy importante es la del cuidado de los enfermos y ancianos, que son atendidos espiritualmente en sus hogares por un grupo cualificado de señoras dirigidas por el P. Artemio. No podemos olvidar a aquellos que atienden a los más marginados como son los Callejeros de la Fe, que acompañan a todos aquellos situados en los márgenes de nuestras grandes ciudades.

Mi estancia en Ecuador ha sido para mí muy positiva porque he podido encontrarme con muchos cristianos comprometidos con su fe y muy próximos a la Iglesia. Pensaba que iba a ayudar, a darme… pero he sido yo el que he recibido mil veces más del pueblo cristiano ecuatoriano. Los llevo en mi corazón.

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Grupo de feligreses de la parroquia pertenecientes al grupo Juan XXIII.
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Jóvenes de la parroquia repartiendo alimentos.

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