¿Quién es Jesús para ti?

EL PARDO JARDINES (16)

DOMINGO XII –C

En el proceso catequético del Evangelio de Lucas, el texto de hoy marca un paso más para el que quiera seguir a Jesús. Supone por una parte clarificar la identidad de Jesús y su mesianismo, y por otra la calidad del seguimiento.

Ciertamente que la lectura de Zacarías 12, 10-11 tiene una frase feliz que hablando del futuro Mesías dice de él: “Me mirarán a mí, al que traspasaron”. Esta frase, la recogerá el evangelio de Juan, cuando hablando de la muerte de Jesús dirá: “Mirarán al que traspasaron”. Zacarías intuye un mesías no “rey”, sino siervo sufriente. Algo que pasará desapercibido porque admitir un mesías tan desposeído de poder no era fácil ni entonces ni ahora.

Gálatas 3, 26-29 es para enmarcarla. Todos sois hijos de Dios. Sois uno en Cristo Jesús. Ya no hay esclavos o libres. Sois herederos de la promesa. Una hermosa síntesis de la Buena Noticia que es Cristo y que nos llega desde Cristo por el Bautismo. Algo de agradecer, admirar y sobre todo vivir. Y es de eso  de lo que trata el Evangelio. ¿Cómo ser seguidor de Jesús?

Lucas 9, 18-24 es, como he dicho, un texto crucial. Cruce de caminos, opciones y cruz.

En primer lugar, Lucas nos presenta un Jesús nada celestial. Quiero decir que era hombre normal como tú y como yo. Cada día, para él, tenía su afán. Debía hacer camino descubriendo la voluntad de Dios para el aquí y ahora. Su identidad personal, su vocación, debe aflorar cada día desde su interioridad iluminada por la Palabra de Dios y su experiencia vital. Jesús no lo tiene todo claro y distinto; su itinerario no está marcado “desde siempre” y por lo tanto previamente determinado y ya sabido o conocido por él. Jesús tiene que hacer camino al andar. Como tú y como yo.

Es por eso que no puede pasar desapercibido que Jesús “ora” o “reza” frecuentemente; solo o con los suyos; en el templo, en la sinagoga o en la montaña, o en casa, o en cualquier lugar. Jesús es “el orante”.  No podría ser él si no rezara. Y en los momentos cruciales de su vida reza más intensamente. Y hoy, en el Evangelio, es uno de esos momentos. Podríamos decir que “no ve claro” o que el futuro se le difumina en el horizonte y necesita aclararse para tomar decisiones. Y para ello, lo primero que acude es al Padre, es a la oración, es al encuentro con Dios. ¿Qué quieres de mí?

En segundo lugar, y en la misma dirección, Jesús para discernir sobre su vocación y futuro acude también o además a la comunidad, en este caso sus discípulos. Las preguntas que lanza no son retóricas, sino que son vitales.  ¿Qué dice la gente? ¿Qué decís vosotros? Y ante la respuesta de Pedro, que le dice: “El Mesías de Dios”, Jesús descubre la acción del Espíritu que le abre camino a él y le aclara ciertas cosas. Él es el Mesías de Dios, pero el Mesías Siervo; el Mesías que sufrirá, será condenado a muerte pero resucitará al tercer día.

En tercer lugar, Jesús toma una decisión. Arranca y se pone en camino hacia Jerusalén donde “matan a los profetas”, y se atreve a llamar a los suyos a que le sigan. En un acto de libertad personal, el que quiera que le siga. Pero seguirle es: Negarse a sí mismo. Tomar la Cruz. Ponerse en camino detrás de Él. Tres cosas, que podríamos desarrollar cada una, pero esta vez las dejo a su albedrío.

Porque previo a ello es necesario plantearse y responder a la pregunta ¿Quién es Jesús para mi? Es la pregunta que tengo que hacerme y que no puedo postergar. Es algo vital. Puede haber muchos motivos por los que digo seguir a Jesús. Pero no todos son igualmente válidos. Diría que solo uno es válido.

Voy a trascribir las palabras de un filósofo ateo, Javier Gomá, en su libro “Necesario pero Imposible” dice sobre Jesús: “No hace falta ser seguidor del profeta de Galilea para reconocer que su elevado ideal ético y la realización de éste en su vida le hacen merecedor, desde una perspectiva comparada, al título del mejor de los hombres, el más noble representante de la humanidad sobre la tierra, el más perfecto ejemplar de nuestra especie. Es el hombre bueno por antonomasia sin precedentes y antecedentes en esa desusada proporción, modelo máximo de toda bondad posible en el mundo”.  El mejor de los hombres. Quizás no se pueda decir más, de “tejas abajo”. Bastaría algo así para que hubiera gente que hiciera opción por seguir a Jesús, hacerle maestro en su vida y tratar de seguir sus enseñanzas y comportamientos. Pero esto no es suficiente para ser “cristiano”. Jesús trasciende esta fachada o realidad histórica. Jesús es el Mesías, el enviado de Dios, pero es además de todo eso, el Hijo del Padre. Jesús es el Verbo Encarnado. Es Dios con nosotros; un Dios pronunciado en un hombre concreto de la Palestina del Siglo I.

Y decir eso conlleva el seguimiento de Jesús. Haciendo que Él sea el “quicio” de mi vida.

¿Quién ES JESÚS PARA MÍ?   Trata de responder. No tengas miedo y decídete por ÉL.

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