¿Quién dices que soy yo?

JERUSALEN NAZARET 168 - Homilía 24 agosto - 2017

Nos centramos en el evangelio de Mateo 16, 13-20. En el proceso del camino de fe que hacen los discípulos de Jesús este momento es crucial. Nos encontramos ante una pregunta que no da lugar a la indiferencia y que provoca una decisión que puede ser a favor de Jesús, lo cual hace que el discípulo dé un salto cualitativo en su fe y pueda seguir adelante; o bien la decisión puede ser contraria o neutra, lo que conlleva estancarse o un abandono.

La pregunta de Jesús aparece primero como una especie de sondeo de opiniones que giran en torno a él. Y los discípulos responden dando una visión variopinta de las representaciones que la gente se hacía de Jesús. No hay ninguna respuesta escéptica o negativa sobre Jesús. Parece que su presencia, su forma de vida y su palabra cuestionaban a los que le conocían y hacían una determinada opción por él.

Pero a Jesús le interesa mucho más la respuesta personal de cada uno de los suyos, y por eso les lanza la pregunta directa: ¿Y VOSOTROS, QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?

Es Pedro quien toma la delantera y responde “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. La respuesta casi sorprende a Jesús, de tal manera que le felicita y le ayuda a profundizar que tal respuesta viene desde el hondo del corazón donde trabaja el “Padre del cielo”. La experiencia de fe es siempre cosa de dos y por eso, es necesario que el Padre la trabaje y que el discípulo se deje trabajar; es necesario un diálogo interpersonal desde la apertura y la confianza.

Pedro responde avanzando en el progreso del conocimiento de Jesús. Le dice que es el Mesías, o el enviado de Dios; pero además le dice o afirma que es “el” Hijo de Dios, Vivo. Está individuando a Jesús como alguien único en su relación al Padre, afirmando que este Padre está vivo o es la vida. Es un Dios que es fuente de la Vida y de la Salvación. Es una definición sobre Jesús que se va acercando a la realidad última de Jesús. Solo en la resurrección de Jesús llegará a plenitud la fe de los discípulos.

Además Jesús manifiesta su intención de ir más allá de su persona o de su realidad individual e histórica. Avanza su intención de fundar una comunidad de creyentes a la que llama “iglesia”, es decir, comunidad de convocados. Al frente de esa comunidad pondrá a Pedro, como roca que pueda confirmar la fe de sus hermanos.

Hoy, me parece que es bueno que dejemos resonar la pregunta de Jesús como dirigida a ti y a mí. ¿Quién es Jesús para mí? Es una pregunta ineludible y exige una respuesta personal e intransferible. Pueden ser respuestas de otros, pero necesariamente deben ser hechas respuesta nuestra. La respuesta de Pedro puede indicar el camino apropiado para la respuesta de un creyente – discípulo de Jesús–. No es suficiente decir que Jesús es un gran hombre, un líder, un humanista, un maestro o el mayor nacido entre los hombres. Ninguna de esas cosas es suficiente para que Jesús sea el fundamento de nuestra vida. Solo puede ser valedor de nuestra fe, esperanza y caridad si le reconocemos como Hijo de Dios y Señor nuestro. Creer en Él significará “dar la vida por Él y por su causa”. Significa que todas las cosas se iluminan a partir de esa experiencia de reconocerle a Él como camino, verdad y vida. Y seguirle a Él, no va a ser camino de rosas, sino que nos tocará hacer como Isaías o como nos dice el mismo Marcos. Será coger la cruz y seguirle.

Además, nosotros somos conscientes de que estamos incorporados a la comunidad de creyentes que es la Iglesia. Y también aquí, podríamos preguntarnos: ¿qué es para mí la iglesia? Si hacemos sondeo de opinión sobre qué piensa la gente de la iglesia… encontraremos realmente “de todo” y mucho de ello nada bueno. Pero al dirigir la pregunta a cada uno de nosotros, me interesa resaltar o ver si “yo” me siento dentro de la iglesia y si siento con la iglesia. Lo que sucede a la iglesia no es algo que me resulte ajeno a mí, sino que yo estoy ahí injertado y haciendo lo posible para que la comunidad iglesia sea realmente comunidad de creyentes que viven unidos en la fe de Jesús como la roca de sus vidas. Él es realmente la piedra angular que ensambla todo el edificio. Caminamos todos, juntos con él en la tarea de hacer esta historia nuestra un reflejo de la Vida futura.

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