Parroquia Ntra. Sra. de los Dolores, de Salamanca. P. Antonio Rufete

Los primeros documentos que reseñan la existencia de la parroquia de Ntra. Sra. de los Dolores de Salamanca datan de 1973, aunque el origen de esta misión pastoral en el barrio de san José está vinculado a la primera Comunidad de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús, que fue fundada hace más de cincuenta años.
La puerta de acceso siempre está abierta y el verdor del jardín que rodea la vivienda es como una parábola que enseña lo que se vive en esa comunidad: la ilusión siempre fresca y renovada ante el nuevo curso pastoral que está ya a las puertas y, como su ciprés, con la mirada enhiesta al cielo.
El horario de atención al público informa de la celebración diaria de la Eucaristía, por la mañana y por la tarde, y de las horas de despacho parroquial. ¡Están siempre!, viven allí, y son una comunidad religiosa dehoniana compuesta por tres religiosos sacerdotes: Tomás Fernández, Florencio Alejandre y José Mª Baños, que manifiestan en cuanto se les pregunta la satisfacción por el trabajo que realizan; se confiesan a gusto, felices y realizados. Toda una carta de presentación para quien se acerca a esta casa de todos que es la parroquia.

 

Y es que una de las claves de una comunidad dehoniana es la acogida y la apertura a cualquier necesidad que se descubre en el barrio: la vista diaria a los enfermos, que son muchos, la catequesis, el trato con las familias…
El P. Tomás fue ordenado en el año 60 y desde le comienzo de su ministerio ha estado especialmente vinculado la pastoral parroquial, realiza las funciones de superior delegado de esa comunidad y es el párroco. Cada verano participa en unas jornadas de intercambio de experiencias pastorales y –dice- viene con las pilas cargadas.
El P. José Mª Baños es el responsable de la economía y es uno de los vicarios encargado de la visita a los enfermos. Pasear con él por el barrio es descubrir que está perfectamente integrado, se dirige a los feligreses por su nombre.
Y el P. Florencio Alejandre también es vicario de Ntra. Sra. de los Dolores y pertenece a una comunidad neocatecumenal, de la que saca fuerzas para entender su misión parroquial aquí en Salamanca.

Los PP. Reparadores-Dehonianos han sido siempre una referencia para la parroquia y para los barrios que la forman: el de La Vega, el más antiguo; el de San José y el de El Tormes. La casa es de los edificios más antiguos del Trastormes y ha sido el lugar donde se celebraba la eucaristía, donde tenían lugar la catequesis y las reuniones de los diferentes grupos y hasta la construcción del templo. A esta casa han acudido siempre que han necesitado una sala para reunirse, o un lugar para ver cine, cuando han necesitado un campo de fútbol para jugar… y también cuando han buscado acompañamiento u orientación. Desde siempre ha sido una comunidad abierta e identificada con el entorno, fiel a las primeras inquietudes pastorales del P. Dehon en san Quintín: id al pueblo.
Al preguntarles por la particularidad del apellido dehoniano en la parroquia, la respuesta es clara, no es que se haya proyectado una parroquia dehoniana, lo que la identifica y distingue es la comunidad que la habita, el espíritu comunitario de apertura, de solidaridad, de cercanía y atención a los más solos y alejados. Tú eres dehoniano y la parroquia en la que vives tiene esa impronta, dice el P. Baños.
Hay momentos festivos propios de la Congregación que comparten con los feligreses: la memoria del Beato Juan Mª de la Cruz, el mes de junio dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, la Adoración eucarística, que es un encargo especial del Fundador.
Pese a que la mayoría de los feligreses de estos barrios son mayores, el P. Tomás destaca ilusionado el florecimiento de un grupo cada vez más numeroso de gente que está comenzando a trabajar en las actividades que hay en la parroquia; aunque la parroquia, dice, quizá se caracterice por ser tradicional en la celebración de la liturgia, que responde a la sensibilidad de quien acude asiduamente.
Un día cualquiera en la parroquia de Ntra. Sra. de los Dolores comienza con la reunión en la pequeña capilla de la vivienda de la Comunidad, se trata de una habitación sencilla, en la que no hay lugar a dudas: el centro de atención es Jesucristo; así comienzan el día, con la mirada puesta en el Señor. Después del desayuno repasan la agenda del día: la celebración de la eucaristía con la gente del barrio, la visita a los enfermos, la atención del despacho parroquial, y la apertura a cualquier sorpresa que pueda venir.
Son conscientes, pese a sus limitaciones personales, de que dan mucho servicio y entrega, mucho tiempo, apertura, diálogo en todo lo que tienen: la visita a enfermos, la catequesis de comunión y de confirmación, los grupos de formación , Caritas, las cofradías, etc.
Y también se muestran agradecidos por todo lo que reciben: la entrega y el servicio de la gente, la manera de entenderlos y comprenderlos -a cada cual con sus particularidades- el apoyo y hasta la corrección.
El reto que se les presenta en este nuevo curso pastoral que está a punto de comenzar es el de mantener el contacto iniciado con las familias con motivo de la inscripción en las diferentes actividades y, el que consideran más urgente, acercase a la juventud. Para este próximo año ya han organizado la catequesis de Confirmación de un grupo de once jóvenes adolescentes del barrio, toda una esperanza.
No dejan de preguntarse sobre el modo de renovar las fuerzas y la ilusión un año más y el secreto es dar solidez a aquello que haces, aunque pueda dar la sensación de que haces poco. Ir regenerando en lo posible lo que tienes, a pesar de que las personas son mayores y les cuesta. Regenerarnos nosotros para poder regenerar el resto de actividades.
Estas son sus reflexiones:
• Mientras creas en lo que haces y te mantengas vivo, intentarás transmitir lo que vives de la mejor manera posible.
• Acoger a la gente que venga, queriendo a la gente que tratas, sea porque viene a misa, sea porque está enferma, porque quiere conocer más a Jesucristo, o porque busca un grupo de amigos, porque están solos y nunca les niegas una palabra, o porque llama a cualquier hora y acudes…
• La actitud de apertura que supone escuchar, y tragar saliva si hace falta… porque también es necesario escuchar…
• Una de la formas de cargar las pilas es asumir la misión particular que se te ha encomendado en la parroquia de la mejor forma posible, sabiendo que estás sirviendo a la Iglesia.
La parroquia de Ntra. Sra. de los Dolores es un lugar privilegiado de evangelización en el que hay hueco para todos aquellos que deseen ser testigos del Evangelio; ellos dejan la puerta abierta a todos aquellos que deseen entregar parte de su tiempo: ¡Con tu entrega puedes hacer mucho!
Las tardes del mes de septiembre han sido especialmente intensas por las inscripciones en todas las actividades que de desarrollan en la parroquia Y es que, después del merecido descanso, brota renovada la ilusión con la mirada enhiesta al cielo. 


 

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